Mitos sobre la migraña

Cómo no superarla

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Cómo no superar la migraña

David Sojo - Psicólogo Psicoterapeuta - Cómo no superar la migraña

A lo largo de la historia de la humanidad, la migraña ha confundido a todos los hechiceros, brujos y médicos, que no se percataron de que, si bien la capacidad de sentir dolor es neurofisiológica, lo que la activa, cronifica o alivia depende de cosas externas al sistema nervioso. 

Desde los primeros sumerios que trataron de entender el dolor hasta las clínicas actuales más reconocidas, pasando por los médicos de la antigüedad, todos han sido burlados por el dolor, una forma de respuesta en la que no hay ninguna estructura que sanar. 

Es una dinámica perceptivo-reactiva que puede cambiar de muchas formas, siempre y cuando se de una carambola. 

Pero tu sentido común dice: “si me duele la cabeza, tiene que haber algo averiado ahí dentro”. Parece lógico pero no lo es; si supieras qué es realmente el dolor y cómo funciona, tu sentido común diría algo bien distinto.

Al querer que la migraña sea una enfermedad, se cometen muchos errores y se idean tratamientos que no pueden funcionar.

Te voy a contar algunos de esos errores, y por qué esos tratamientos, lejos de curar, acaban siendo el motor de tu dolor de cabeza.

Conceptos erróneos

Dolor psicológico

El dolor psicológico no existe. El dolor es dolor: una sensación que se siente en el cuerpo, pero que nace de una percepción; de la valoración que hace tu organismo sobre lo que pasa en tus tejidos, no de lo que pasa realmente. Cuando sientes dolor, no hay otra posibilidad que no sea sentirlo en el cuerpo. 

Parece que el dolor verdadero es el que sientes cuando hay lesión; mientras que el dolor en el que no hay lesión sería de segunda categoría, psicológico o inventado. Sin embargo, si te rompes una pierna, esos tejidos rotos no tienen ninguna capacidad de doler; el dolor “sale” de lo que piensa tu organismo de esos tejidos rotos y, como todo dolor, tiene un origen psicológico.

Curiosamente, el dolor sin lesión, lejos de ser un dolor de segunda categoría, puede ser mucho peor que el dolor con lesión; ya que cuando tu organismo responde con dolor ante una lesión, tiende a ser proporcionado porque tiene una referencia: la lesión. Sin embargo, cuando el dolor se debe a una percepción disfuncional, no hay referencia y el dolor puede ser absolutamente desproporcionado.

Dolor nociplástico y neuropático

Se refiere a cuando el dolor se debe, supuestamente, a un funcionamiento anormal del sistema nervioso, que interpreta estímulos de forma errónea. En el neuropático habría una alteración y en el nociplástico no. 

Pero lo gracioso es que ni el cerebro ni el sistema nervioso al completo pueden interpretar. Eso solo lo puede hacer la persona (un cerebro + un cuerpo situados en un entorno con el que interactúa). 

Pensar que el cerebro interpreta es igual de ridículo que pensar que una guitarra suena sola, sin que nadie la toque. Siempre es útil recordar que en un cerebro sólo hay impulsos electroquímicos y flujo sanguíneo. No hay interpretaciones, imágenes, recuerdos… por ningún lado.

El sistema nervioso permite sentir dolor, pero en ningún caso puede generarlo. Sin entorno y sin comportamiento no es posible percibir ni sentir dolor. Los dolores de origen neuropático o nociplástico no existen. 

Los neurocientíficos, saltándose a la torera lo que sabemos del funcionamiento del sistema nervioso, creen que los cambios que se ven en la migraña, pueden ser causa. No. 

Lo bueno de estudiar el cerebro es que siempre se encuentra algo, porque a no ser que estés muerto, siempre pasan cosas. Si lees un libro, tu cerebro cambia; si aprendes a bailar, tu cerebro cambia, si tienes migraña, tu cerebro cambia… Pero la causa de leer, bailar o de la migraña, no está en esos cambios neuronales.


Procesamiento del dolor

El dolor no se procesa, no es algo procesable. Se procesa la información de daño, que se llama información nociceptiva. Cuando te lesionas, se genera una señal que informa de lo que ha pasado; si tu organismo lo interpreta como algo que pone en riesgo tu integridad, responde con dolor: la forma que tiene tu organismo de inducirte a hacer algo para manejar esa amenaza.

Hablar de procesamiento de dolor es igual de absurdo que hablar de procesamiento de miedo. Uno y otro son respuestas de tu organismo ante la información que procesa. Se procesa información, no dolor.


Dolor multicausal

La medicina encuadra el dolor como algo multicausal, en el que influyen la fisiología, la genética, la psicología… y claro que es así, no puede ser de otra forma. Sin embargo, es como decir que el miedo es multicausal porque en él influyen la fisiología, la genética, la psicología… por esa regla, todo en esta vida es multicausal, es lo mismo que no decir nada. 

