Cuando una mujer tiene problemas en la cama, normalmente se ve como si fuera cosa tuya, algo que tienes que arreglar por tu cuenta.
Pero no suele ser así: la sexualidad no se da en el vacío; en la gran mayoría de las consultas de psicología, tu problema se alimenta, se sostiene y mejora o empeora, en pareja.
Tus problemas sexuales forman parte de una dinámica de pareja, y no es culpabilizar al otro ni quitar hierro a lo que te pasa. Es entender que el deseo, la excitación y el orgasmo se dan en un delicado equilibrio entre lo biológico, lo psicológico y lo relacional. Si uno falla, adiós.
Si las consultas médicas no han encontrado nada físico que curar, tienes un bloqueo; y la clave está en ver cómo funciona el problema en tu día a día, para cambiar la forma en la que te relacionas con tu cuerpo y volver a hacer del sexo algo placentero, no una tortura.
El diagnóstico aislado suele ser un problema, porque añade la sensación de que tu cuerpo no funciona a la responsabilidad y frustración que ya cargabas. Tratarlo como un defecto sólo tuyo, es no ver la dinámica en la que se da, y tiende a enquistarlo.
En una relación, la cama hace que las tensiones diarias, la rutina, los problemas…fluyan. Por eso, el trabajo de fondo suele encajar de forma mucho más sólida dentro de una terapia de pareja en Bilbao, que no busca culpables sino soluciones.

En un encuentro sexual no hay comportamientos aislados, sino una retroalimentación continua:
Si tú sientes menos excitación, menos ganas o molestias físicas, tu pareja hará algo: preocuparse, insistir, apartarse, enfadarse... Como es lógico, tú sentirás esa presión que disparará tus niveles de alerta y sentirás de todo menos ganas de sexo.
Aunque el síntoma empiece en ti, rápidamente pasa a los dos. Por eso, decir que el problema es tuyo, es como decir que cuando un coche patina sobre el hielo la culpa es sólo de la rueda, dejando de lado cómo está la carretera, cómo conduces...
Cuando se plantea en pareja, la tensión se reparte y el problema es más solucionable.
Dos de las cosas que más ayudan a mantener el problema son la exigencia y la evitación. Empieza sutilmente: tras algunos encuentros que no han ido bien, empiezas a anticipar el momento de ir a la cama con preocupación.
Un simple beso en la cocina o una caricia en el sofá, dejan de ser cariños y encienden todas tus alarmas ante una petición sexual formal.
Lógicamente, pones barreras: te vuelves esquiva, buscas tareas pendientes para ir más tarde a dormir, evitas el contacto físico cariñoso o finges cansancio... Y tu pareja, al ver esta distancia, se siente rechazado o inseguro, lo que le lleva a demandar más atención, a preguntar qué ocurre o a mostrarse resentido…
Cuanto más demanda él, más te escondes tú; cuanto más te escondes tú, más inseguro y exigente se vuelve él. El sexo ya no es placer; es una aduana donde tienes que rendir cuentas.
Desde el punto de vista médico y psiquiátrico tradicional, los manuales describen los problemas sexuales femeninos con sus síntomas más importantes.
Sin embargo, a nivel práctico no son útiles, porque no dicen nada sobre cómo funcionan o cómo se solucionan. Por ejemplo, un mismo diagnóstico, vaginismo, aunque comparta cosas, no es igual en todas las personas, y puede necesitar soluciones distintas.
Por eso nosotros usamos un diagnóstico operativo: cómo funciona tu problema, qué haces para intentar solucionarlo, qué hace tu pareja… Buscamos la dinámica que explica tu problema, no la descripción del manual general.
Los bloqueos sexuales de la mujer son de tres tipos:
01
El deseo sexual hipoactivo es uno de los problemas más comunes y pero más incomprendidos. Tu deseo no funciona igual que el de tu pareja, que aparece de la nada como si fuera un Ferrari.
En las mujeres, especialmente en relaciones largas, el deseo no es automático sino responsivo: no surge de repente mientras cocinas, se enciende poco a poco en un contexto adecuado sin prisas ni presiones.
Cuando hay discusiones por la frecuencia (él tiene apetito constante pero tú no) tu deseo tiende a desaparecer. Entráis en una dinámica de policía y ladrón que es de todo menos excitante, y puedes llegar incluso a aborrecer la intimidad.
02
La dispareunia es cuando tienes dolor o molestias en las relaciones sexuales, especialmente con la penetración. Puede que te duela en la entrada de la vagina o en zonas más profundas, y que lo sientas antes, durante o después de la relación sexual.
A veces hay una causa física, como problemas en el suelo pélvico, cambios hormonales, falta de lubricación o enfermedades, y el tratamiento irá enfocado a solucionar esa causa física.
Otras veces no hay una causa física que explique tu dolor, que es también una buena noticia, pero requiere otra solución: no se puede intervenir para curar cuando las pruebas no han encontrado nada que curar.
Estaríamos ante una falsa alarma: tu cuerpo se defiende con dolor cuando no hay nada de lo que defenderse, y el objetivo sería reequilibrar esa respuesta dolorosa.
03
Para excitarte necesitas que tu sistema nervioso parasimpático, la parte encargada de la calma y la relajación se encienda, algo que sólo pasa si estás relajada y entregada a las sensaciones del momento.
Cuando hay tensión, poca comunicación o problemas de ansiedad, se activa el simpático, la parte de tu sistema nerviosa encargada de las respuestas de activación, y no hay excitación posible.
El resultado es que puedes estar deseando pasar un buen rato con tu pareja, pero tu cuerpo no responde. Y si seguís adelante sin hacer caso a las señales de tu cuerpo, eso se vuelve mecánico, incómodo y emocionalmente desolador, y te deja una sensación de vacío que te quitará las ganas de volver a probar.
Cada uno tiene sus dinámicas, pero comparten algo: pierdes la naturalidad y el sexo ya no fluye.

