Todo es difícil antes de hacerse fácil.

Goethe

 

 

En las ciencias de la salud, actualmente, predomina el modelo biomédico: a todo trastorno se le supone una causa orgánica. La migraña no iba a ser menos; se insiste en buscar aquello que funciona mal en el organismo de una persona que sufre migraña, cuando el problema va en la dirección contraria: es un organismo que funciona demasiado bien. Para dar este salto lógico doble mortal con triple tirabuzón que permite superar la migraña, es crucial saber qué es el dolor y cómo funciona.

 

¿Qué es el dolor?

El dolor es una emoción. Y una emoción es básicamente una reacción cargada de valoración (A. Tomasini). Es decir, el dolor no existe en lo absoluto, como algo que surge de un tejido dañado, un grupo de neuronas, una enzima o una proteína. Del mismo modo que el miedo siempre es miedo a algo percibido como peligroso, el dolor es siempre dolor por algo percibido como amenazante.

 

Por ejemplo, si te rompes una pierna y te duele, no se debe a que los tejidos dañados de tu pierna tengan la capacidad de provocar dolor. Es porque tu organismo (no tu cerebro por su cuenta) ha evaluado que esa lesión es peligrosa para tu integridad y responde con dolor para alertarte. Sientes el dolor en la pierna rota, pero esta no tiene la capacidad de provocar dolor. Lo que genera el dolor es la «opinión» de tu organismo sobre la pierna rota.

 

Pensar que la pierna rota genera dolor es lo mismo que pensar que el miedo que da una serpiente es algo que emana de ella y no de un organismo que la ha percibido como peligrosa

 

El dolor se siente en el cuerpo, pero brota de una valoración. Está necesariamente unido a un sistema de creencias y valores que advierte una amenaza para tu integridad. Razón por la cual el dolor no se puede percibir, porque es la respuesta del organismo ante una amenaza percibida (no objetiva o real) y no un estímulo externo perceptible como puede ser la luz. Lo que se percibe es la amenaza, el dolor es la respuesta. Tampoco deberíamos hablar de un umbral de dolor; en todo caso, hablaríamos de un umbral de amenaza, del grado de amenaza al que un organismo responde con dolor.

 

Resumiendo: que te duela una zona del cuerpo no quiere decir que tengas una lesión, quiere decir que tu organismo ha percibido una amenaza. La mayoría de las veces esa valoración es apropiada, pero puede responder con dolor en ausencia de lesión. El dolor nace de una percepción, de la idea que se hace tu organismo de lo que pasa, no de lo que pasa en realidad. En palabras de Paul Watzlawick, nuestra realidad es un esquema de esquemas, una interpretación de interpretaciones.

 

¿Es una enfermedad la migraña?

Los tratamientos que se llevan a cabo para la migraña y la conceptualización que de ella se hace en los manuales, ilustran lo lejos que está la medicina de entender la migraña. Según la OMS, para considerar un problema o trastorno como enfermedad, ha de existir una alteración o desviación fisiológica en el organismo, algo que nadie ha sido capaz de encontrar en la migraña. Por otra parte, los propios criterios diagnósticos de la migraña establecen que no ha de haber ninguna causa estructural o metabólica que justifique el dolor. Paradójicamente, el modelo biomédico que establece estos criterios no puede actuar si no hay algo que curar o reequilibrar en el organismo, así que, en contra de sus propios criterios, trata la migraña como si realmente tuviera una causa orgánica, aunque nadie la haya encontrado.

 

Para el paciente, situar la migraña fuera de las enfermedades, fuera del modelo mesiánico del que provienen los remedios a los problemas de salud, supone quedarse desamparado y perder toda esperanza de superarla. Sin embargo, conceptualizar la migraña como enfermedad es alejarse de la solución.

