Participación en Onda Cero sobre como tratar la ecoansiedad
Como tratar la ecoansiedad a causa de los incendios
Entrevista en el programa Por fin sobre cómo afrontar la eco-ansiedad y el impacto emocional de los incendios en España.
Entrevista en el programa Por fin sobre cómo afrontar la eco-ansiedad y el impacto emocional de los incendios en España.
El trastorno obsesivo compulsivo (TOC) es bien conocido por sus formas clásicas, que son el lavado compulsivo o la necesidad extrema de orden. Sin embargo, existe un subtipo mucho menos conocido: el TOC moral. Este tipo de TOC, también conocido como «escrupulosidad moral», se caracteriza por pensamientos intrusivos centrados en el miedo a ser o actuar inmoral, dañar a otros o violar códigos éticos o religiosos.

A diferencia de los otros tipos de TOC, el moral se da en ámbito de lo intangible: la culpa, el juicio, la rectitud, lo correcto y lo incorrecto. Tal como explicaba el psicólogo Alessandro Bartoletti, especialista en Terapia Breve Estratégica, en el webinar del que se extrae este artículo, se trata de un «trastorno de lo prohibido», donde lo temido no es una acción concreta, sino el solo hecho de pensarlo.
El TOC moral tiene una base común con el resto de trastornos obsesivo compulsivos: la aparición de pensamientos no deseados (obsesiones) que generan ansiedad y malestar, seguidos de comportamientos o pensamientos repetitivos (compulsiones) con el objetivo de neutralizar esa ansiedad.
Pero lo que distingue al TOC moral es el tipo de contenido de esas obsesiones: ideas relacionadas con la moralidad, el bien y el mal, la justicia, el daño a otros o incluso con elementos religiosos. Las causas, tal como expone Bartoletti, no se pueden reducir a un único factor. Más bien surgen de una combinación:
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Un sentido del deber y de la ética extremadamente riguroso.
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Creencias personales o culturales sobre la pureza, la bondad o el castigo.
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Altos niveles de autocrítica y una sensibilidad especial hacia el sufrimiento ajeno.
En muchos casos, estas obsesiones aparecen en personas que han interiorizado un modelo de conducta extremadamente exigente consigo mismas y con los demás.
Síntomas más frecuentes del TOC moral
El TOC moral se manifiesta de forma interna, en pensamientos y sensaciones difíciles de detectar para los demás. Entre los síntomas más habituales están:
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Pensamientos intrusivos y no deseados relacionados con cometer actos inmorales, dañar a otros, blasfemar o ser una mala persona.
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Compulsiones mentales para intentar neutralizar esos pensamientos: repetir frases, revisar lo ocurrido, buscar certezas, rezar, evitar ciertas situaciones.
03
Ansiedad intensa y culpa ante la mera presencia de esos pensamientos.
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Necesidad constante de confirmación por parte de otras personas: “¿Crees que soy una mala persona por pensar esto?”
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Conductas de evitación: evitar estar solo con niños, con personas vulnerables, o incluso evitar ver ciertos contenidos o visitar lugares por miedo a tener pensamientos prohibidos.
El miedo no reside en realizar realmente una acción inmoral, sino en el hecho de haberlo pensado o imaginado. Para quienes sufren TOC moral, la línea entre pensamiento y acción se difumina, generando una angustia constante.
Uno de los aspectos clave del TOC moral es la forma en que las personas interpretan sus propios pensamientos. Se producen distorsiones cognitivas que alimentan el ciclo obsesivo-compulsivo:
Estas distorsiones son precisamente el objetivo de los tratamientos psicológicos: desactivar la fusión pensamiento-realidad y recuperar un criterio razonable y flexible de juicio sobre uno mismo.
¿Y si no estás loco, solo atrapado en tu conciencia?
Habla conmigo y ponle palabras a eso que no te atreves ni a pensar. La libertad empieza en la mente.
Aunque comparte la misma base que otros subtipos, el TOC moral se diferencia en su enfoque hacia lo simbólico y lo invisible. No hay contaminación física, sino «contaminación moral». Algunos puntos distintivos:
Por eso, muchas veces este tipo de TOC pasa desapercibido. Desde fuera, la persona parece normal, incluso con un gran sentido de la justicia.

