El Trastorno por Estrés Postraumático a propósito de la guerra en Ucrania

Categoria: Otros trastornos

David Sojo Picólogo Psicoterapeuta en Bilbao El Trastorno por Estrés Post Traumático a propósito de la guerra en Ucrania

Poder ¿qué poder?

La guerra es casi tan antigua como el ser humano. Instrumento de poder y control, ha sido y es la forma de hacerse con los recursos de otros. Los objetivos de las guerras, así como sus formas, han ido cambiando. Ahora son más soterradas y menos beligerantes y, aunque algunas siguen persiguiendo el acceso a recursos naturales, las fuentes de poder y control actuales, derivan (y derivarán más aún) del conocimiento. 

Pero Putín, ebrio de un sentimiento patriótico caduco, invade Ucrania generando un horrible sufrimiento, cuando, si realmente quisiera hacer una Rusia puntera, debería desarrollar un Silicon Valley ruso, la mayor fuente de poder y control.

El sufrimiento de la guerra

La palabra guerra proviene del germánico werra y quiere decir desorden, pelea. De ahí war en inglés, wirren en alemán o guerre en francés. Pocas cosas como una guerra pueden generar tanto sufrimiento en el ser humano, y no sólo para los combatientes. Se estima que el 80% de las víctimas de una guerra son civiles. Huir supone perderlo todo. Quedarse supone arriesgarse a las mayores atrocidades: torturas, abusos sexuales…

El Trastorno por Estrés Postraumático que puede generar una guerra

Uno de los cuadros más comunes entre las personas que viven una guerra es Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), único diagnóstico del DSM con etiología psicológica: experiencias vividas que generan un trauma. La palabra trauma significa herida, en este caso psíquica, una emoción que incide profundamente en la personalidad de la persona.

El Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT) es un impacto que genera un antes y un después, que impide a la persona retomar su vida

Diferentes nombres para los mismos síntomas 

Cada época histórica ha interpretado los síntomas (pesadillas, insomnio, flashbacks, etc.) de forma diversa: 

  • En 1572 Carlos IX de Francia presentó síntomas de este tipo tras la matanza de San Bartolomé. 
  • En 1871, el médico Jacob Mendes da Costa, estudiando a los convalecientes de la guerra civil americana, acuñó el término corazón irritable para aquellos dolores en el pecho en ausencia de enfermedad cardiaca. Tras la Primera Guerra Mundial, pasó a llamarse corazón del soldado o shock de la granada
  • Tras el conflicto ruso-japonés de 1904 se introdujo el término neurosis de guerra, que consistía en parálisis y bloqueo de las emociones. 
  • Tras la Segunda Guerra Mundial pasó a llamarse neurosis de combate, y se consideraba una característica de las personas débiles. 
  • El atroz conflicto de Vietnam, donde el 25% de los soldados padecieron esos síntomas, fue cambiando esa visión.

Qué ocurre en el Trastorno por Estrés Postraumático

La persona revive constantemente el episodio o episodios traumáticos. Por ello trata de olvidar y evita cualquier cosa que le recuerde el trauma, para quitarse de la mente esas imágenes, pero fracasa estrepitosamente: para no pensar, he de pensar en aquello en lo que no quiero pensar, por lo que acabo pensando doblemente. 

Superar el Trastorno por Estrés Postraumático

Para superar el TEPT, hemos de conseguir que la persona haga eso que evita a toda costa: pensar en lo sucedido. Ha caído en el infierno, y la única forma de salir es pasar por el medio. Ha de tener el valor de pasarlo mal para dejar de pasarlo mal, algo que según Ciorán, le falta a casi todo el mundo.

En el TEPT no hay medias tintas, o se supera o no se supera. Si la persona escribe cada día con todos los detalles posibles lo sucedido, lo va elaborando. Si no conseguimos que la persona lo haga, no se supera. Sin embargo, meterse a escribir sobre ello da miedo y se necesitan grandes dosis de persuasión, la persona ha de sentir que te duele pedirle eso. 

En el fondo no le estás pidiendo nada que no haga ya, porque no puede no pensar en ello.

Según las estadísticas, las víctimas de una guerra son en su mayoría civiles, mayormente mujeres y niños. De hecho las violaciones han sido siempre un arma de guerra, humillan a las mujeres y fracturan familias, además del peligro de las enfermedades contagiosas.

Los niños también pueden sufrir abusos de todo tipo, o ser usados como soldados. En este escenario, la angustia y la depresión campan a sus anchas. 

El malestar psicológico a lo largo de una guerra

Los ucranianos que han tenido que huir dejando todo, o aquellos que se quedan y están padeciendo los bombardeos, en un principio sufren ansiedad, una respuesta de lucha y huida, que se siente en el pecho y persigue poner en marcha los recursos del organismo para hacer frente a la amenaza. Sin embargo, esa ansiedad se va transformando en angustia, una activación que ya no busca recursos, se siente en el estómago y tiene que ver con la rendición.

Más adelante puede aparecer la depresión, un estado en que cesa la activación y la persona ya no lucha sino que renuncia. La depresión tiene mucho más que ver con la falta de esperanza que con la falta de serotonina, y en esta guerra va a haber muchas personas que, tras perder familiares, trabajos, casas… perderán la ilusión por recuperar el proyecto de vida que han perdido.