La anorgasmia femenina es la incapacidad o dificultad de llegar al orgasmo tras una excitación normal. Ten en cuenta que cuando decimos llegar al orgasmo, ya implica cierto esfuerzo, como ir a buscar algo, y es bueno recordar que el orgasmo nunca se consigue, es una consecuencia involuntaria de disfrutar.
Por tanto, ir a buscarlo y esforzarse por alcanzarlo es alejarlo cada vez más. El orgásmo varía mucho no solo entre distintas mujeres, sino en una misma mujer a lo largo de su vida: según su estado de ánimo, hormonas o la conexión con su pareja…
Así que es importante conocer bien si nunca lo ha tenido, si le pasa en periodos concretos, con quién sí o con quién no… para que la terapia sea eficaz.
La anorgasmia primaria es cuando no has tenido un orgasmo de ninguna forma, ni sola ni acompañada. Puede haber una desconexión con tu propio cuerpo o una educación familiar o cultural rígida con respecto al sexo, que se vive como un tema tabú.
No sabes qué sensaciones anticipan el orgasmo ni confías en su capacidad para dejarte llevar por la situación. La anorgasmia secundaria o adquirida se da en mujeres que tenían orgasmos y que, en un momento dado, dejan de tenerlos.
Esto puede tener que ver con un cambio en tu cuerpo (un parto difícil, una operación, una enfermedad, un tratamiento…), o una situación complicada de la vida (una muerte cercana, un engaño de la pareja, un distanciamiento…).
La anorgasmia generalizada es cuando no llegas nunca al orgasmo: ni sola, ni acompañada, ni con juguetes... Hay que ver tu caso como algo único para hacer una terapia a medida, pero normalmente el tema tiene que ver con hacerte amiga de tu cuerpo antes de meter a un tercero.
La circunstancial es la que más se ve: cuando llegas al orgasmo tú sola con facilidad, pero no aparece en pareja, o sólo lo consigues en una postura muy concreta o con estimulación del clítoris. Algo que puede hacer que tu compañero se lo tome como algo personal: no le atraigo, no soy un buen amante…
Y es que en el sexo compartido entran en juego otras variables que no están cuando estás tú sola. Puede tener miedo a ser juzgada o mostrar tu disfrute, puede que te distraigas, puede que estés pendiente de tus sensaciones… Por eso, lo más importante es adaptar la terapia a ti.
Primero siempre hay que descartar algún problema físico que esté causando el problema. Los más comunes son:
01
Intervenciones quirúrgicas mayores en la zona pélvica (histerectomía, cirugías oncológicas, resecciones intestinales, radioterapia…) que pueden afectar la sensibilidad del clítoris y la vagina.
02
Esclerosis múltiple, Parkinson, desajustes hormonales, problemas de tiroides… que afectan a la excitación, lubricación o el orgasmo.
03
En el parto puede haber desgarros o episiotomías (corte que se hace en el perineo para que el bebé salga mejor) que pueden dejar cicatrices o molestias que, si no se tratan bien, pueden acabar en problemas para tener relaciones sexuales.
Y si todo está bien en tu cuerpo, el problema tiene que ver con la relación que tienes con él, ya no hablamos de enfermedad sino de bloqueo.
La salud mental también influye en la cama. Por ejemplo, si estás pasando por un periodo depresivo, cualquier placer, no solo el sexual, tendrá poco interés para ti.
Los trastornos alimentarios también afectan. Por ejemplo, en la anorexia estás metida en un control absoluto, que no deja ni medio centímetro para el placer, ni de comer ni sexual ni de nada;
en el vomiting, por raro que parezca, vomitar acaba sustituyendo al sexo porque se convierte en un gran placer;
en la bulimia, estás tan enfrascada en la lucha por controlar la comida, que el sexo también pasa a un segundo o tercer plano.
Los psicofármacos también afectan. Por ejemplo, los antidepresivos, te aplanan bajando el deseo y complicando el orgasmo. En estos casos se puede hablar con tu médico de cabecera o con tu psiquiatra para ajustar la dosis o cambiar de marca.

