Una cosa es un dolor de cabeza puntual, algo que prácticamente todo el mundo siente a lo largo de su vida, y otra su cronificación, que está determinada por la respuesta de la persona al dolor: Dinámica y retroalimentación.
Que la migraña no sea una enfermedad no quiere decir que no sea un grave problema o que tu dolor sea inventado. Quiere decir que ese sufrimiento no se debe a una enfermedad propiamente.
Según la OMS (Organización Mundial de la Salud), la enfermedad es una alteración o desviación del estado fisiológico en una o varias partes del cuerpo, por causas en general conocidas, manifestada por síntomas y signos característicos, y cuya evolución es más o menos previsible. Esta definición no se puede aplicar a la migraña.
Sin embargo, por un lado crees que ese sufrimiento tan horrendo, pese a no tener ninguna prueba, no puede deberse a nada que no sea una enfermedad, y te sientes insultado cuando te dicen que no lo es. Por otro lado, al considerarlo como enfermedad, te sientes respetado como paciente, además de mantener viva la esperanza en el descubrimiento de la causa de la migraña. No obstante, tratar la migraña como una enfermedad, es lo que hace que no la superes.
El cerebro dista mucho de ser lo que nos han vendido: un órgano ejecutivo e independiente que maneja el organismo a su antojo. Se parece mucho más a un órgano mediador, aquel que nos permite entrar en contacto con el ambiente, y separado del cual, difícilmente se puede entender: si lees un libro, tu cerebro cambia; si aprendes a bailar, tu cerebro cambia; si vas al monte, tu cerebro cambia…

El sistema nervioso permite sentir, entre otras cosas, dolor, pero no lo puede generar por sí mismo. De la misma forma que un coche permite desplazarse sólo si alguien lo conduce, el cerebro permite sentir dolor si hay un ambiente y un comportamiento. Pensar que el cerebro genera dolor por sí mismo, es tan extravagante como pensar que una guitarra suena sola, sin que nadie la toque.
La unidad de análisis no es la neurona ni la proteína o la enzima, tampoco el gen. Es la relación entre la persona y el ambiente. El origen de la migraña ya ha sido descubierto, y está en estos dos conceptos: dinámica y retroalimentación.
Es la dinámica que establece la persona con su propia cabeza lo que retroalimenta el dolor, no una proteína o un gen. Para superar la migraña tienes que salir del cerebro y de conceptos como error evaluativo, neuronas, genes, proteínas, enzimas o triptanes.
Tratar la migraña desde la neurología es como tratar de resolver un asesinato examinando la pistola usada, hipotetizando que algo debe de estar mal en ella para haberse disparado, y dejando de lado la escena del crimen, personas involucradas, posibles motivos, coartadas… La migraña no se puede entender únicamente desde la neurología, desde la neurociencia, desde el cerebro, un órgano en continua interacción con el ambiente, y del cual dependen la mayoría de sus respuestas.
Esto no es algo original ni exclusivo de la migraña, hay más trastornos que se deben a dinámicas comportamentales que retroalimentan respuestas del organismo. Esto es, el problema no está en el organismo propiamente sino en la reacción de la persona ante las respuestas del organismo.
Por ejemplo:
El problema no son las sensaciones (taquicardia, mareo, sensación de ahogo…) sino cómo reacciona la persona ante ellas: se asusta de sensaciones que no deberían de estar, provocando que el organismo reaccione aún más. Esto hace que la persona se asuste aún más, haciendo que el organismo reaccione aún más… El ataque de pánico responde a una escalada entre la persona y sus propias sensaciones. El organismo por sí mismo, sin la colaboración de la persona, no puede llegar al pánico.
Una fobia no se mantiene debido a un cerebro independiente y tozudo que se empeña en percibir un peligro inexistente. Primeramente, el cerebro no puede percibir, permite percibir, algo muy distinto. Y segundo, lo que mantiene la activación cerebral es aquello que hace la persona: evitar lo que teme. Es la evitación la que retroalimenta el miedo, no un neurotransmisor, una proteína o un gen.
Los tratamientos que se llevan a cabo para la migraña y la conceptualización que de ella se hace en los manuales, ilustran lo lejos que está la medicina de entender la migraña. Según la OMS, para considerar un problema o trastorno como enfermedad, ha de existir una alteración o desviación fisiológica en el organismo, algo que nadie ha sido capaz de encontrar en la migraña. Por otra parte, los propios criterios diagnósticos de la migraña establecen que no ha de haber ninguna causa estructural o metabólica que justifique el dolor. Paradójicamente, el modelo biomédico que establece estos criterios no puede actuar si no hay algo que curar o reequilibrar en el organismo, así que, en contra de sus propios criterios, trata la migraña como si realmente tuviera una causa orgánica, aunque nadie la haya encontrado.
Para el paciente, situar la migraña fuera de las enfermedades, fuera del modelo mesiánico del que provienen los remedios a los problemas de salud, supone quedarse desamparado y perder toda esperanza de superarla. Sin embargo, conceptualizar la migraña como enfermedad es alejarse de la solución.
Si no se ha encontrado la causa orgánica de la migraña, no es porque no se haya buscado bien, es porque el dolor es una emoción que no puede reducirse a biología. El dolor pertenece a un tipo lógico superior que surge de las dinámicas que se establecen entre la persona y la realidad, no de un tejido dañado, un grupo de neuronas, una enzima o una proteína. Es como si para investigar el fenómeno de las mareas nos centráramos en analizar las moléculas del agua del mar, dejando de lado la relación entre la Tierra y la Luna. La medicina investiga la migraña reduciéndola a entidades cada vez más simples cuando, el comportamiento de estos elementos, solo se puede comprender por sus relaciones con el conjunto.
La migraña se parece infinitamente más a un trastorno fóbico, a un organismo que está respondiendo de una forma inapropiada a la realidad, que a una enfermedad neurológica. El problema no está en la persona, está en la dinámica establecida con la realidad.