No conviene dar recomendaciones generales para los trastornos psicológicos porque cada caso debería de tratarse individualmente. Sí es interesante tener en cuenta que el mecanismo básico sobre el que se sostiene el TOC moral, es el intento de controlar los pensamientos, algo que ningún ser humano puede hacer.
Tenemos que tener en cuenta que tratar de no pensar es pensar dos veces, porque para no pensar tienes que pensar en aquello en lo que no quieres pensar, y acabas en un bucle sin fin.
Así, el tratamiento consiste en ayudar a la persona a salir de ese bucle con diferentes estrategias adecuadas a su tipo de TOC moral, para que deje de luchar con sus propios pensamientos, ayudándole a:
En algunos casos, puede considerarse el apoyo farmacológico (con inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina), pero la intervención psicológica es el pilar principal.
Uno de los errores más comunes que cometen los allegados es ofrecer rápidas respuestas de tranquilización: «Claro que no eres una mala persona». Aunque bienintencionadas, estas respuestas refuerzan el ciclo obsesivo.
Lo más recomendable es:
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Animar a la persona a buscar ayuda psicológica especializada.
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No alimentar compulsiones como repeticiones, comprobaciones o confesiones reiteradas.
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Comprender que no se trata de creencias reales, sino de pensamientos intrusivos.
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Ofrecer apoyo emocional sin entrar a debatir el contenido moral de los pensamientos.
Todos los TOC morales tienen en común la necesidad de controlar pensamientos que se perciben como moralmente inaceptables, aunque en realidad sean simples productos de la mente, no intenciones reales. Como decía San Juan Bosco, quien tiene en paz su conciencia, lo tiene todo.
La rabia es una emoción poderosa que surge cuando percibimos una injusticia, una traición o una amenaza. En su forma funcional, actúa como un impulso que nos defiende o nos moviliza. Pero cuando esta rabia no se expresa ni se procesa, puede enquistarse y transformarse en una molestia permanente: el resentimiento. Ese estado emocional que se convierte en una “rabia fría”, una herida que no termina de cerrarse y afecta nuestra vida diaria.
La “rabia fría” se instala en nosotros, silenciosa pero influyente. Se convierte en una forma de ver el mundo: más desconfiada, escéptica, fría. De ese modo, adoptamos un filtro emocional negativo que deteriora nuestras relaciones y amputa nuestra capacidad para disfrutar el presente.
La “rabia fría” es la forma silenciosa de la rabia que ya no se expresa con ira explosiva, pero que sigue activa en nuestro interior. Suele originarse cuando alguien cercano (como un padre, una pareja o un amigo querido) nos hace un daño emocional profundo y no se procesa bien, convirtiendo ese impulso impulsivo en un estado constante. Con el tiempo, esa rabia escondida se convierte en un peso invisible que condiciona nuestras decisiones, relaciones y bienestar.
Las heridas más profundas suelen venir de quienes más queremos. Un golpe emocional o una traición de alguien cercano —como un padre que no reconoce nuestros logros, una pareja que nos engaña o un amigo que nos abandona— tiende a generar una rabia que, de no expresarse, se enquista.
La rabia se manifiesta con fuerza cuando nuestras expectativas no se cumplen. Esperamos respeto, cariño, compromiso… y aquello que recibimos es falta de empatía, abandono o crítica. Esta frustración acumulada genera una rabia interna que, si no se gestiona, se convierte en resentimiento.
La relación con los padres es la base de nuestro desarrollo emocional. La falta de reconocimiento o amor deja una herida que puede perpetuarse como sensación de injusticia y rabia no expresada, incluso años después.
Las rupturas marcadas por la traición o el abandono suelen dejar cicatrices profundas. La rabia, cuando no se sana, se envenena y puede afectar nuestras nuevas relaciones, dificultando confiar o entregarse de nuevo.
¿La rabia domina tu vida?
Agenda tu primera sesión conmigo y aprende a gestionar la rabia de forma saludable. Te acompaño a recuperar el control emocional.

La rabia no resuelta genera reacciones desproporcionadas, hipersensibilidad y, en muchos casos, dificultar confiar en los demás. Podemos convertirnos en personas controladoras o distantes, repitiendo patrones tóxicos que cierran más aún nuestra vida emocional.
La rabia acumulada provoca un estado constante de estrés, con consecuencias en el cuerpo como insomnio, tensión muscular, digestiones difíciles. En el ámbito mental, genera ansiedad perseverante, descensos en el ánimo y una sensación general de insatisfacción vital.

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Hablar continuamente de situaciones pasadas que aún te irritan.
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Fantasear con venganzas o ajustes de cuentas emocionales.
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Reaccionar con violencia emocional frente a situaciones triviales.
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Mantener distancias profundas sin razón lógica aparente.
Entender racionalmente lo que ocurrió no implica haber sanado emocionalmente. Aún puedes sentir rabia aunque el cerebro reconozca que la otra persona no era capaz de otra cosa. Si te duelen aún ciertas actitudes o no puedes hablar del tema sin alterarte, la rabia sigue presente.

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Aceptar que algo no fue como esperábamos es un paso fundamental. Reconocer que personas importantes en nuestra vida no nos dieron lo que necesitábamos genera un duelo esencial para procesar la rabia y cerrar emocionalmente el capítulo.
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La escritura es una herramienta poderosa para liberar la rabia. Redactar cartas que no se envian, y que describen en detalle lo que te hizo daño o la rabia que sientes. Dar forma a los sentimientos y expresarlos por escrito ayuda a descargar el peso y observar la historia con mayor perspectiva.
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Quedarse cerca de alguien que te hizo daño sin haber sanado es instalar la rabia en tu vida presente. Pregúntate: ¿puedo compartir vida con esa persona sin que me hiera? Si la respuesta es no, prioriza tu bienestar emocional y aléjate sin culpa.
Perdonar no es olvidar ni excusar. Es reconocer el daño, soltar el control emocional que ejerce sobre ti y liberarte. El perdón es un acto de poder personal, no de vulnerabilidad.
Perdonar no siempre implica volver a estar cerca. Puedes liberar la rabia sin restablecer el vínculo. A veces, el verdadero perdón es decir “gracias y adiós” y no mirar atrás.
Al liberar la rabia, te alejas del rol de víctima. Recuperas la capacidad de decidir qué emociones permites que te dominen y cuáles no. Te conviertes en protagonista de tu bienestar.

La rabia puede ser una semilla de transformación. Nos impulsa a actuar, a poner límites, a cambiar situaciones injustas en nuestra vida o sociedad. Bien gestionada, se convierte en una fuerza creativa.
La rabia actúa como alarma: te avisa de que algo no está bien. Si la escuchas sin reprimirla, puedes usarla para definir límites claros que protejan tu espacio emocional sin dañarte.
Parte del camino consiste en reconciliarnos con nosotros mismos. Perdonarnos por haber permitido situaciones dolorosas, por no haber sabido salir antes o por haber sido fieros. La autocompasión es clave para liberar la rabia y sanar.
“No serás castigado debido a tu rabia, serás castigado por ella”
Buda

