
Una enfermedad es una alteración del estado fisiológico (lesión, herida, cáncer, estenosis arterial, úlcera... ); mientras, un mecanismo de defensa es la reacción de tu propio organismo ante esa alteración fisiológica (dolor, náusea, quemazón, hormigueo. fiebre…).
Por ejemplo:

Los mecanismos de defensa no dependen de la peligrosidad objetiva del agente o de la gravedad real de la enfermedad o lesión, sino de la gravedad percibida por el organismo.
Que te duela el hombro no quiere decir que tengas una lesión en el hombro, quiere decir que tu organismo ha percibido que la tienes, no que la tengas realmente. La mayor parte de la veces la reacción es adecuada, sin embargo, de la misma forma que sentir miedo no supone la existencia de un peligro objetivo, sentir dolor no es garantía de daño físico. Igualmente, el dolor, las náuseas, taquicardias o mareos desencadenados por un fuerte olor, no son provocadas por el propio olor, sino por la valoración que hace tu organismo de dicho olor.
Un organismo puede reaccionar defensivamente en ausencia de peligro objetivo, pero también puede no reaccionar en presencia de él. Por ejemplo, según la OMS, al año mueren 7 millones de personas a causa de la contaminación. Personas que desarrollan enfermedades tan graves que les llevan a la muerte, sin la activación de ningún mecanismo de defensa (náuseas, dolor, diarrea, hormigueo...).
En nuestro centro de psicología en Bilbao te ayudamos a reducir el malestar emocional y a recuperar equilibrio y autonomía en tu vida diaria.

El enfoque biomédico, basado en la evidencia, da por hecho en contra de toda evidencia, que la Sensibilidad Química Múltiple tiene una causa anatómica o fisiológica.
Sin embargo, las neuronas, los genes, las proteínas o las enzimas permiten, entre otras cosas, sentir dolor, náuseas u hormigueo; sin embargo, no los pueden generar. Para desarrollar Sensibilidad Química Múltiple, necesitas algo más que un organismo: la naturaleza carga el arma, el ambiente apunta al objetivo y la experiencia aprieta el gatillo.
Por ejemplo, para desarrollar un trastorno fóbico, necesitas un organismo capaz de sentir miedo, un objeto o situación externa, y una interacción con ello. Tener un organismo capaz de sentir miedo, no es suficiente para desarrollar una fobia. Se necesita una interacción que active la capacidad de sentir miedo.
En una fobia también están involucrados los genes, las proteínas o las enzimas, sin embargo, lo que determina el desarrollo de la fobia, es la interacción con la situación. Buscar el origen de la sensibilidad química múltiple en una enzima o en una proteína, es lo mismo que buscar la causa de las mareas en las partículas del agua, dejando de lado la relación entre la Tierra y la Luna.
Los cambios orgánicos son tomados como causa cuando son correlatos absolutamente compatibles y necesarios para poner en marcha la reacción acorde a la percepción de amenaza.
Todos los seres humanos tenemos la capacidad de sentir los síntomas de la sensibilidad química múltiple, sin embargo, lo que determina su puesta en marcha y su cronificación es la interacción. No estamos ante un organismo enfermo, estamos ante un organismo que, si acaso, funciona demasiado bien, hiperreaccionando ante lo que ha evaluado como peligroso.