 

Si no se ha encontrado la causa orgánica de la migraña, no es porque no se haya buscado bien, es porque el dolor es una emoción que no puede reducirse a biología. El dolor pertenece a un tipo lógico superior que surge de las dinámicas que se establecen entre la persona y la realidad, no de un tejido dañado, un grupo de neuronas, una enzima o una proteína. Es como si para investigar el fenómeno de las mareas nos centráramos en analizar las moléculas del agua del mar, dejando de lado la relación entre la Tierra y la Luna. La medicina investiga la migraña reduciéndola a entidades cada vez más simples cuando, el comportamiento de estos elementos, solo se puede comprender por sus relaciones con el conjunto.

 

No tiene que haber una anomalía orgánica en un organismo para que haya migraña, es un mecanismo perfectamente funcional. El problema es la puesta en marcha de la migraña en ausencia de amenaza «real», no la migraña

 

«Curar» la dinámica persona–realidad

La migraña se parece infinitamente más a un trastorno fóbico, a un organismo que está respondiendo de una forma inapropiada a la realidad, que a una enfermedad neurológica. El problema no está en la persona, está en la dinámica establecida con la realidad.

 

Queso curado, niebla, viento del sur, una situación estresante, olor a barniz, ahumados, alcohol… Todos los desencadenantes de la migraña (que no provocadores) están en la realidad exterior. La cabeza de un migrañoso funciona perfectamente, lo que hay que cambiar es la forma de responder que se ha establecido entre la persona y aquello que desencadena la migraña.

 

Los estímulos, fenómenos o alimentos que desencadenan una respuesta de migraña comparten algo, y no es histamina, es amenazabilidad: por su naturaleza tienen mayor probabilidad de ser percibidos como amenazantes y desencadenar un mecanismo de defensa: migraña.

 

¿Conoces a alguien a quien la lechuga, el olor a mar, el agua mineral, la tranquilidad o los días soleados de 23 grados le desencadenen migraña? Es poco probable que alguno de estos factores sea percibido como amenazante y acabe desencadenando una migraña.

 

De la misma forma que una inofensiva paloma puede desencadenar una reacción de pánico, un delicioso queso curado puede desencadenar una migraña. El problema no está en el queso ni en la paloma, tampoco en la cabeza de la persona. Está en la relación que se establece entre la persona y el desencadenante.

 

Cuando hablamos de los remedios para la migraña sucede algo curioso: ¿cómo es posible que algunas personas superen la migraña con el bótox y otras con la cámara hiperbárica o mediante la llamada neuropedagogía del dolor? Necesariamente, unos y otros han de tener mecanismos de acción completamente diferentes.

 

Lo que comparten es que, por azar, estos tratamientos son capaces de producir una experiencia emocional correctiva (Frank Alexander) que cambia la percepción de peligro que desencadenó la migraña. Sin embargo, que un remedio cambie la percepción de una persona no quiere decir que cambie todas las percepciones, porque una percepción es una construcción de la realidad única y personal. Las personas que se han librado de la migraña leyendo sobre dolor, cambiando la alimentación, con zumos de verduras, homeopatía o un piercing, recomiendan sinceramente ese remedio; sin embargo, dista mucho de ser el remedio de la migraña, ya que solamente cambió su percepción en una carambola.

 

Que una cabeza duela no es raro, a más del 90% de las personas les ha dolido la cabeza en algún momento de su vida. Por tanto, aunque molesto, no es lo más importante. Lo más importante para superar la migraña es atender a lo que haces cuando te duele la cabeza.

 

La migraña es una hipótesis que, dependiendo de cómo respondas a ella, será aceptada para cronificarse o rechazada para desaparecer

 

Lo dicho hasta ahora es muy teórico, sin embargo, las 3 prescripciones que te ayudarán a cambiar la relación que tienes con la realidad para superar la migraña son prácticas, sencillas y no tienen efectos secundarios. Es la manera más eficaz de sistematizar aquello que algunos tratamientos consiguen hacer por mero azar.

 

1. Deja de hacer todo que estés haciendo por curar tu migraña

El gran problema de la migraña es que la encuadramos como algo que hemos de curar, y no como algo que hemos de apagar. Curar la migraña es apagar una alarma, y las alarmas se apagan cuando se percibe normalidad, no cuando vives monitorizado tu cabeza y visitando especialistas que no te pueden ayudar. Lo primero que debes hacer es dejar de realizar todo aquello que estés haciendo para curarte, porque cuántas más cosas haces para ello, más se exacerba la alarma.