Cuando decimos que el problema es psicológico, las más de las veces nos referimos a que estás tratando de conseguir por la fuerza algo que es espontáneo.
Te has convertido en una marioneta con los ojos girados hacía adentro, buscando esa respuesta que no está bajo tu control, y cuanto más la buscas menos viene, y cuanto menos viene más la buscas…
La excitación, el orgasmo… son consecuencia de estar disfrutando el encuentro, no de gestionarlo: «¿Me estaré excitando lo suficiente?», «¿Cuánto tardaré en lubricar?», «¿Pensará mi pareja que tardo demasiado?», «¿Siento lo que debería sentir en este instante?».
Cuando te conviertes en gestora para dejar de ser disfrutadora, bloqueas la respuesta natural porque se convierte en una tarea mecánica, como si estuvieras haciendo la lista de la compra.

Para entender por qué una mujer sin patología física orgánica no alcanza el clímax, la psicología estratégica propone dejar el modelo lineal (causa-efecto) y aplicar un diagnóstico circular.
Se analiza cómo el problema se autoalimenta a través de la compleja red de retroacciones perceptivo-reactivas que el sujeto mantiene consigo mismo, con los demás y con el entorno.
Lo que se conoce como la paradoja de la sensación: cuanto más buscas la sensación, más la bloqueas. El orgasmo no es algo que dependa de ti; es la consecuencia de disfrutar. No es exactamente un problema, es la consecuencia lógica: toda mujer que haga lo que tú haces, tendrá el mismo resultado: bloqueo.
Porque la relación que tienes con tu cuerpo es paradójica: más vas a buscar una cosa, más obtienes lo contrario:
Es como si para saber si una peli te gusta, estuvieras pendiente del final sin hacer caso a la trama.
Tu pareja, quiera o no, está en el ajo, porque forma parte del asunto; y dependiendo de cómo lo maneje, puede bloquearte más o ayudarte.
Puede hacer muchas cosas; por eso es importante contar con él.

El objetivo es desbloquear tu problema en el menor número de sesiones posible. No vamos al pasado para solucionar el problema. Primero porque eres un ser muy complejo, y lo que te pasa ahora nunca es fruto de una única experiencia que tuviste. Segundo porque entender no es lo mismo que superar. Tercero porque el pasado, para bien o para mal, no se puede cambiar. Y cuarto, porque lo que sí podemos hacer es cambiar los efectos del pasado en el presente. La única razón para ir al pasado sería tratar de dejar el pasado en el pasado, nunca una forma de superar un problema actual. Eso te aseguro que no funciona.
En la consulta de psicología, el tratamiento de los problemas sexuales femeninos y de pareja, sigue protocolos que se adaptan a ti y a tu problema, basados en tareas para reconducirlos. Esto es, dependiendo de tu problema y la dinámica, vas a tener que hacer cosas diferentes para volver a disfrutar del sexo.
Cuando la falta de deseo, el dolor o la ausencia de orgasmo han dejado de ser algo puntual. Si ves que la cosa se alarga y que te afecta a ti y a tu vida en pareja, suele ser buena idea darle una vuelta antes de que se enquiste.
Se puede. Si no hay ningún problema biológico la potencialidad la tienes. El tema es ver cómo te estás relacionando con esa biología sana, para ayudarte a que disfrutes de ella.
Todo el sentido, porque aunque no sea propiamente un problema suyo, puede ser de gran ayuda para solucionarlo.
La dispareunia refiere a dolor antes, durante o después del coito, que puede ser secundaria a otros problemas (infecciones, cicatrices de episiotomías, endometriosis), debida a algo funcional (falta de excitación, de lubricación…), o también puede que no haya nada que lo justifique.
El vaginismo es un espasmo (una contracción automática e involuntaria de los músculos de alrededor de la vagina) que aparece al intentar penetrar, haciendo que sea imposible o muy difícil, que también suele doler.
Si tu sexualidad ha dejado de ser placentera y se ha convertido en algo problemático, tienes que hacer algo. En consulta trabajamos con pautas directas para que vuelva a ser placentero y natural. Escríbeme y vemos juntos vuestro caso.
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