Un buen padre vale más que cien maestros

Rousseau

 

Que tu hija tenga rabietas y pataletas no es el problema. Que se enfade y se frustre cuando no consigue lo que quiere, indica que está descubriendo que esta vida tiene mucho que ver con la frustración. El problema es no tener un guía que le ayude a gestionar esas emociones.

Sin embargo tiene la suerte de tener a ti, su entrenadora de vida. La persona que le ayudará a gestionar sus emociones para desenvolverse cada vez mejor en el mundo que está empezando a descubrir.

Un niño no tiene que estar siempre feliz. Los momentos de rabieta o pataleta son una forma de gestionar el miedo o las situaciones que aun no entiende.

Ante ellas, lo primero que debemos de tener claro es el objetivo:

 

que aprenda a gestionar su frustración

 

Si tu objetivo es que deje de llorar y patalear, has perdido. Ser una buena entrenadora no es hacer que las emociones desaparezcan; es ayudarle a que las gestione por sí mismo.

 

Cómo no manejar las pataletas de niños

  1. Ceder ante su rabieta. Si cedes de vez en cuando ante su rabieta, aprende que, si llora más fuerte, logra salirse con la suya, con lo que es probable que las pataletas sean cada vez más violentas. Además la norma no queda clara, algo que le provocará inseguridad. Los niños por un lado quieren salirse con la suya, pero por otro, tener un referente (tú) que les marca límites claros, les hace sentirse más seguros. Es más, las niñas con padres que no les ponen límites, tienden a buscar referentes fuera de la familia (un profesor, un entrenador…) porque los de casa no les dan confianza. El problemas es que ese referente también puede acabar siendo un maleante que transmite seguridad, pero le lleva por el mal camino.
  2. Descontrolarte. Es normal perder los papeles alguna vez. Sin embargo hay que procurar que no sea la norma: si tú descontrolas le enseñas a descontrola; si mantienes la calma ella tenderá a serenarse.
  3. Mantener el enfado. Cuando la pataleta ha pasado y ha visto que no ha conseguido nada, no sigas manteniendo el enfado. A ellos se les pasa rápido y no entenderán que sigas enfadado.
  4. Decirle que no llore. Al contrario, animale a que exprese su malestar.

 

Cómo manejar las rabietas de niños

  1. Anticípate. La mayor parte de las pataletas y rabietas son previsibles, porque se dan en situaciones que no le gustan: ducharse, lavarse los dientes, no comprarle algo en el super… Por ejemplo: en 10 minutos vamos a la ducha. Ya sé que no te gusta, así que lo mejor será que empieces a patalear y a quejarte. Si lo dices sin ironía, tendrá aun mejor efecto.
  2. Frústrale. Si no lo haces tú, lo hará la vida, y normalmente de forma más dramática. Enséñale, sin sobreproteger, castigos enfocados a enseñar y una actitud solida por tu parte, que no puede tener todo lo que quiere.
  3. Se firme. Evita que un “no” se convierta en un “sí”.
  4. No des demasiadas explicaciones. Tendemos a pensar que si entiende porqué le pido las cosas, las hará mejor. Sin embargo, lo que entiende un niño es: si estoy de acuerdo lo hago; si no, no. Tu hija no tiene que entender todo lo que le pides; tampoco tiene que estar de acuerdo. Tiene que hacerlo. Puedes usar una ilusión de alternativas, para que tenga sensación de que decide: ¿prefieres la verdura entera o en puré? En cualquier caso comerá verdura.
  5. Mantén la calma. si se altera hazle ver que no te afecta. Asegurate de que no hay nada en el entorno con lo que pueda hacerse daño y sal de su campo visual.
  6. Frénale. «Cuando gritas no te entiendo, ve a tu cuarto 10 minutos y cuando te calmes, hablamos».
  7. Rincón de la ira. Establece un rincón de la casa donde el niño podrá a ir a expresar su frustración cuando lo necesite. Comprobarás que soltar la ira cuando se lo pides, y no cuando le brota, no tiene ninguna gracia.
  8. Espejea sus emociones: (pareces enfadado…) aprenderá a identificar sus emociones y favorece vuestro vínculo.
  9. Dale un rol importante: supervisor de compras en el supermercado, jefe de cocina… Si tiene una tarea «importante» entre manos, será más difícil que se deje arrastrar por las emociones.

 

Las pataletas forman parte del proceso evolutivo de un niño normal, no son patológicas en sí mismas. El problema surge de la forma de gestionarlas. Si la niña encuentra un referente que no dramatiza y le ayuda a gestionar y encauzar su frustración, aprenderá a relacionarse de otra forma. Se trata de ser ese referente que le guía y le deja espacio para que gestione y aprenda por sí mismo.

 

Para saber más: ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?

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