Tu vida tiene que dejar de girar alrededor de la migraña: si te duele porque te duele, y si no te duele, por si acaso te duele; el caso es que te has convertido en una marioneta con los ojos rotos y girados hacia adentro (G. Nardone). Que tu atención esté continuamente en la cabeza hace que tu organismo también esté pendiente de esa zona, haciendo más probable la respuesta de dolor. El que busca, encuentra.

 

Todas las intervenciones para frenar o prevenir la migraña, tanto las caseras como las supuestamente científicas, son iatrogénicas, porque, en el afán de curar, cambiar o arreglar, hacen que la vida del paciente gire entorno al dolor de cabeza, la mejor manera de perpetuar la migraña. Por ejemplo, llevar un diario de la migraña, esa sencilla y habitual prescripción entre los neurólogos, es una gran manera de cronificarla. Otras, como evitar todo aquello que te desencadena migraña, perpetúan la migraña al no permitir a tu organismo aprender que el desencadenante, en realidad, no es peligroso.

 

Cada vez que visitas a un especialista o pruebas un nuevo remedio, además de que tu atención está en la cabeza (no es casualidad que los neurólogos especialistas en migraña sean, de largo, el grupo de población que más la padece), la frustración por no mejorar hará que tu organismo perciba más amenaza y sea aún más probable que responda con dolor. En migraña, menos es más. Se trata de apagar una alarma, de normalizar tu vida, no de buscar el santo grial.

 

2. Mantén el tipo

Las respuestas más habituales a la migraña son dos:

 

  • Luchar como un espartano
  • Apartarse del mundo

 

Cualquiera de las dos refuerza la migraña.

 

Si tienes migraña es porque tu organismo ha percibido amenaza. Si sufres como un espartano a pesar del dolor, tu organismo va a percibir aun más amenaza y aumentará la probabilidad de que siga respondiendo con dolor.

 

Si te apartas del mundo, tu organismo concluye algo así: «He percibido una amenaza y he puesto una migraña en marcha. Se ha apartado del mundo y sigue viva: esto funciona».

Por lo tanto, no tiene ninguna razón para no volver a responder con migraña la próxima vez que perciba amenaza.

 

¿Cómo hay que responder a una migraña?

 

La respuesta adecuada para desactivar una migraña se resume en mantener el tipo. Si tienes migraña y te lo puedes permitir, reduce tu agenda, pero no te encierres en una habitación a oscuras. Si te duele mucho, afloja aún más, pero, en la medida en que el dolor te lo permita y sin forzar demasiado, trata de mantener cierto nivel de actividad. Por ejemplo, es preferible dar un pequeño paseo a quedarte tirada en el sofá. Idealmente, haz algo que te guste: ir a comprar tu dulce preferido, tomar un café en ese bar que te encanta, dar una vuelta por la naturaleza…, porque es la forma más rápida de cambiar la percepción disfuncional que ha dado lugar a la migraña: tu organismo ha percibido amenaza, pero tú, lejos de reforzarla luchando o apartándote del mundo, haces algo que nada tiene que ver con la amenaza sino con el placer. Lo que percibe tu organismo si respondes así es tranquilidad, no más alarma. Para desmontar la migraña debes cambiar la forma en la que respondes a ella.

 

3. Empieza a comportarte como si ya no tuvieras migraña

¿Te suena?

Cuando me cure la migraña iré a…

Si no tuviera migraña me apuntaría a…

 

Explicado técnicamente: esperas que tu organismo no perciba amenaza mientras vives sumido en la monitorización de tu cabeza y en la renuncia a una vida normal, la mejor forma de que tu organismo siga percibiendo amenaza. Para demostrar a tu organismo que ya no hay amenaza, has de empezar a actuar como si ya no la hubiera. Cada mañana, cuando te estés preparando para salir, hazte la siguiente pregunta:

 

Si ya no tuviera migraña, ¿que haría hoy?

