Cómo manejar el miedo a no estar a la altura

No hacer algo por miedo al fracaso es como suicidarse por miedo a morir

Vivimos una epidemia de inseguridad. Las personas con miedo a no estar a la altura, que no se sienten adecuadas o sienten que tienen algún defecto que no les permite desarrollar plenamente su vida. La trampa es buscar esa certeza que nadie tiene, en vez de elaborar esa sensación de inadecuación porque, cuanto más la busques, menos la vas a encontrar y más inadecuado te vas a sentir.

Puede ser respecto al aspecto físico, a la capacidad de trabajo, a la inteligencia, a la cultura… que se va transformando en una sensación generalizada.

Unas veces esa sensación viene de los estándares que impone la sociedad de las redes sociales; otras es el propio juez interno de la persona el que se convierten en un despiadado inquisidor que exige unos estándares inalcanzables.

Lo curioso es que normalmente, el resto del mundo ve a esas personas como muy capaces, amplifícando la sensación de inadecuación por el temor a ser descubierto como un impostor.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es la diferencia entre lo que creemos que somos, y lo que nos gustaría ser. No es una medida objetiva porque, hay personas que, sin tener grandes atributos ni haber conseguido apenas logros, la tienen por las nubes, mientras otras repletas de éxitos, se sienten muy pequeñitas y viven con un constante miedo a no estar a la altura.

En palabras de Giorgio Nardone, la autoestima no es un don del cielo, no se hereda, se construye. Ir afrontando los desafíos que la vida te impone es la mejor forma de construirla. Evitando evitar, dando pequeños pasos que nos conduzcan a esa seguridad. En palabras de John Weakland:

Cada cosa lleva a otra cosa, que a su vez lleva a otra cosa… Si te concentras en hacer la más pequeña, y luego la siguiente, y así sucesivamente, habrás hecho grandes cosas habiendo hecho tan solo pequeñas cosas.

El mayor problema a la hora de progresar, es que las personas empiezan dando pasos demasiado grandes que tienen muchas más probabilidades de fracasar, confirmando su idea de inadecuación.

Miedo al fracaso

Algunas personas viven en una lucha constante contra ellos mismos, esclavizados por un juez interno que se convierte en un verdadero inquisidor, llegando a ser peor que el jefe más despiadado.

Según Nietzsche hay dos clases de persona en cuanto a seguridad personal se refiere:

  1. Aquellos a los que la seguridad en sí mismos les viene de cuna.
  2. Los que siempre se verán obligados a luchar contra un inquisidor interno.

Por ejemplo,

  • Si tienes la sensación de ser un trabajador mediocre pero tus compañeros siempre van a que les soluciones todos sus problemas, quizá la mediocridad que sientes, es cosa de tu inquisidor y no algo palpable.
  • Si llevas tiempo asustado por el miedo a que pase algo, tienes la certeza de que algo va a ir mal o el miedo a no estar a la altura te asalta constantemente, pero sin embargo nunca pasa nada, tu problema está más en el inquisidor interno y no tanto en el mundo.
  • Si la ansiedad y la angustia son una constante que hacen que tu vida sea como ir cada mañana al frente a luchar como un soldado, tu inquisidor está por las nubes.

Tienes que regular tu juez interno.

Que tengas un inquisidor interno es una gran noticia porque, como reza un conocido koan japonés, es el miedo a no estar a la altura lo que nos impulsa a mejorar  Sin embargo, cuando ese inquisidor está mal regulado, se convierte en un torturador que, lejos de ayudarte a mejorar, impide tu desarrollo.

Este inquisidor, nunca te lo quitarás de encima, así que el objetivo no es eliminarlo sino regularlo, que trabaje para ti y no contra ti.

Por tanto, buscar un psicólogo en Bilbao que te ayude a regularlo, escuchándolo y cuestionando si eso que te dice es verdad o, por el contrario, no parece muy atinado. Has de hacer como Ulises cuando se hizo atar al mástil de su barco para no sucumbir a los cantos de las sirenas y poder seguir su rumbo. 

Miedo al futuro

La otra herramienta muy útil para regular el inquisidor interno es la llamada profecías catastróficas:

Cada mañana, antes de salir de casa, dejando que tu inquisidor interno campe a su anchas, escribirás en una hoja todo aquello que puede ir mal durante el dia. A la noche comprobarás cuáles han pasado y cuáles no. 

Lo más probable es que pocas de las propuestas de tu juez interno sucedan, lo que te dará una perspectiva más real sobre aquello que debes temer y aquello que no.

Para saber más: L’ingannevole paura di non essere all’altezza.

