La anorexia juvenil es un trastorno perverso: según la OMS ya es la 2ª causa de muerte entre los jóvenes, por detrás de los accidentes de tráfico. Sin embargo, las niñas y adolescentes que padecen esta patología, lejos de temerla, con frecuencia la viven como una especie de virtud o culto a la que se entregan.

Esto demuestra lo complicado y tortuoso que resulta para las familias que viven este problema, ayudar a sus hijas a salir de una espiral retorcida, de la que creen ser protagonistas, cuando son sólo unas víctimas.

Sabemos que sobre todo al principio de disminuir la cantidad de comida, es normal que se produzca un aumento de las endorfinas, las mismas que aparecen en el orgasmo o el enamoramiento. No en vano, a lo largo de la historia y en muchas culturas, no comer ha sido el camino hacía el éxtasis en ritos religiosos y esotéricos.

 

No comer puede provocar sensaciones de felicidad, tranquilidad o euforia, gracias a la labor de las endorfinas

Por si las razones fisiológicas no bastasen, vivimos en una época de culto a la delgadez, con unos modelos anoréxicos que poco tienen que ver con los de otras épocas, como por ejemplo, los atléticos de los años 80.

Las modelos, actrices, presentadoras o princesas actuales, el espejo en el que muchas niñas y adolescentes se miran, gastan unas escuálidas tallas que meterán a muchas adolescentes en una espiral diabólica, en su afán por parecerse a ellas.

La era digital en la que vivimos tampoco ayuda a frenar los trastornos de la conducta alimentaria. Las redes sociales como Instagram o Facebook, repletas de fotos, propician que las adolescentes puedan compararse continuamente con otras chicas, aumentando los complejos corporales.

Todo esto en una edad en la que encajar con sus iguales y sentirse parte del grupo, es una de sus mayores necesidades. Este y otros factores han hecho que la edad de inicio de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) está descendiendo cada vez más, apareciendo casos en niñas de 7 años.

Además, estas redes también son usadas para exaltar el trastorno. Es fácil encontrar cuentas en las que se comparten recomendaciones para adelgazar y en las que las chicas se refuerzas las unas a las otras contándose sus «progresos».

 

El contacto entre las anoréxicas es como echar gasolina al fuego

En un trastorno que se vive con esa parte de satisfacción, los tratamientos grupales no funcionan. Lejos de ayudarlas a tomar conciencia y a salir del trastorno, les ayuda hundirse todavía más. Se sienten entendidas y encuentran un grupo de pertenencia por el que llegan a sentir gran fidelidad, compartiendo trucos para no comer, vomitar, hacer ejercicio o eludir la vigilancia de adultos o cuidadores.

La salud del ser humano depende de un frágil equilibrio con su entorno, en el que cambios aparentemente inofensivos, o incluso beneficiosos en principio, pueden afectarle. La abundancia de comida, que no parece tener ninguna contraindicación, es uno de los factores que permite el desarrollo de los trastornos de la conducta alimentaria como la anorexia.

En los países con escasez de comida, los trastornos de la conducta alimentaria, apenas tienen incidencia. En los países occidentales, la anorexia estaba reservada a familias nobles y ricas que nadaban en la abundancia, y en las cuáles la comida no tenía valor.

Sólo aquello escaso, difícil de conseguir y fácil de perder, se valora. Actualmente, una clase media en la que la comida, aún pudiendo no ser de calidad, abunda, se ha subido al carro de este tipo de trastornos.

 

Cómo tratar la anorexia

La mejor forma de tratar la anorexia es prevenirla. Las familias poco pueden hacer para cambiar la tendencia a valorar la delgadez de la sociedad actual, son modas que van cambiando y sobre los que no es fácil influir. Sin embargo, una parcela en la que tienen mucha influencia, es en inculcar el valor de la comida, la forma más eficaz de prevenir la anorexia. Por ejemplo:

  • Tienen que ver en nosotros un aprecio por la comida. Si nosotros nos comportamos de modo caprichoso con la comida, ellas no le darán valor.
  • A las hijas no se les da a elegir entre un montón de platos, como si estuvieran en un restaurante; si no quieren lo que hay, no cambiamos de menú.
  • La comida que sobra no se tira, se guarda para el día siguiente.
  • Todo esto desde bien pequeños.

 

Una vez que el trastorno está asentado, el tratamiento psicológico tiene como objetivo principal restablecer el placer de comer y manejar el miedo a perder el control de la dieta. Las niñas con este problema se aferran a la abstinencia porque, como decía Agustin de Hipona, la completa abstinencia es más fácil que la moderación perfecta, y en el ayuno tienen mayor sensación de control.

La anorexia toma diferentes formas dependiendo de lo que hace la niña para controlar el peso. Sin embargo, todas tienen un fondo común: el miedo a engordar. Un miedo que se puede manejar con unas estrategias que, pueden mantenerse en el tiempo porque funcionan, o cambiar porque ya no dan resultado o porque se encuentran otras más «efectivas».

Las más comunes son:

  • Anorexia pura: basada únicamente en la restricción de alimentos.
  • Anorexia con exercising: Hacer mucho ejercicio físico para no engordar. Puede no haber una restricción de comida importante con una actividad física desmedida.
  • Anorexia con binge eating: cuando la tentación de comer se hacer irrefrenable y acaba en un brutal atracón, que la introduce en una espiral de ayunos y atracones.
  • Anorexia con vomiting: cuando el remedio para no engordar es vomitar la comida. Quizá sea la forma más peligrosa porque provoca un desequilibrio electrolítico que pone en riesgo su vida. Además, vomitar puede llegar convertirse en un fin, llegando a considerarse el placer más sublime.

 

El psicólogo debe adaptar la intervención dependiendo de lo que esté haciendo esa niña para adelgazar, pero hay factores comunes. El tratamiento ha de ir enfocado a que sienta, y no tanto a que entienda. Suelen ser muy buenas estudiantes, lógicas, racionales y responsables, por lo que se debe potenciar la sensación.

Además hay que tratar de que recupere el placer en otras parcelas de su vida, porque no sólo renuncian al placer en lo referente a la comida, lo restringen a todas las áreas de su vida, y por ejemplo en las relaciones íntimas también suele haber dificultades.

Teniendo en cuenta que hablamos de una niña o adolescente que aún depende por entero de sus padres, la familia tiene un papel esencial el tratamiento. La mayoría de la veces se forma un doble vínculo entre los padres y la hija, un chantaje en el pierden hagan lo que hagan. En la anorexia toma esta forma:

 

si me quieres, deja que no coma

 

Otro de los cometidos del psicólogo será reestablecer la jerarquía familiar y sacar a la luz todos esos «juegos»con los que, en ocasiones, la hija tiene dominados a los padres.

La anorexia juvenil es un trastorno complicado que requiere un tratamiento especializado y echar mano de todos los recursos. Cada vez se entiende mejor y hay más conciencia. En Bilbao tenemos hospitales con unidades especializadas, y el servicio público de salud, Osakidetza, cada vez destina más recursos a tratar los trastornos de la conducta alimentaria.

Es posible reencauzar la vida de una hija con anorexia. Si hay una familia implicada en ayudarla, todo es posible. Consulta tu caso.

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Hola, me gustaría saber si me puedes ayudar con mi problema relacionado con...
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