Los anhelos patrióticos de Putin no le dejan ver que el poder está en el conocimiento

Todo esto se debe a un Putin que quiere recuperar el esplendor de la antigua Unión Soviética, en un mundo en el que ya no cabe. Esto no es nuevo, hace no tanto Hitler quiso recuperar el esplendor del Sacro Imperio Romano Germánico y la idea de Mussolini era revivir el Imperio Romano que controlaba el mediterraneo. Fallaron, como fallará Putín, no sin dejar un reguero de sangre y sufrimiento. 

A Putin, un ex agente de la KGB, sus anhelos patrióticos no le dejan ver que vivimos en la era de la técnica. Eso quiere decir que se busca a toda costa el máximo rendimiento con el mínimo gasto. 

En los años 60, la Unión Soviética era una de las grandes potencias a nivel de técnica, tanto que fueron los primeros en lanzar un satélite al espacio, el famoso Sputnik. 

En los 90, cuando colapsa, está a años luz de EEUU, su gran competidor. La Unión Soviética colapsó porque no se adaptó a la era de la técnica, y Putín, borracho de poder, anhela recuperarla haciendo más de aquello que no funcionó.

Hoy día, para hacer un imperio debería invadir Silicon Valley, porque el poder cada vez depende más del conocimiento, y menos de los recursos naturales de los territorios. 

Decía Ortega y Gasset que los estados se construyen con fuerza, pero también con seducción. Putin tiene la fuerza pero no seduce a nadie con sus ideas caducas: ni a ucranianos ni a rusos ni al resto del mundo.

La guerra desde la distancia

Que nos afecte la guerra es una buena señal, porque occidente es ahora mismo una sociedad que no tolera lo que está haciendo Putin, de ahí ese rechazo unánime. 

Hace 100 años la opinión pública era mucho más benévola con las guerras, hoy no se tolera lo que estamos viendo. La partida geopolítica está en marcha y no sabemos cuánto se alargará. Sí que dejará un reguero de sufrimiento que, como sociedad, debemos amparar.

Las noticias que nos llegan sobre la guerra, no son fáciles de digerir y, en algunas personas crean un profundo malestar. Tratar de relativizar y de relajarse para manejar la ansiedad, puede funcionar cuando la ansiedad está en 5 o 6; cuando estamos en 8, 9 0 10, no funciona.

Otra estrategia habitual es el pensamiento positivo, tan de moda como dañino. Occidente y cristianismo van de la mano, y aunque ahora mismo poca gente se considera cristiana, todos somos cristiananos. Porque el cristianismo es más que una religión, es una cultura que, como dice Nietzche, basó su éxito en asegurarnos que no moriremos. Para el cristianismo el futuro siempre es positivo:

  • Pasado: pecado original
  • Presente: redención
  • Futuro: salvación

Sin embargo el futuro no siempre es positivo, y la expectativa de que todo irá bien, hace el viaje atractivo pero decepcionante el destino.

Pensar positivo funciona cuando es espontáneo, a la persona le sale solo, o cuando la persona ya ha tenido experiencias de éxito concretas.

Cuando lo forzamos se vuelve totalmente en contra: si le pides a un deprimido que se anime, se hunde aún más.

Esperar que todo vaya a ir bien, es una ilusión que complica la aceptación de aquello trágico, pero muchas veces inevitable y consustancial al mundo en que vivimos. Un mundo, cuanto menos, difícil. 

Hemos de distinguir entre ansiedad y angustia. La ansiedad es el arranque de motores del organismo para hacer frente a un peligro percibido, se siente en el pecho y sólo es disfuncional cuando pasa de cierto nivel, o la amenaza no es tan grave como para responder así.

La angustia nunca es buena. Se siente más en el estómago y está unida a la desesperanza, la persona ya no ve salida, es una activación improductiva porque no lleva a la persona a actuar sino a deprimirse.

Manejar los miedo sobre la guerra

Se calcula que llegan a suceder el 5% de aquellas cosas que nos preocupan, así que hemos de aprender a filtrar. ¿Cómo?

Profecías catastróficas 

Cuando las preocupaciones se refieren a cosas que nos pueden pasar durante el día. Al levantarnos escribimos en un papel todo lo peor que podría pasar durante el día. Dejamos pasar el día, y a la noche chequeamos a ver cuán buenos somos como futurólogos. Normalmente no sucede nada de lo que hemos escrito y nos permite ir ajustando esos pensamientos. Puede pasar que algo sí suceda y nos permita ver qué sí es un peligro real y qué no.

Cuando son preocupaciones sobre el futuro pero más difusas

Cuando no son cosas que podemos verificar en el día, dedicamos un rato al día a pensar en todo aquello que nos preocupa. Se basa en la estratagema de apagar el fuego echando más leña, porque nuestros pensamientos son paradójicos: cuanto más quiero no pensar, más pienso. Mientras más trato de pensar en ello, menos me viene. 

Es como ver una película de miedo: la primera vez te da mucho miedo. Si la ves una segunda vez, ya sabes cuando le matan… y cuando la has visto 17 veces, ya no te genera esa emoción.

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