Aunque para sentir dolor necesites neuronas, proteínas… la causa solo puede ser una percepción que surge de tu relación con el mundo. La medicina se centra sólo en la biología, sin darse cuenta de que toda esa biología múltiple, todos esos cambios que se ven, sólo permiten sentir dolor, no lo generan, no pueden ser causa. Nunca.

La percepción, eso que pone en marcha el dolor y lo cronifica, es un proceso mental en el que tu organismo interpreta un evento en base a su cultura, situación, creencias o experiencias pasadas.

Esa percepción se convierte en dolor crónico a través de una dinámica de comportamiento que alimenta dicha percepción, pero como el modelo médico se basa en una causalidad lineal (una causa que produce un efecto; si encuentro la causa, soluciono el problema), no tiene forma de darle sentido a la dinámica circular del dolor, donde el efecto vuelve sobre la causa retroalimentándolo. 

El dolor crónico se conceptualiza como multicausal por las limitaciones del modelo médico, no porque lo sea.


Percepción del dolor

La leyenda médica del dolor habla de percepción del dolor, pero te prometo que no puedes percibir dolor, lo sientes, que es muy diferente. 

Entre otras cosas porque el dolor no es algo perceptible; percibir implica captar algo del mundo: viene del latín percipere y quiere decir “capturar por completo”. 

El dolor no está en el mundo, no está en las lesiones de los tejidos; el dolor es la respuesta que tu organismo pone en marcha dependiendo de cómo percibe esas lesiones, sale de tí, no viene de fuera, no se interpreta nada.

En cambio sentir, que también viene del latín, de sentire, significa “experimentar una sensación” y es experimentar eso que viene sin posibilidad de interpretación o modulación. Cuando sientes dolor no hay posibilidad de interpretación o modulación. Lo sientes y punto.

El dolor es una emoción: una respuesta que pone en marcha tu organismo en base a una interpretación, no de dolor sino de lo que pasa: interpreta una lesión, alcohol, chocolate, viento del sur… se percibe algo del mundo, nunca el dolor; el dolor es la respuesta de tu organismo a la percepción.

Entonces, todo dolor tiene un origen psicológico, pues parte de una percepción (un proceso mental que no está bajo tu control, pero que puedes cambiar) y de una respuesta, la sensación de dolor, que sientes en el cuerpo sin posibilidad de modulación y siempre es real, aunque parta de un proceso psicológico. 

Hablar de percepción de dolor es igual de absurdo que hablar de percepción de miedo; el miedo se siente, no se puede percibir.

Umbral del dolor

El umbral del dolor se define como la intensidad mínima a partir de la cual algo es doloroso. Hay personas que dicen tenerlo muy alto, esto es, el estímulo tiene que ser bien agresivo para que sientan dolor; otras, en cambio, lo tendrían bajo, esto es, un pequeño roce les duele.

Según los “expertos, dependiendo de la genética, de las hormonas, del momento del día (mañana, tarde…) o del momento vital (muerte de un ser querido…), la tolerancia al dolor puede cambiar. Sin embargo, no existe algo como el umbral o la tolerancia al dolor.

Al hablar de esta forma parece que el dolor es algo que está en las situaciones o estímulos y que, dependiendo de cada uno, se tolera mejor o peor. No. 

Lo que existe verdaderamente es un umbral de amenaza: el umbral a partir del cual el organismo se defiende poniendo en marcha la respuesta de dolor. La intensidad del dolor depende del nivel de amenaza percibido por tu organismo, no de lo agresivo que sea objetivamente. 

Algo puede ser percibido como amenazante o no, dependiendo de tu estado de ánimo. Si estás muy nerviosa, tu organismo estará más alerta y tenderá a percibir mayor amenaza y a responder con un dolor más intenso; si estás tranquila y relajada, su organismo tenderá a percibir menos amenaza y a responder con un dolor más suave.

Hablar de la tolerancia al dolor es tan absurdo como hablar de la tolerancia al miedo: el miedo que eres capaz de soportar; o del umbral del miedo: nivel a partir del cual sientes el miedo que da una situación. Lo que te digo, absurdo.

La intensidad de las respuestas de miedo y de dolor depende del nivel de amenaza percibido por tu organismo ante la situación o el estímulo. Por ejemplo, un león no da un miedo concreto; el miedo que me da a mí y el que le da a un domador de leones, acostumbrado a lidiar con ellos, no es el mismo. 

Puede haber unos rangos, pero clavarte una aguja o romperte un brazo no dan un dolor concreto; el dolor depende siempre de cómo valora el organismo la agresión. 

No existe un umbral de dolor o una tolerancia al dolor, existe un umbral de amenaza percibida, a partir del cuál tu organismo pone en marcha el dolor.