 

De todo lo que se te ocurra, coge lo más pequeño, aquello que menos esfuerzo te suponga, y llévalo a cabo. Si fuerzas demasiado, lejos de apagar la alarma, la encenderás más. Para que tu organismo deje de responder con dolor, debes demostrarle que ya no hay amenaza, pero con cariño. En palabras de Lao Tse, «el control de las cosas se obtiene colaborando con ellas, no luchando contra ellas».

 

Los millones de supuestos tratamientos que existen para la migraña funcionan en algunas personas no por las razones que suponen sus ideólogos, sino gracias a este «como si». Por ejemplo, el bótox. Cuando acaba con la migraña no es gracias a un misterioso efecto fisiológico, El bótox no produce ningún efecto fisiológico sobre la migraña. Hay personas a las que no les hace nada; otras incluso empeoran. El funcionamiento algo así:

Caso 1: Una persona que padece migraña acude a una clínica a que le infiltren bótox. Una buena amiga le ha dicho que funciona, así que está confiada. Su organismo percibe tranquilidad y no responde con migraña. Vuelve a casa y no tiene dolor en toda la tarde. Se dice a sí misma: «esto parece que funciona…». Está tan animada que empieza a hacer cosas que antes no hacía; su atención está cada vez más en el mundo exterior y menos en su cabeza. Si previamente reforzaba su migraña monitorizándose y renunciando a la vida, ahora ha empezado a sacar la mirada al mundo reforzando la percepción de normalidad: ha cambiado la relación que mantenía con la realidad.

Caso 2: Una persona que padece migraña acude a una clínica a que le infiltren bótox. Ha leído que funciona pero no lo tiene claro, además, las agujas no le hacen gracia. Estaba inquieta y los pinchazos le han resultado desagradables. Vuelve a casa con un ligero dolor de cabeza que se agudiza por la tarde. Se dice a sí misma: «esto no funciona… ». Se toma un analgésico y se mete en su habitación a ver si se le pasa. Su mirada no ha salido de su cabeza y sigue manteniendo conductas que refuerzan la migraña.

 

El bótox no produce ningún efecto fisiológico sobre la migraña, puede cambiar por azar la relación que tiene la persona con su dolor

 

Otro supuesto tratamiento: la neuropedagogía del dolor. Vas una charla donde te dicen que tu dolor no es debido a una misteriosa enfermedad sino a un cerebro equivocado. La explicación es errónea; sin embargo, en algunas personas puede provocar una experiencia emocional correctiva. La persona se dice a si misma: «así que el dolor se debe a un error de mi cerebro…». Solo con tranquilizarse ya tiene menos probabilidad de tener migraña. Empieza a actuar de modo distinto, sale más, monitoriza menos su cabeza… la migraña acaba por desaparecer. No es por el cerebro, las neuronas, o la neuroplasticidad, ha cambiado la relación que la persona mantenía con la realidad. Otras personas se quedan atascadas en una lucha contra su cerebro y, lejos de sacar la mirada al mundo, la clavan en el cerebro perpetuando así la migraña.

 

Los miles de remedios que existen para la migraña funcionan si, por azar, logran hacer que la persona empiece a comportarse como si…

 

Gracias al modelo biomédico disfrutamos de una gran calidad de vida, porque soluciona muchos de los problemas de salud que padecemos. Si embargo, si analizas bien qué es la migraña, salta a la vista que la solución no puede llegar de la mano de este modelo. Es más, se convierte en una trampa. Necesitamos, como decía Einstein, una nueva forma de pensar para resolver los problemas causados por la vieja forma de pensar: la migraña no es un trastorno orgánico, tu organismo está perfectamente. Todo ese sufrimiento es debido a una forma de responder a la realidad, que se «cura» mediante acciones que demuestren a tu organismo que no es necesario responder de esa forma.

 

Si quieres saber más acerca de este enfoque, échale un ojo a mi libro.

Aquí tienes testimonios de personas que he tratado.

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