Hablar de la causa de la anorexia es mucho más complejo de lo que parece a simple vista. De hecho, una de las primeras ideas importantes que conviene aclarar es esta: no existe una única causa de la anorexia. No hay un origen simple, lineal o fácilmente identificable que explique por qué una persona desarrolla este trastorno de la conducta alimentaria.
Buscar “la causa” como si fuera una pieza concreta que se puede señalar —un error de los padres, un trauma puntual, una dieta concreta— suele generar más confusión, culpa y bloqueo que soluciones reales. La anorexia no funciona así. Es el resultado de una dinámica compleja, en la que interactúan factores biológicos, psicológicos y sociales, y que se va construyendo poco a poco .
Comprender esta dinámica es clave para entender por qué la anorexia se mantiene en el tiempo y por qué no basta con “querer comer” o “darse cuenta de que está muy delgada” para salir del problema.
Buscar la causa de los problemas como forma de solucionarlos, aparenta ser una buena idea, sin embargo, cuando se trata de problemas psicológicos, la cosa se complica. Se complica básicamente porque el ser humano es complicado, y está influido por muchas y diferentes variables que hacen imposible encontrar una única causa.
Biología, experiencias, familia, amigos, enfermedades, momento histórico… un complejo campo de interacciones que hace imposible que los problemas psicológicos estén determinados por una única causa.
Cuando un psicólogo dice que está interviniendo sobre la causa de un problema psicológico, lo que dice en realidad es que interviene sobre lo que él cree que es la causa, en ningún caso sobre la causa real, que no se puede saber.
Poca gente sabe que, por ejemplo en la India, no existían los trastornos alimentarios hasta la llegada de la gran industria de la comida procesada. La anorexia solo se da en un contexto de abundancia de comida, nunca en uno de escasez de comida.

La anorexia ha sido históricamente un problema de nobles, de familias que vivían en la abundancia, no de pobres que no tenían qué comer. En esta sociedad del bienestar en la que vivimos sobra comida, y cuando algo sobra no se valora, haciendo mucho más probable este tipo de problemas.
Hasta la fecha no hay noticia de ningún hambriento con anorexia.

Dice el refrán que el oficio de padre o madre es el oficio imposible, hagas lo que hagas te equivocarás. Seguro que como padre o madre has hecho cosas mal o cosas que se podrían haber mejorado. Con respecto a la anorexia, los padres con frecuencia se sienten culpables, sin embargo, difícilmente pueden ser la causa de un trastorno tan complejo, no tienen el poder de provocar la anorexia de su hija.
Además, el tratamiento eficaz de la anorexia no se basa en buscar culpables, eso te mete en un bucle sin salida. Los padres tienen que dejar de sentirse culpables de la causa de la anorexia para sentirse responsables del tratamiento. Una anorexia juvenil difícilmente se puede superar sin la implicación de unos padres que tienen que dejar de ser rehenes de su hija para ser coterapeutas, y seguir las prescripciones que ayudarán a su hija a superar la anorexia.
Psicólogo especialista en el tratamiento de la anorexia. Si buscas un psicólogo en Bilbao u online, puedes consultarnos tu caso:

En la edad media el ritmo de vida era totalmente distinto. Por ejemplo, había un solo reloj en la plaza del pueblo que ni siquiera marcaba los minutos. Por contra, la sociedad del S.XXI vive conectada, al segundo, es una sociedad obsesiva, controladora, en la que todo está pautado y medido, y en la que no se puede funcionar bien si no tienes un toque obsesivo, una tendencia al control.
Esto no es malo en sí mismo, e incluso tiene sus ventajas. Pero hasta la moneda más valiosa tiene su cruz. Los avances científicos nos han hecho creer que se puede controlar y dominar todo, cuando no es así. Por ejemplo, nunca hemos tenido tantos medios para controlar nuestra salud, pero cada vez tenemos más hipocondría…
La anorexia tiene una base obsesiva – compulsiva. El intento de control de la comida no es algo aislado en la vida de la joven, lo hace con sus estudios, relaciones, ejercicio físico… Son personas sumamente perfeccionistas y controladoras, que hacen muy bien todo aquello que se proponen.
En una sociedad obsesiva como la nuestra, es más fácil acabar en bucle con la comida y desarrollar una anorexia.
Todos los problemas alimenticios se basan en un intento de controlar la comida. Dependiendo de la forma de hacerlo, tenemos un tipo de trastorno u otro. Y con frecuencia van evolucionando, porque cuando el control sobre la comida empieza a fallar, surgen nuevas formas de control (vomitar, ejercicio extenuante…) que dan lugar a diferentes trastornos.

En la era de la información y las redes sociales tenemos acceso a modelos a los que antes no teníamos acceso. En la edad media, era muy complicado encontrarte con la reina o la princesa de turno, modelos de aquel tiempo, para ver lo delgadas que estaban. Ahora, con un solo click pueden ver a actrices, top models, cantantes… que son los modelos de las jóvenes, y comprobar lo felices que son estando más delgadas que el palo de una escoba.
Esto hace que, a pesar de ser uno de los problemas psicológicos más graves, el que más probabilidad de morir tiene, las jóvenes no lo vivan como algo terrible, al contrario, de hecho es la patología más amada, tanto que la llaman afectuosamente ana: un estado de gracia y elevación. Como el de los modelos que muestran las redes sociales.
Hoy en día, el impacto de las redes sociales es enorme. Las adolescentes y jóvenes tienen acceso constante a:
Antes, los modelos de referencia eran lejanos y poco accesibles. Hoy están en el móvil, en el bolsillo, todo el día. Este bombardeo constante normaliza cuerpos irreales y convierte la delgadez extrema en un ideal deseable, incluso admirado.
En la edad media el ritmo de vida era totalmente distinto. Por ejemplo, había un solo reloj en la plaza del pueblo que ni siquiera marcaba los minutos. Por contra, la sociedad del S.XXI vive conectada, al segundo, es una sociedad obsesiva, controladora, en la que todo está pautado y medido, y en la que no se puede funcionar bien si no tienes un toque obsesivo, una tendencia al control.
Esto no es malo en sí mismo, e incluso tiene sus ventajas. Pero hasta la moneda más valiosa tiene su cruz. Los avances científicos nos han hecho creer que se puede controlar y dominar todo, cuando no es así. Por ejemplo, nunca hemos tenido tantos medios para controlar nuestra salud, pero cada vez tenemos más hipocondría…
La anorexia tiene una base obsesiva – compulsiva. El intento de control de la comida no es algo aislado en la vida de la joven, lo hace con sus estudios, relaciones, ejercicio físico… Son personas sumamente perfeccionistas y controladoras, que hacen muy bien todo aquello que se proponen.
En una sociedad obsesiva como la nuestra, es más fácil acabar en bucle con la comida y desarrollar una anorexia.
Todos los problemas alimenticios se basan en un intento de controlar la comida. Dependiendo de la forma de hacerlo, tenemos un tipo de trastorno u otro. Y con frecuencia van evolucionando, porque cuando el control sobre la comida empieza a fallar, surgen nuevas formas de control (vomitar, ejercicio extenuante…) que dan lugar a diferentes trastornos.

