Como me decía un amigo, el síndrome posvacacional no es más que la mala leche de volver a trabajar de toda la vida. Podemos patologiazarlo poniéndole nombre e incluso un tratamiento, sin embargo, tiene sentido que necesitemos un tiempo para pasar de la tumbona a la oficina, y crear una síndrome, no parece la mejor forma de superarlo.

Primeramente deberíamos tener cuidado con asociarlo a la depresión. No hay que banalizar; la depresión es algo más grave. El problema no es estar un poco bajo al volver de vacaciones, eso es normal. El problema aparecerá dependiendo de cómo gestionemos ese bajón, porque las emociones no son buenas o malas, son apropiadas o inapropiadas. Y estar bajo en ese contexto, puede ser normal.

 

Cuando ese bajón persistente, puede esconder otras razones. La mayoría caen en alguna de estas 3 categorías:

 

1. Trabajo no motivador

Cuando tienes un trabajo que no te motiva, es difícil volver con ganas. Sin embargo, la felicidad de un ser humano tiene que ver más con aquello que hace, con sentirse capaz, con ser bueno en algo, que con estar en la playa tumbado. La vida no tiene sentido más allá de lo que hacemos.

A los seres humanos no nos gustan las tareas repetitivas y monótonas, nos gustan aquellas en las que podemos dar lo mejor de nosotros. Ejemplo de ello es la sonrisa maestra: a los bebés de 3 meses, cuando consiguen alcanzar algo que les ha costado coger, les brota una sonrisa de satisfacción, ¡a los 3 meses!.

Si mañana te toca el euromillón, es muy probable que te pasaras una buena temporada disfrutando de la vida, sí. Pero es igual de probable que más temprano que tarde, empezaras con algo que te haga sentir bien (hobby, ayudar a otros, negocio, deporte…).

Cambiar de trabajo no siempre es una opción, así que una solución puede ser involucrarse en el trabajo para tratar de hacerlo lo mejor posible, con pequeños retos… uno debe tratar de convertirse en su propio jefe, en volverse imprescindible. Está demostrado que lo que hace que los trabajadores se involucren en el trabajo va más allá de un buen sueldo (necesario), y tiene que ver con la autonomía con la que desempeñan el trabajo y lo eficaces que se perciben hacíendolo.

 

2. Miedo a no estar a la altura

Personas muy capaces, a las que el miedo a no desempeñar bien su trabajo o a cometer un error, les lleva a hacerlo muy muy bien pero a vivir angustiadas, con la sensación de estar siempre en el filo de la navaja.

Curiosamente son personas a los que sus compañeros perciben como muy competentes, tanto que el miedo a defraudarles, les lleva a tratar de hacerlo cada vez mejor, siendo aún más considerados como competentes, y aumentando el miedo a defraudar. Es lo que Paul Watzlawick llamó el éxito desastroso, porque cuanto mejor lo hace, más miedo tiene a defraudar.

Claro, en esta situación es normal querer quedarse en la playa para no tener que afrontar esa presión. La solución pasa por aprender a relacionarse con el trabajo de otra forma, aceptando el error y la posible decepción de los demás.

 

3. Relaciones con compañeros o jefes

Las más comunes son el miedo al conflicto y a decir que no. El miedo al conflicto, suele llevar aparejado la asunción de tareas que no le corresponden a uno. Evita el enfrentamiento con los demás, pero conlleva una gran frustración. No saber decir no, también puede hacer que los demás nos carguen tareas que no nos corresponden.

Sin embargo, querer tener relaciones sociales sin conflicto, es como querer bañarte sin mojarte. No puede ser. El conflicto es normal, cada persona tiene unos objetivos y una visión de la vida que hace que el conflicto sea usual, por lo que hemos de manejarlo sanamente.

Respecto a decir no, cabría preguntarse si las personas que tenemos a nuestro alrededor, nos aprecian por lo que somos o por lo que sacan de nosotros.

Empezar a negarse a hacer algo por con una respuesta justificada (lo siento pero tengo que hacer tal cosa), es una buena forma de empezar a superar ese miedo.

En resumen, aprender a gestionar las relaciones en el trabajo, puede hacer que volvamos con ilusión de las vacaciones.