No tenemos un acceso directo y objetivo a la realidad, sino a la construcción que hace de ellos nuestro organismo. Las interacciones con la realidad siempre se dan a través del sistema perceptivo, un proceso psicológico que construye una realidad sobre la que basa sus respuestas. No tenemos acceso a la realidad de otra forma.
Quizá dentro de 30 años se demuestre inequívocamente que las radiaciones electromagnéticas provocan enfermedades. Sin embargo, lo que causa el sufrimiento de las personas que padecen sensibilidad química múltiple no tiene nada que ver con enfermedad sino con mecanismos de defensa. Algo que solo una percepción de amenaza puede poner en marcha.
Parafraseando a Epicteto, no hay nada en la realidad externa (radiaciones electromagnéticas…) o interna (cáncer…) que pueda provocar esas reacciones. Únicamente la interpretación que hace tu organismo de ellos, puede desatarla.
Psicológico refiere a una percepción de amenaza sin la cuál no pueden ponerse en marcha todas las reacciones de la sensibilidad química múltiple.
Sin tener esto en cuenta, son muchas las investigaciones que se llevan a cabo en busca de la parte enferma del organismo provoca las reacciones.
Los estudios se centran en encontrar alteraciones biológicas como enzimas metabólicas o antioxidantes que indicarían una base orgánica de la Sensibilidad Química Múltiple, para descartar lo psicológico. Sin embargo, esas reacciones fisiológicas, son totalmente compatibles con lo psicológico, y solo se pueden poner en marcha tras una percepción de amenaza.
Cuando hablamos de problemas entre el ambiente y la persona, necesariamente ha de estar lo psicológico, porque no podemos relacionarlos con la realidad de otra forma.


Si temes que un determinado agente pueda dañarte (creencia), y te acercas a él con precaución y tensión, aumentan las probabilidades de que tu organismo, efectivamente, responda con un mecanismo de defensa, que confirmará tus temores.
La Sensibilidad Química Múltiple adquiere entidad gracias al realismo conceptual: una situación imaginada (las ondas WIFI provocan quemazón…) puede hacerse real en sus efectos fisiológicos al activar una respuesta defensiva, pasando del hecho conceptual a enfermedad real.
Puede comenzar desde la percepción: el organismo percibe algo inocuo como amenazante, y reacciona defensivamente. Si empiezas a evitar ese algo, se cierra el círculo de la sensibilidad química múltiple.
La Sensibilidad Química Múltiple no aparece de un día para otro, se construye para establecerse a medida que la persona evita aquello que desencadena la reacción del organismo, haciendo que la reacción sea cada vez más violenta y rápida.

El origen de la sensibilidad química múltiple es una percepción disfuncional que se mantiene porque la persona evita, no permitiendo al organismo aprender que el agente no es peligroso.
El trastorno existe y el sufrimiento que provoca, también. Sin embargo, la errónea premisa de que las reacciones se deben a fallos orgánicos, lejos de ayudar a los pacientes, les mete en un callejón sin salida, cuando lejos de tener un organismo enfermo, tienen uno que funciona demasiado bien.
Los pacientes de Sensibilidad Química Múltiple luchan porque se les reconozca como enfermos, convencidos de que así estarán más cerca de la solución. Sin embargo, seguir buscando la causa orgánica mientras evitas aquello que desencadena (no provoca) las reacciones, no hace más que empeorar el problema.
Se trata de enseñar a tu organismo que tales agentes no merecen esas respuestas. La clave está en revertir, a base de pequeños pasos, la evitación que ha construido el problema.
En palabras de John Weakland: cada pequeña cosa lleva a otra cosa que a su vez lleva a otra cosa… si te concentras en hacer la más pequeña, y luego la siguiente y así sucesivamente, habrás hecho cosas grandes habiendo hecho tan solo cosas pequeñas.
El mayor error es tratar de afrontar de forma brusca para confirmar que, efectivamente, tal agente te provoca tal reacción. Debes enseñar a tu organismo que esos agentes no son peligrosos, pero paulatinamente porque ahora mismo reacciona ante ellos.

La terapia breve estratégica es una escuela de psicoterapia. Su presupuesto básico es que los problemas no residen dentro de las cabezas sino en la relación que mantiene la persona consigo misma, con los demás y con el mundo.
Hemos desarrollado un protocolo de intervención para ayudar a las personas con Sensibilidad Química Múltiple a normalizar (no curar) la relación que tienen con los agentes del entorno.
Descubre como desde nuestra consulta psicológica en Bilbao te podemos ayudar.
Decía Lao Tse que el control de las cosas se obtiene colaborando con ellas, no luchando contra ellas.
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