Cuando hay una fuerte restricción de comida y bajada de peso, el organismo reacciona produciendo endorfinas que provocan estados de bienestar y excitación comparables a tomar cocaína. De hecho, históricamente, no comer siempre fue una forma de alcanzar estados de conciencia alterados entre los religiosos y religiosas.
Hacer ejercicio físico de forma compulsiva puede generar los mismos efectos, porque el cuerpo entra en una especie de modo supervivencia en el que, cuanto más ejercicio hace más necesita hacer y cada vez tiene menos ganas de comer, llegando incluso a la muerte.
Respuestas como esta hacen que la anorexia se refuerce a sí misma, metiendo a la joven en un bucle sin fin.
Por ejemplo, un efecto psicológico muy importante es el llamado lentes deformantes, en el que cuanto más baja de peso la joven, más gorda se ve. Y es que el hecho de estar en infrapeso provoca una serie de cambios como este que hacen que el problema se refuerce a sí mismo.
Cuando va poco a poco recuperando el peso, la percepción de su cuerpo se va ajustando y ve lo delgada que está, llegando a asustarse.
La anorexia se formó en el pasado, si; y con frecuencia conviene conocer ese pasado, pero más para situarnos ante esa persona que porque el hecho de conocerlo vaya a hacer que se solucione en el presente. El pasado, para bien o para mal, no se puede cambiar; si podemos cambiar los efectos del pasado en el presente.
Descubre como la Terapia Breve Estratégica puede ayudarte
Terapia Estratégica: Un nuevo enfoque para tratar la anorexia
Buscar la causa pasada de la anorexia como forma de superarla, como se hace desde algunos modelos de psicoterapia, es una de las formas más ineficaces de superarla, que además puede llegar a ser muy peligrosa. En la anorexia la posibilidad de muerte es real, y se debe intervenir de la forma más eficaz desde el minuto cero.
Lo importante no es tanto por qué empezó, sino cómo se mantiene hoy.
¿Te preguntas por qué tu hija no puede salir sola de la anorexia?
Entender la causa de la anorexia no es buscar culpables, sino comprender la dinámica que la mantiene. Si necesitas orientación profesional y un enfoque especializado en trastornos alimentarios, escríbeme y te explico cómo puedo ayudarte

La hipótesis más aceptada sobre el origen de la migraña, sostiene que es una enfermedad neurológica que se caracteriza por dolores de cabeza intensos, que además pueden ir acompañados de náuseas, vómitos y sensibilidad a la luz y al sonido.
Sin embargo, a día de hoy, a pesar de los avances médicos y tecnológicos, la enfermedad neuronal que causaría la migraña, está por demostrar. Esto es, nadie ha encontrado algo enfermo en las neuronas de las personas que sufren migraña. La consideración de enfermedad neuronal se basa en la fe en que algún día se encuentre tal enfermedad, no en la ciencia de haberlo encontrado.
Por si fuera poco, hay evidencias de que la migraña en ningún caso puede ser una enfermedad neurológica. Por ejemplo, según la Sociedad Española de Neurología (SEN), el 99% de las mujeres y el 89% tendrá dolor de cabeza a lo largo de su vida; y a día de hoy, a nivel biológico, no hay ninguna diferencia entre un dolor de cabeza puntual y la más espantosa de las migrañas. La migraña es más dolor durante más tiempo, sin diferencia cualitativa que los diferencie. La pregunta es: ¿podemos considerar como enfermedad algo que afecta al 95% de las personas? No parece.
Y lo más importante: el sistema nervioso NO puede causar dolor; el sistema nervioso permite, entre otras muchas cosas, sentir dolor, pero no puede generarlo por sí mismo. El sistema nervioso es causa necesaria pero no suficiente para sentir dolor. La idea de que el sistema nervioso puede ser causa de la migraña no es una idea científica, es una idea cultural que se remonta al cristianismo.

La idea de que el cerebro es un ente que controla el cuerpo, nace con el alma cristiana, que luego se convirtió en mente, que luego pasó a ser un poder cerebral. Sin embargo, nadie ha visto un cerebro generando dolor. A lo sumo se puede inferir su participación en la migraña, nunca como director, productor o contenedor, sino como participante.
El funcionamiento del cerebro sólo se puede entender si lo situamos en un cuerpo que está en un mundo con el que interactúa. Por ejemplo, cuando una lesión cerebral provoca un déficit del habla, no quiere decir que esa sea la parte encargada del habla sino que es necesaria, como también lo son los órganos del habla, el aprendizaje de la lengua o un entorno en el que se hable.
¡Deja atrás la migraña!
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Es la forma que tiene el organismo de inducirnos a hacer algo para manejar aquello que ha percibido como peligroso para nuestra integridad.
Por ejemplo, si tocas un radiador ardiendo el cuerpo busca que apartes la mano porque ha percibido que se está destruyendo tejido; por el contrario, si te rompes un brazo, busca que no lo muevas para que pueda sanar. El dolor no existe en lo absoluto, como algo que puede brotar de una proteína o un péptido, el dolor es siempre dolor ante algo percibido como peligroso para la integridad de la persona, no ante algo que necesariamente sea peligroso para la integridad de la persona; una percepción es una construcción de la realidad, no la realidad.
Para encontrar la causa de la migraña tenemos que tener en cuenta que el cerebro, si no está en un cuerpo que está en un mundo con el que interactúa no funciona. Ni el cerebro por su cuenta ni el sistema nervioso al completo, pueden percibir. El sistema nervioso es garante de la sensación, jamás causante.