Tratamientos que no funcionan

Bótox

El Botox no se creó pensando en la migraña. La toxina botulínica se usaba desde los años 80-90 para otro tipo de problemas. Después empezó a usarse para quitar arrugas, y resultó que algunos de los que iban a quitarse arrugas, decían tener menos cefaleas.

Se sabe que bloquea algunas terminaciones nerviosas y puede reducir la liberación de CGRP y algún otro mediador, pero no sabe porqué funciona en Antonia pero a Ramona no le hace nada.

Y no se sabe porque el efecto no depende del Botox, depende de cómo encuadres la experiencia de ponerte Botox. Me explico: 

Caso 1 

Antonia va a una clínica a ponerse botox para su migraña. Una buena amiga le ha dicho que es una maravilla, así que está confiada. Su organismo percibe tranquilidad y no responde con migraña. Vuelve a casa después de los pinchazos y resulta que no tiene dolor durante la tarde. 

Se dice a sí misma: «Esto funciona…». Está tan animada que empieza a hacer cosas que antes no hacía; su atención está cada vez más en el mundo exterior y menos en su cabeza. 

Si antes reforzaba su migraña monitorizando su cabeza a cada rato y renunciando a la vida, ahora ha empezado a sacar la mirada al mundo reforzando así la percepción de normalidad. 

Ha cambiado la dinámica que sostenía la migraña, no un péptido o una proteína. Sin embargo, también puede pasar algo similar a… 

Caso 2 

Ramona tiene migraña y va a una clínica a infiltrarse bótox. Ha leído que funciona, pero no lo tiene claro. Además, las agujas no le gustan ni un poco. Está inquieta y los pinchazos le resultan muy desagradables. Vuelve a casa con un ligero dolor de cabeza que se agudiza por la tarde. Se dice a sí misma: «Esto no funciona… ». 

Se toma un analgésico y se mete en su habitación a oscuras a ver si se le pasa. Este botox no ha provocado un cambio de comportamiento, y la dinámica con su cabeza se mantiene igual. 

El Botox no tiene capacidad de curar la migraña porque porque no hay nada que curar. Funciona sólo si cambia la relación que tienes con tu cabeza.

Alimentación 

Hoy día, si no sigues una dieta, es muy probable que seas un enfermo, porque la industria alimentaria ha creado unos productos que pasan por alimentos, pero que no lo son. 

Tanto que muchos de los problemas de salud que abundan en esta sociedad del bienestar (obesidad, cáncer, enfermedades cardiovasculares…) parecen estar ligados a ese tipo de productos. 

Cada vez tenemos más conciencia de la importancia de cuidar la alimentación, tanto que en algunos casos nos estamos pasando de frenada. 

Para muchos investigadores, divulgadores, médicos o nutricionistas, como ya suponía Hipócrates, la alimentación es la piedra filosofal de la salud y todo se puede solucionar cambiándola (depresión, ansiedad, dolor crónico, esquizofrenia…). 

Así, dicen que la psiquiatría o a la neurología de modelos anticuados, creyendo haber inventado la rueda, sin darse cuenta de que se basan en el mismo dualismo cristiano cuerpo-mente: sólo que en vez de centrarse en el sistema nervioso, lo hacen en el digestivo (famoso segundo cerebro). 

Y, tomándolo como un cambio importantísimo, siguen alimentando el fantasioso dualismo cartesiano: si controlo lo que pasa en el intestino, puedo cambiar lo que siente la persona. Hemos salido de la sartén para caer en las brasas. 

Hacerse keto, vegano, vegetariano… no tiene nada que ver con el dolor, más allá de ser un cambio de comportamiento que, al igual que con el bótox, puede funcionar solo si por azar cambia la relación que tienes con tu cabeza.

Las personas que mejoran su dolor con cambios de alimentación no lo hacen porque esto tenga un efecto biológico en sus organismos que haga desaparecer el dolor. 

Seguir una dieta, la que sea, es un cambio de comportamiento que, en algunas personas, puede provocar un cambio en la percepción que sostiene el dolor. En el mundo actual es muy recomendable llevar una buena alimentación. Sin embargo, sólo tendrá efecto en el dolor crónico si se da una carambola. 


Neuromodulación 

Otro método surgido al amparo de la fiebre del cerebro, es la neuromodulación: cambiar los impulsos cerebrales mediante descargas eléctricas o magnéticas para tratar de manejar el dolor. 

Parece una tecnología ultramoderna, pero esto ya lo hacía Galeno de Pérgamo con el pez torpedo hace casi 2000 años; un pez que puede dar descargas de hasta 220 voltios para atontar a sus presas. En aquella época se ponía un pez torpedo negro vivo donde dolía hasta que dejara de doler. 