Roberta Milanese

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No hacer algo por miedo al fracaso es como suicidarse por miedo a morir

Vivimos una epidemia de inseguridad. Las personas con miedo a no estar a la altura, que no se sienten adecuadas o sienten que tienen algún defecto que no les permite desarrollar plenamente su vida. La trampa es buscar esa certeza que nadie tiene, en vez de elaborar esa sensación de inadecuación porque, cuanto más la busques, menos la vas a encontrar y más inadecuado te vas a sentir.

Puede ser respecto al aspecto físico, a la capacidad de trabajo, a la inteligencia, a la cultura… que se va transformando en una sensación generalizada.

Unas veces esa sensación viene de los estándares que impone la sociedad de las redes sociales; otras es el propio juez interno de la persona el que se convierten en un despiadado inquisidor que exige unos estándares inalcanzables.

Lo curioso es que normalmente, el resto del mundo ve a esas personas como muy capaces, amplifícando la sensación de inadecuación por el temor a ser descubierto como un impostor.

¿Qué es la autoestima?

La autoestima es la diferencia entre lo que creemos que somos, y lo que nos gustaría ser. No es una medida objetiva porque, hay personas que, sin tener grandes atributos ni haber conseguido apenas logros, la tienen por las nubes, mientras otras repletas de éxitos, se sienten muy pequeñitas y viven con un constante miedo a no estar a la altura.

En palabras de Giorgio Nardone, la autoestima no es un don del cielo, no se hereda, se construye. Ir afrontando los desafíos que la vida te impone es la mejor forma de construirla. Evitando evitar, dando pequeños pasos que nos conduzcan a esa seguridad. En palabras de John Weakland:

Cada cosa lleva a otra cosa, que a su vez lleva a otra cosa… Si te concentras en hacer la más pequeña, y luego la siguiente, y así sucesivamente, habrás hecho grandes cosas habiendo hecho tan solo pequeñas cosas.

El mayor problema a la hora de progresar, es que las personas empiezan dando pasos demasiado grandes que tienen muchas más probabilidades de fracasar, confirmando su idea de inadecuación.

Miedo al fracaso

Algunas personas viven en una lucha constante contra ellos mismos, esclavizados por un juez interno que se convierte en un verdadero inquisidor, llegando a ser peor que el jefe más despiadado.

Según Nietzsche hay dos clases de persona en cuanto a seguridad personal se refiere:

  1. Aquellos a los que la seguridad en sí mismos les viene de cuna.
  2. Los que siempre se verán obligados a luchar contra un inquisidor interno.

Por ejemplo,

  • Si tienes la sensación de ser un trabajador mediocre pero tus compañeros siempre van a que les soluciones todos sus problemas, quizá la mediocridad que sientes, es cosa de tu inquisidor y no algo palpable.
  • Si llevas tiempo asustado por el miedo a que pase algo, tienes la certeza de que algo va a ir mal o el miedo a no estar a la altura te asalta constantemente, pero sin embargo nunca pasa nada, tu problema está más en el inquisidor interno y no tanto en el mundo.
  • Si la ansiedad y la angustia son una constante que hacen que tu vida sea como ir cada mañana al frente a luchar como un soldado, tu inquisidor está por las nubes.

Tienes que regular tu juez interno.

Que tengas un inquisidor interno es una gran noticia porque, como reza un conocido koan japonés, es el miedo a no estar a la altura lo que nos impulsa a mejorar  Sin embargo, cuando ese inquisidor está mal regulado, se convierte en un torturador que, lejos de ayudarte a mejorar, impide tu desarrollo.

Este inquisidor, nunca te lo quitarás de encima, así que el objetivo no es eliminarlo sino regularlo, que trabaje para ti y no contra ti.

Por tanto, buscar un psicólogo en Bilbao que te ayude a regularlo, escuchándolo y cuestionando si eso que te dice es verdad o, por el contrario, no parece muy atinado. Has de hacer como Ulises cuando se hizo atar al mástil de su barco para no sucumbir a los cantos de las sirenas y poder seguir su rumbo. 

Miedo al futuro

La otra herramienta muy útil para regular el inquisidor interno es la llamada profecías catastróficas:

Cada mañana, antes de salir de casa, dejando que tu inquisidor interno campe a su anchas, escribirás en una hoja todo aquello que puede ir mal durante el dia. A la noche comprobarás cuáles han pasado y cuáles no. 

Lo más probable es que pocas de las propuestas de tu juez interno sucedan, lo que te dará una perspectiva más real sobre aquello que debes temer y aquello que no.

Para saber más: L’ingannevole paura di non essere all’altezza.

Roberta Milanese

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