El cerebro permite, entre otras muchas cosas, percibir, pero no percibe por sí mismo. Percibir es un proceso mucho más complejo que no se puede reducir a biología, veamos:
Percibir es un proceso psíquico a través del cual el cuerpo da un significado a un evento interno o externo.
Este proceso psíquico, que no cerebral, surge de la intencionalidad de un cuerpo en el mundo, porque como explica Paul Watzlawick (Watzlawick, Beavin y Jackson, 2018. P. 29), toda percepción se rige por el principio del movimiento; las investigaciones han demostrado con certeza que sólo se pueden percibir relaciones, sólo se puede percibir en relación a un punto de referencia. Por ejemplo, si queremos comprobar la textura de una superficie, lo hacemos moviendo el dedo sobre ella, porque si dejamos el dedo quieto sobre ella, acaso percibiremos la temperatura por la diferencia relativa entre la temperatura del dedo y la de la superficie, pero no percibiremos su textura.
No hay percepción que no implique acción, y toda acción conlleva percepción. Percibir es posible en la medida en que los organismos se mueven, no somos receptores pasivos de información sino exploradores activos (Pérez Alvarez, 2021).
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El dolor es algo bien distinto de lo que te han contado. Aprenderás qué es, cómo funciona y cómo se supera.
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Que el sistema nervioso esté implicado en la percepción y en la experiencia de dolor, es muy diferente a que sea la causa. Pensar que el sistema nervioso percibe, es como pensar que la guitarra suena sola, sin que nadie la toque. Tener genes, péptidos, proteínas, neuronas… esto es, un organismo, es necesario para poder percibir, pero no suficiente.
El dolor es una reacción cargada de valoración, no de daño físico, activaciones sinápticas o cambios proteicos. Sentir dolor supone que algo ha sido percibido como peligroso, no que sea necesariamente peligroso. Como sostiene Gerald M. Edelman, biólogo constructivista, “Cada acto de percepción es en cierto grado un acto de creación y cada acto de memoria es a cierto modo un acto de imaginación” (Edelman, 1989).
Una percepción es una construcción de la realidad, no la realidad. De la misma forma que sentir miedo no supone la existencia de un peligro real, sentir dolor supone que algo ha sido percibido como peligroso, no que sea necesariamente peligroso. La literatura está llena de ejemplos de lesiones que “deberían” doler y no duelen, y de “no lesiones” que duelen, todo depende de cómo perciba el organismo esos eventos, que ni siquiera se limitan a la percepción del estado de los tejidos, como bien saben aquellas personas a las personas que, por ejemplo, el viento del sur, el queso curado, o una situación estresante, les desencadena la migraña. La lesión no tiene ninguna capacidad de doler, lo que duele es lo que opina el cuerpo de esa lesión. Pensar que el dolor surge de los tejidos, es como pensar que el miedo que “da” una serpiente es algo que brota de ella misma.
Tenemos que distinguir entre la capacidad de que duela la cabeza, algo que todas las cabezas tienen, y que esa capacidad de cronifique. Una cosa es el dolor de cabeza puntual y otra que eso se cronifique, y se cronifica dependiendo de lo que HACE la persona ante el dolor de cabeza. La característica esencial de una persona con dolor de cabeza crónico es que vive alrededor de su cabeza, y cuantas más cosas hace para tratar de quitárselo, más probable es que le duela. Lo que REALIMENTA esa capacidad que todos tenemos es el comportamiento de la persona, que sostiene la percepción que activa el dolor.
Por ejemplo: la persona que acaba en urgencias por dolor de cabeza, no lo hace por un dolor súbito que aparece como si fuera una hemorragia; llega a urgencias por una escalada: me empieza a la cabeza, me todo un fármaco, no me hace efecto, me meto en una habitación a oscuras, no se me pasa, me pongo nervioso, me sigue doliendo, me agobio, me duele más… hasta que el dolor se hace insoportable y tiene que ir a urgencias en busca de ayuda.

El dolor de cabeza es una dificultad que se convierte en un problema dependiendo de la respuesta de la persona al propio dolor: cuanto más se agobia, más probable es que el dolor aumente, y que además aparezcan otros mecanismos de defensa como las náuseas, los mareos… Síntomas que no implican etiologías diferentes, son todos mecanismos de defensa que tienen origen en una percepción inseparable del comportamiento.
La migraña se construye a medida que la persona hace cosas para tratar de manejar el dolor. Para superar la migraña hay que cambiar la forma en que la persona se relaciona con su cabeza.
Esa es la razón por la que nadie ha superado la migraña con fármacos, porque este actúa a nivel del sistema nervioso, y en el mejor de los casos es capaza de bloquear la reacción neurofisiológica que pone en marcha la percepción, pero como no puede cambiar la percepción, el dolor siempre vuelve.
La causa de la migraña es una dinámica de comportamiento que alimenta una capacidad que todos tenemos. Superar la migraña es cambiar la forma de comportarse ante el dolor de cabeza.
Gracias a todos los pacientes que han compartido su testimonio sobre cómo la terapia breve estratégica les ha ayudado a mejorar de forma significativa la migraña. Estas experiencias reales sirven de apoyo y referencia para otras personas que sufren migraña y están buscando terapia psicológica en Bilbao o terapia online especializada. Seguimos trabajando con el mismo compromiso, profesionalidad y vocación para ayudar a mejorar la calidad de vida de quienes confían en nuestro acompañamiento terapéutico.
Si hay un problema, hay una solución. Escríbeme y buscamos una para el tuyo.
La era del individualismo y sus implicaciones psicológicas
El yoismo es un concepto que ha ganado relevancia en la sociedad contemporánea, caracterizándose por una fuerte orientación hacia el yo, la individualidad y la búsqueda de la autorrealización. A medida que el individualismo se ha arraigado en nuestra cultura, han surgido debates sobre sus efectos en la salud mental, las relaciones interpersonales y la estructura social. Este artículo examina las causas, consecuencias y perspectivas del yoismo desde un enfoque psicológico y social.
El yoismo tiene sus raíces en el cristianismo, que puso el acento en la salvación del alma individual. Después, el humanismo y corrientes filosóficas como el existencialismo, dieron más importancia al individuo y su capacidad para dar sentido a su vida. En psicología, autores como Carl Rogers y Abraham Maslow han promovido la autorrealización y el desarrollo del yo como aspectos esenciales del bienestar humano.
Mientras que el individualismo fomenta la autonomía personal y la autosuficiencia, el yoismo va un paso más allá, centrando la atención en el desarrollo personal sin una necesidad de conexión social profunda. Por otro lado está el ya famoso narcisismo, a causa de esa epidemia de narcisismo que vivimos. Parece que todos los ex del mundo son narcisistas, pero no, el narcisismo es un trastorno muy grave que a menudo se confunde con egoísmo, algo muy diferente.