 

Cómo superar el bajón posvacacional

Dicho esto, aquí van 7 consejos para amortiguar la vuelta:

  1. Volver de las vacaciones unos días antes para ir haciendo el cuerpo.
  2. No hacer como que no pasa nada, aceptar esas emociones.
  3. Recuperar el ejercicio físico y la buena alimentación
  4. Reincorporar las tareas más peliagudas poco a poco. 
  5. No hay que llegar a todo desde el primer día.
  6. Priorizar (ley de pareto): el 80% de las consecuencias proviene del 20% de las causas. Buscar ese 20%.
  7. Intercalar descansos. Las recomendaciones indican que idealmente cada 25 min (esto puede ser ciencia ficción en la realidad, si), pero funciona, Dalí echaba microsiestas (con una llave inglesa en la mano y debajo un plato vuelto); Einstein tocaba el violín o el piano cuando se atascaba en un problema.

 

Cuidar el entorno de trabajo

Además, y de modo más general, cuidar el entorno de trabajo, puede ser otra forma de hacer mas amable la labor. La distinción psicológico – físico está superada. Hoy sabemos que no hay nada físico que no sea psicológico y nada psicológico que no sea físico. Cuidar el cuerpo y el entorno es cuidar la mente.

Por ejemplo:

  • Estar mucho tiempo sentado es muy perjudicial. Algunos consideran que la silla es el tabaco del siglo 21. Estudios demuestran que a más tiempo sentado, más probabilidad de morir. Una solución puede ser el Standing desk para trabajar de pie.
  • Priorizar luz natural, su ausencia está muy relacionada con la miopía.
  • Está comprobado que tener plantas en la oficina mejora el estado mental y  la concentración. Estar cerca de la naturaleza tiene muchos beneficios

 

Rutinas

Crear rutinas es otra forma de acostumbrarnos al día a día, de forma que automaticemos tareas para que nos lleve menos esfuerzo:

  • Las rutinas nos dan seguridad. 
  • Los niños necesitan rutinas que les ordenen el mundo. 
  • Los adultos automatizamos muchos procesos de forma que nos llevan mucho menos esfuerzo (ej. conducir). El hábito cada vez requiere menos energía para llevarlo a cabo.
  • No es que en vacaciones no haya habido rutina, siempre hay rutinas. Lo que pasa es que, las de las vacaciones son mucho más amables que las ordinarias. Se trata de dejar unas rutinas (levantarse tarde, playa, vermut…) por otras en la que debes incluir las obligaciones.
  • Decía Lichtenberg: Somos lo que hacemos, si eres un genio, perfecto. Si no, te conviene ser sistemático. Las rutinas son una gran ayuda.
  • Según Willian James, uno de los mejores psicólogos de la historia, hasta un 40% de lo que hacemos se basa en rutinas. También que se tardan 21 días en instalar un nuevo hábito.
  • Sobrestimamos la importancia de los grandes cambios infravalorando los pequeños cambios, y son los pequeños cambios sostenidos los que nos llevarán a grandes recompensas.
  • Desconfía de la fuerza de voluntad, hazlo fácil: crea un entorno que facilite las rutinas, por ejemplo:
  • No cojas un gimnasio que está a 30 min de tu casa si tienes uno a 2.
  • Ten verduras precocinadas para cuando llegas tarde y no te apetece cocinar.

 

Que las rutinas no se vayan de madre:

Las apreciadas rutinas se pueden convertir en rituales compulsivos (TOC)Los rituales, en muchos casos son necesarios porque ayudan a concentrarse y a tener todo controlado:

  • Un cirujano necesita rutinas
  • Un deportista
  • Un artista…

Donde se precisa una buena performance, hay rituales. Punto de corte para diferenciar entre una rutina adaptativa y una desadaptativa: 

  • ¿Me hace la vida más fácil o me la dificulta?
  • ¿Trabaja ella para mí o yo para ella?

 

Una compulsión tiene 3 características: 

  1. Irrenunciable
  2. Irrefrenable
  3. Tiene una secuencia fija.

 

Si puedes no hacerla, parar cuando la estás haciendo y no tiene una secuencia fija, no es una compulsión. La dominas tú a ella y no ella a ti. Si tienes una o varias igual hay que darle una vuelta.

 

Tachar días

Tachar días es otra forma habitual de llegar al siguiente verano: la felicidad es el espacio entre un deseo cumplido y otro que se está forjando.

tener objetivos intermedios, puede ser una buena forma de llegar a la gran vacación.

Hay que buscar objetivos:

  • Al ser humano le gustan mucho más las recompensas a corto plazo. 
  • La vida sin placer e ilusiones es muy triste.

Meter pequeños placeres, pequeñas escapadas, objetivos ilusionantes, hobbies… que dulcifiquen la espera, es una gran estrategia.

 

Así te lo contamos en radio euskadi:

 

Si no consigues gestionar tu vuelta al trabajo, y necesitas un psicólogo en Bilbao que te ayude a ponerte en marcha, ¡escríbeme!

 

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