Y la neuromodulación es más de lo mismo, el problema no está en las neuronas, ni en la electricidad cerebral… tanto si lo haces con un pez torpedo como si lo haces con la moderna neuromodulación, es como si dieras descargas eléctricas en las glándulas lacrimales de una persona que ha perdido un ser querido, a ver si deja de llorar.

La causa de las lágrimas no está en la propia glándula lacrimal, está en la pérdida del ser querido. La causa de tu migraña no está en las neuronas, está en la percepción que las pone en marcha. Eso es lo que tienes que cambiar.


Meditación 

La meditación es un entrenamiento mental para que tu mente se calme. Tiene muchos beneficios, algo que ha hecho que se ponga de moda y se recomiende prácticamente para todo. 

Pero no pierdas de vista que la meditación no fue ideada para tratar problemas clínicos, aquellos problemas en los que, digamos, hay que curar. Tanto que el caso del dolor crónico, tiene más desventajas que ventajas. 

La característica esencial de una persona sana es que se olvida de su organismo y vive hacia el mundo: cuando estás bien tu relación fundamental es con el mundo. En el momento en que una parte del cuerpo te duele, rompes la relación con el mundo y empiezas a vivir alrededor de esa zona.

Tú no vives para el mundo, vives para tu cabeza, y para superar la migraña tienes que salir de esa dinámica y recuperar la relación con el mundo. La meditación, el mindfulness o la relajación… son muy buenas para reforzar aún más la dinámica que tienes con tu cabeza.

Por tanto, aunque tengan otros beneficios, no son recomendables para tratar tu migraña. Superar la migraña tiene que ver con no hacer nada, con normalizar, con volver a tu vida, no con encontrar un remedio. 


Cannabis 

Muchos aseguran que el cannabis es efectivo para tratar el dolor crónico. Sin embargo, la evidencia dice otra cosa. De hecho, parece que gran parte de esa efectividad sería efecto placebo. No olvides que el origen de la migraña es una dinámica que mantiene la percepción que da lugar a la activación neurofisiológica que causa el dolor. 

Por tanto, en el mejor de los casos, el cannabis, al actuar sobre el sistema nervioso, como pasa con los fármacos, bloquearía esa activación neurofisiológica. Sin embargo, como no puede cambiar ni la dinámica ni la percepción, el dolor volverá. 

Si además tenemos en cuenta que cada vez hay más pruebas sobre los efectos perjudiciales que provoca, el cannabis no tiene ningún interés para el tratamiento del dolor crónico.

Preguntas Frecuentes sobre los mitos de la migraña

¿Cuáles son los principales mitos sobre la migraña?

Lo que da lugar a todos los mitos sobre la migraña es encuadrarla como una enfermedad. Todos y cada uno se basan en curar cuando no hay nada que curar, y todos pueden funcionar en alguna persona, porque es en realidad un trastorno obsesivo, y hacer cualquier cosa puede cambiar la percepción que sostiene el dolor.

¿La migraña es un dolor psicológico?

El dolor psicológico no existe. El dolor es siempre dolor ante algo percibido como amenazante, no brota de una neurona. Así, todo dolor, incluso si te partes una pierna, tiene un origen psicológico y se siente en el cuerpo.

¿La migraña se debe a un funcionamiento anormal del cerebro?

Nadie ha encontrado una sola diferencia cualitativa entre un dolor de cabeza puntual y tensional y la más espantosa de las migrañas: es más dolor durante más tiempo. Tampoco nadie ha encontrado diferencia entre la activación neurofisiológica que se da cuando una persona tiene un dolor adaptativo (se rompe una pierna), y la que se da en la migraña. 

Resumiendo: no hay una sola prueba de enfermedad, ni neurológica ni de otro tipo, en las personas que padecen migraña.

¿Cómo se mide el progreso en la terapia breve estratégica?

El progreso en la terapia breve estratégica se mide a través de cambios observables en el comportamiento y en las respuestas emocionales. Esto puede incluir la disminución de los conflictos, mejoras en la comunicación y el logro de metas específicas establecidas durante las sesiones de terapia.

¿La migraña tiene un origen genético?

No. Lo que es genético es la capacidad de doler que tienen todas y cada una de las cabezas. De hecho, al 95% de las personas les va a doler en algún momento de su vida; y las personas a las que no les duele la cabeza, tienen la misma capacidad que la tuya de doler. El tema está en si entras en bucle con esa capacidad que todo el mundo tiene.

¿Entonces cómo se supera la migraña?

Tratándola como lo que es, un trastorno obsesivo. Las reacciones cerebrales que dan lugar al dolor no aparecen de la nada, son totalmente coherentes con tu comportamiento: si te comportas como una enferma, tu sistema nervioso responde como un enfermo; si te comportas como una persona sana, tu sistema nervioso responderá como uno sano.

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