Las redes sociales han intensificado la cultura del yo, proporcionando plataformas donde la validación externa y la autoimagen juegan un papel fundamental en la identidad personal. La necesidad de aprobación y la construcción de una identidad digital refuerzan el yoismo.
El modelo socioeconómico basado en la competencia y la meritocracia ha reforzado el individualismo, llevando a una priorización del éxito personal sobre el bienestar colectivo. La presión por destacar y diferenciarse en el ámbito laboral y académico ha fomentado una mentalidad centrada en el yo.


El declive de las estructuras familiares tradicionales y la disminución de la participación en comunidades han reducido la importancia de la conexión social, aumentando el enfoque en el crecimiento individual.
Mi participación en EITB para charlar sobre el yoísmo, esa tendencia tan actual de mirarnos demasiado el ombligo y cómo nos está pasando factura a nivel emocional. Si te interesa entender cómo influyen las redes y la cultura del «yo» en tu salud mental, te invito a echarle un vistazo a mi intervención:

El yoísmo puede afectar la calidad de las relaciones humanas, al hacer que la conexión con los demás sea más superficial y transaccional. La falta de empatía y la dificultad para comprometerse emocionalmente pueden generar conflictos y aislamiento.
Descubre el impacto del yoísmo en tu vida
Reflexiona sobre el individualismo y aprende estrategias para mejorar tus relaciones y bienestar. ¡Empieza hoy mismo!
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En el ámbito laboral
El liderazgo individualista puede ser beneficioso en algunos casos, pero también puede generar entornos competitivos poco saludables, reduciendo la cooperación y el trabajo en equipo.
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En la educación y el aprendizaje
La educación enfocada en el rendimiento individual refuerza el yoismo, mientras que un enfoque más colaborativo puede ayudar a equilibrar esta tendencia.
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En la política y la sociedad
El auge del yoismo se refleja en la participación política y en la manera en que las sociedades priorizan los derechos individuales sobre los valores comunitarios. Esto puede llevar a una falta de compromiso con causas colectivas.

Todo lo que hacemos en esta vida tiene que ver con los otros, por tanto el yoismo sólo tiene tiene sentido si está equilibrado:
El fortalecimiento de la empatía y la comprensión de los demás es esencial para contrarrestar los efectos negativos del yoismo. Prácticas como la escucha activa y la educación emocional son básicas. No escuchamos, aquí todo el mundo viene a hablar de su libro, y el mayor regalo que le podemos hacer a una persona es considerarla, escucharla y preguntarle cómo le va.
Participar en actividades comunitarias, voluntariado y grupos de apoyo puede reducir el aislamiento y fomentar el sentido de pertenencia.
Uso Consciente de la Tecnología y Redes Sociales
En general, los estudios no son concluyentes a la hora de demostrar que la salud mental mejore dejando las redes sociales de lada, sin embargo, en personas aisladas que viven pendientes del móvil, períodos de desconexión, podrían ayudar a equilibrar sus vidas.
El yoísmo es un fenómeno complejo que, si bien tiene aspectos positivos, puede generar muchos problemas. Encontrar un equilibrio entre el desarrollo personal y la conexión con los demás es clave para una sociedad más armoniosa; somos una especie que se debe a los demás, y no podemos tener una vida plena al margen de los demás.. Acercarnos a los demás con la intención de escuchar y de entender cómo se siente esa persona es el inicio de ese equilibrio.
La autoestima es el valor que me doy a mí mismo, cuánto me estimo. Se trata de una valoración personal que cada persona desarrolla a lo largo de su vida y que influye en su bienestar emocional, social y profesional. En este artículo, explicaremos cómo construir y fortalecer una autoestima sana, desmontaremos algunos mitos y ofreceremos estrategias prácticas para mejorarla.

Según el psicólogo William James, la autoestima corresponde a la distancia que hay entre cómo me veo y cómo me gustaría verme. Cuanto menor sea la distancia entre ambos, mayor es nuestra autoestima.
Desde los inicios de la psicología hasta ahora, muchos estudios se han ocupado de estudiar la autoestima, concluyendo que no es un rasgo fijo ni inmutable como el color de los ojos, sino una construcción dinámica que puede cambiar con el tiempo y las experiencias, tanto para empeorar como para empeorar, porque la autoestima no está determinada únicamente por factores internos, sino que también se ve influenciada por el contexto social y las experiencias individuales.
La autoestima es un tema ampliamente discutido que a menudo se simplifica en exceso. Veamos algunos mitos comunes:
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Muchas personas creen que se nace con o sin autoestima. Sin embargo la autoestima no es un don del cielo, es una conquista diaria que se desarrolla a través de experiencias, aprendizajes y relaciones… Nietzsche decía que en cuanto a seguridad personal se refiere, hay dos tipos de personas: aquellas que traen la seguridad desde la cuna (pocas y normalmente peligrosas), y aquellas que (la gran mayoría), da igual lo que consigan, siempre están luchando contra una inseguridad interna que, bien gestionada puede ser muy adaptativa.
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La identidad es un don social, son los otros los que me dicen quién soy. De hecho, para conocerse a uno mismo, es más eficaz preguntar a los otros que encerrarse en una habitación a reflexionar sobre nosotros. Sin embargo, si bien el apoyo social es importante, la autoestima debe provenir de una evaluación interna, no solo de los elogios o aprobación de los demás. Basar nuestra autoestima en la validación externa puede hacerla frágil ante la crítica o la falta de reconocimiento.
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Asumir retos puede ser positivo, pero fijarse objetivos inalcanzables o tratar de alcanzar un supuesto estado en el que se alcanza la seguridad 100%, genera una paradoja: como no existe tal estado, cuanto más lo busco más inseguro me siento, lo que se conoce como el síndrome del impostor.
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a autoestima no responde a criterios racionales, por mucho que te repitas a ti mismo lo mucho que vales, no va a cambiar. La autoestima se construye actuando, cambiando el comportamiento.
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uno de los mayores errores a la hora de trabajar la autoestima es dar pasos demasiado grandes. Cuanto más grande es el paso, más grande es la probabilidad de fallar y de volver, no sólo al punto de partida, sino a una desconfianza aún mayor.
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La autoestima es un concepto complejo que abarca distintas dimensiones:
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Autovaloración
La opinión que tenemos sobre nosotros mismos y cómo nos percibimos en diferentes ámbitos de la vida.
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Autoeficacia
La creencia en nuestra capacidad para lograr lo que nos proponemos y afrontar desafíos de manera efectiva.
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Reconocimiento del valor propio
La capacidad de apreciarnos sin depender de la validación externa, lo que implica una sana relación con la autocrítica.
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Capacidad de autocrítica constructiva
Evaluar nuestras acciones sin caer en la autodestrucción emocional, permitiéndonos aprender de los errores y fortalecer nuestra identidad.