Queso curado, niebla, viento del sur, una situación estresante, olor a barniz, ahumados, alcohol… Todos los desencadenantes de la migraña (que no provocadores) están en la realidad exterior. La cabeza de un migrañoso funciona perfectamente, lo que hay que cambiar es la forma de responder que se ha establecido entre la persona y aquello que desencadena la migraña.
Los estímulos, fenómenos o alimentos que desencadenan una respuesta de migraña comparten algo, y no es histamina, es amenazabilidad: por su naturaleza tienen mayor probabilidad de ser percibidos como amenazantes y desencadenar un mecanismo de defensa: migraña.
¿Conoces a alguien a quien la lechuga, el olor a mar, el agua mineral, la tranquilidad o los días soleados de 23 grados le desencadenen migraña? Es poco probable que alguno de estos factores sea percibido como amenazante y acabe desencadenando una migraña.
De la misma forma que una inofensiva paloma puede desencadenar una reacción de pánico, un delicioso queso curado puede desencadenar una migraña. El problema no está en el queso ni en la paloma, tampoco en la cabeza de la persona. Está en la relación que se establece entre la persona y el desencadenante.

Cuando hablamos de los remedios para la migraña sucede algo curioso: ¿cómo es posible que algunas personas superen la migraña con un piercing y otras con la cámara hiperbárica o mediante la llamada neuropedagogía del dolor? Necesariamente, unos y otros han de tener mecanismos de acción completamente diferentes.
Lo que comparten es que, por azar, estos tratamientos son capaces de producir una experiencia emocional correctiva (Frank Alexander) que cambia la percepción de peligro que desencadenó la migraña. Sin embargo, que un remedio cambie la percepción de una persona no quiere decir que cambie todas las percepciones, porque una percepción es una construcción de la realidad única y personal. Las personas que se han librado de la migraña leyendo sobre dolor, cambiando la alimentación, con zumos de verduras, homeopatía o un piercing, recomiendan sinceramente ese remedio; sin embargo, dista mucho de ser el remedio de la migraña, ya que solamente cambió su percepción en una carambola.
Que una cabeza duela no es raro, a más del 90% de las personas les ha dolido la cabeza en algún momento de su vida. Por tanto, aunque molesto, no es lo más importante. Lo más importante para superar la migraña es atender a lo que haces cuando te duele la cabeza.
La migraña es una hipótesis que, dependiendo de cómo respondas a ella, será aceptada para cronificarse o rechazada para desaparecer
Lo dicho hasta ahora es muy teórico, sin embargo, las 3 prescripciones que te ayudarán a cambiar la relación que tienes con la realidad para superar la migraña son prácticas, sencillas y no tienen efectos secundarios. Es la manera más eficaz de sistematizar aquello que algunos tratamientos consiguen hacer por mero azar.
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La migraña es un trastorno doble. Genera un sufrimiento espantoso sin que la persona esté aparentemente afectada. Por una parte has de soportar ese dolor y por otra esa horrible incomprensión.
No sé de cuál de las dos genera más sufrimiento. Si te rompes una pierna recibes el cariño y el apoyo de los demás; si tienes una migraña espantosa que no te deja vivir, no hay nada que lo indique, no se comprende ese sufrimiento, ese infierno.
Problemas por coger bajas, compañeros que te miran raro, médicos que no te comprenden, toda esa vida social que te has perdido, el miedo a que tu pareja algún día deje de estar ahí, no poder disfrutar de tu hijos, fiestas que se convierten en luto…
La comunidad científica no ha entendido cómo funciona el dolor y la migraña. Cada día leo atónito artículos de supuestos expertos asándose en conceptos ya obsoletos, recomendando fármacos que no curan pero machacan la salud.
En La migraña se desactiva y El libro del dolor crónico y su cura, David Sojo aborda la migraña y el dolor crónico desde un enfoque innovador basado en la neurociencia del dolor. Estos libros están dirigidos a personas que conviven con migraña u otros dolores persistentes y buscan comprender el origen real del dolor para poder reducirlo y mejorar la calidad de vida. A través de un lenguaje claro y riguroso, los libros ofrecen conocimiento, herramientas y una visión esperanzadora que sirve de apoyo tanto a pacientes como a profesionales de la salud interesados en un abordaje diferente del dolor.
Gracias a todos los pacientes que han compartido su testimonio sobre cómo la terapia breve estratégica les ha ayudado a mejorar de forma significativa la migraña. Estas experiencias reales sirven de apoyo y referencia para otras personas que sufren migraña y están buscando terapia psicológica en Bilbao o terapia online especializada. Seguimos trabajando con el mismo compromiso, profesionalidad y vocación para ayudar a mejorar la calidad de vida de quienes confían en nuestro acompañamiento terapéutico.
Si no sales de esa antigua visión y abrazas la biología del dolor estarás condenada a una cronicidad sin fin.
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