Conócete a ti mismo. Identifica tus puntos fuertes, debilidades y valores esenciales. Según la terapia breve estratégica, cuanto más conscientes somos de nuestros patrones de pensamiento y comportamiento, mejor podemos manejarlos para fortalecer esa autoestima. Reflexiona sobre ti mismo y pregunta a tus personas de confianza cómo te ven en esas facetas que quieres cambiar o mejorar.

Fija metas alcanzables en aquellas áreas que son importantes para ti y avanza hacia ellas con paciencia: cuanto más grande es tu meta, más pequeños deben de ser los pasos que des. Evita compararte con otros y concéntrate en tu propio progreso, siempre habrá personas mejores que tú en todo, simplemente trata de mejorarte.

El problema nunca es fallar, es no corregir. Afrontando los malos momentos desarrollas la capacidad de superar problemas, reforzando la autoeficacia y la sensación de control.

Dedica tiempo al bienestar. Practica deporte, medita, lee o haz cualquier cosa que te aporte equilibrio y felicidad.

Rodéate de personas que te apoyen y te valoren. Evita personas que minan tu autoestima y aprende a poner límites cuando sea necesario. La calidad de nuestras relaciones influye directamente en la forma en que nos vemos a nosotros mismos.

Muchas veces minimizamos nuestros logros. Aprende a aceptar el reconocimiento con gratitud y sin restarle importancia. Construir una autoestima saludable implica validar nuestras fortalezas y aprender a celebrar los avances. Cuando recibas un cumplido, evita rechazarlo y simplemente responde con un «gracias» sincero.
Una gran autoestima está hecha de pequeños cambios
En la actualidad, el acceso inmediato a la información ha cambiado la forma en la que nos relacionamos con nuestra salud. Cada vez es más común que las personas recurran a Internet para buscar información sobre síntomas y enfermedades, pero ¿qué pasa cuando esta búsqueda se convierte en una obsesión? Esto es lo que se conoce como cibercondría, un trastorno que puede generar ansiedad y afectar la calidad de vida.
La cibercondría es un fenómeno caracterizado por la búsqueda compulsiva de información médica en Internet, lo que puede provocar un aumento en la ansiedad y el miedo a padecer enfermedades graves. A diferencia de la hipocondría tradicional, la cibercondría se ve alimentada por la sobrecarga de información, muchas veces contradictoria o alarmista, disponible en la web.
Algunos de los síntomas más comunes de la cibercondría incluyen:
Recientemente, tuve la oportunidad de hablar sobre este problema en el medio de comunicación EITB. Durante la entrevista, abordamos las causas y consecuencias de la cibercondría, así como estrategias efectivas para manejar la ansiedad relacionada con la salud.
Aquí puedes ver mi intervención completa:
En la entrevista, explico cómo la sobreinformación en Internet puede distorsionar nuestra percepción de la realidad y cómo es fundamental aprender a filtrar la información de manera crítica. Además, comparto consejos prácticos para evitar caer en un ciclo de ansiedad y preocupación constante por la salud.
Es una técnica conocida con el nombre de cómo empeorar, que se basa en una lógica no ordinaria: en vez de pensar cómo alcanzar nuestras metas, pensaremos en cómo no alcanzarlas. Esta técnica parte de una estratagema china que dice: si quieres enderezar algo, primero aprende a torcerlo aún más.
Debemos preguntarte: si yo quisiera asegurarme de que voy a volver a fracasar con mis propósitos, ¿qué tendría que hacer o dejar de hacer?
Te darás cuenta de que para volver a fracasar, sólo tienes que volver a plantear tus propósitos de la misma forma que has hecho años atrás, que principalmente consisten en:
La fuerza de voluntad es la fuerza menos confiable del universo, no podemos fiar nuestros objetivos a la fuerza de voluntad, porque vamos a fracasar. Nuestra mente tiende al ahorro de energía, y la fuerza de voluntad es muy escasa.
Tienes que crear un entorno que facilite aquello que quieres conseguir.
Por ejemplo:

Es preferible apuntarse al gimnasio cutre de debajo de casa que a ese molón que está a 30 min.

Tener comida sana en casa. Si quieres cambiar tu alimentación pero parece una tienda de chuches, mal vas…

Hacerse con una aplicación que nos limite el acceso a las RRSS. Proponerte no acceder a las RRSS cuando las tienes ahí a un click, no funciona, hazlo complicado.


Participación en este medio para hablar de los propósitos del nuevo año.
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Las personas no fallamos en nuestros propósitos porque no estemos lo suficientemente concienciados con la salud o el ejercicio físico, son las emociones las que nos sabotean, y tratar de mentalizarnos no va a funcionar para manejarlas.
La palabra motivación viene de movimiento, esto es, es consecuencia de lo que hacemos. Si esperamos a estar motivados para empezar, es probable que no empecemos nunca. Tenemos que empezar sin ganas a dar pequeños pasos, la motivación será una consecuencia de lo que vayamos logrando.
Empieza sin ganas, las ganas vendrán…

Tener objetivos es esencial: para el marinero que sabe a dónde va, todos los vientos son gestionables, para el que no sabe a dónde va, todos son desfavorables, que decía Séneca.
Un buen objetivo debe de ser:
Normalmente no fallamos en los objetivos porque sean muy ambiciosos, sino porque damos pasos demasiado grandes que nos llevan al fracaso y al abandono.
La clave para conseguir grandes cosas es aprender a dar pequeños pasos: vista larga, paso corto. Cuanto más grande es el propósito, más pequeño debe de ser el paso, no hay paso demasiado pequeño.
Como decía Jhon Weakland, cada pequeña cosa que haces te lleva a otra pequeña cosa que te lleva a otra, si te centras en hacer la más pequeña y luego la siguiente, y la siguiente… pronto te verás haciendo cosas grandes, habiendo hecho sólo pequeñas.
La clave: los hábitos.
Los hábitos son como trenes que nos llevan a donde queremos llegar. De hecho somos aquello que hacemos repetidamente, decía Aristóteles, la excelencia es un hábito. Entonces lo primero es construir ese tren. Por ejemplo, si nunca has hecho ejercicio de forma rutinaria, no empieces con una hora diaria, proponte hacer 10 – 15 min al día para construir el hábito y más adelante vas aumentando el tiempo.
Puede también que quieras quitar algún mal hábito, y el problema de los malos hábitos es que suelen estar basados en el placer, y el placer ofrece la resistencia más sublime, de hecho los problemas basados en el placer son más resistentes que los basados en el miedo.
Lo primero que tienes que preguntarte es ¿ese hábito lo quiero erradicar de mi vida o lo quiero normalizar?
Si lo quiero normalizar me lo tengo que conceder. Por ejemplo, los dulces o la comida basura: decía Oscar Wilde que la única forma de librarse de la tentación es caer en ella, y si yo me concedo de vez en cuando un capricho, podré gestionar esas tentaciones.
Por ejemplo, en vez de tratar de no beber más cerveza, concederse todos los días una cerveza de la marca que más le gusta de la forma que más le gusta en el sitio que más le gusta. Cuanto más placer le pongas, menos vas a beber y más control vas a tener sobre la cerveza.

Si lo quiero erradicar lo tengo que ritualizar: hacerlo obligatorio para convertir el placer en tortura. Por ejemplo en el porno, se obliga a la persona a verlo a unas determinadas horas para manejar la compulsión.
Spoiler: no funciona con el tabaco o la cocaína porque hay una sustancia de por medio.
Recuerda, para conseguir tus propósitos del nuevo año, huye de la fuerza de voluntad y los grandes cambios, y crea un entorno que te facilite hacer lo que tienes que hacer para conseguir esos propósitos.
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No podemos cambiar una vida de un día para otro, pero sí su dirección.

El fin último es el dinero. Quién te dice que el dinero no es importante en un sistema capitalista como el que vivimos, te engaña vilmente. El dinero es importante para aquellas cosas que dependen del dinero, y en este mundo dependen muchas cosas del dinero, no puedes ser feliz sin dinero en este mundo.
De hecho, esta sociedad funciona sobre la lógica de la insatisfacción que lleva a consumir, y las redes sociales nos desvían a tratar de conseguir un sucedáneo de felicidad, la llamada felicidad mercantil, donde la felicidad ya ni siquiera está en tener sino en comprar.
Han conseguido que nos sintamos bien comprando, ni siquiera disfrutando aquello que compramos. Es como en las adicciones, que la persona disfruta más imaginando cómo va a ser ese momento que del propio momento.
En esta sociedad consumir es un acto altruista, porque si no consumimos esto se para. Ya no cambiamos de zapatos cuando se rompen sino cuando pasan de moda o vemos a un paisano famoso con el último modelo. Sin embargo, eso no es felicidad, la felicidad es una consecuencia de lo que hacemos, y consumir es un sucedáneo vacío.
¿Te sientes abrumado por la ansiedad?
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No recomiendo ni meditación ni mindfulness para gestionar tu malestar. Ya tenemos demasiada introspección, eso de voy poner atención al desayuno para disfrutarlo y aprender así a gozar de los momentos mundanos es una castaña de recomendación. La felicidad no se consigue pensando o tomando conciencia, hay que pasar a la acción:
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Siempre habrá personas más guapas, que tengan más dinero, más éxito… Sin embargo, la vida no es una carrera en la que todos partimos a la vez y de la misma salida, nos encontramos en el mismo circuito pero venimos de circunstancias muy diferentes, comparar vidas es absurdo. Entonces, evita comparaciones, evita las redes sociales todo lo que puedas.
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El objetivo es aprender a encauzar esa tendencia natural de querer ser feliz y tener cosas, de forma que no sea puramente mercantil y consumista como buscan las redes sociales. La clave está en la acción. Nietzsche decía: conviértete en aquello que eres. La tarea más importante de la vida de una persona es encontrar aquello que se le da bien y exprimirlo.
Más allá de lo que son o tienen los demás, mejórate tú: ¿en qué puedes mejorar?
Con objetivos alineados con la verdadera felicidad: que está en descubrir los propios límites, no en consumir. No busques ese momento ideal en sí mismo porque lo bloqueas, haz cosas que inevitablemente te lleven a él. Esos momentos ideales serán consecuencia de la vida que llevas.
En el fondo el sistema capitalista es muy sencillo: te devuelve en función de lo que aportas. ¿Por qué un futbolista gana mucho dinero? porque hay mucha gente dispuesta a pagar por ver lo que hace.
¿En qué eres bueno? “Sólo” tienes que buscar aquello que el sistema necesita y que a ti se te da bien. El dinero, la satisfacción y la felicidad serán una consecuencia de eso.