No prepares la carretera para el niño,

prepara al niño para la carretera.

 

 

 

Cuando un hijo es muy perezoso y no se responsabiliza de sus quehaceres, los padres tienden a animarlo continuamente con la esperanza de que algún día tome la responsabilidad y haga todo por si mismo. Paradójicamente, cuanto más pendientes están de él, éste más delega sus responsabilidades en aquellos, que cada vez han de animarle más para que haga sus tareas.

 

 

Vístete que se hace tarde

Cada mañana se repite la misma situación: Despertáis a vuestro hijo y le decís que se vaya vistiendo mientras os preparáis. Sin embargo, comienza a remolonear y al final acabáis vistiéndole porque de lo contrario, no llega a tiempo a clase. El problema es que reforzáis una dinámica de ayuda en la que, lejos de adquirir autonomía, cada vez remolonea más.

 

El objetivo no es que llegue puntualmente al colegio. Como educadores y entrenadores para la vida, vuestro objetivo ha de ser que tome la responsabilidad.

 

 

Responsabilidad

¿Quién está más preocupado por llegar tarde a la escuela, vosotros o él? Efectivamente, vosotros. Él está encantado con la atención que le brindáis, pero así no adquiere una autonomía y unos valores que ya debería de estar construyendo.

 

Cuando un hijo remolonea y no se hace cargo de sus quehaceres, los padres acaban tomando una responsabilidad que no les corresponde. Y como decía María Montessori, cualquier ayuda innecesaria es un obstáculo para el desarrollo.

 

 

¿Qué hacemos?

En una familia hay una cantidad determinada de responsabilidad, si vosotros cogéis toda, ¿qué queda para él?, nada. Por tanto, cuánto más hagáis vosotros, menos lo hará él.

Debéis ser menos responsables para que vuestro hijo empiece a tomar su parte de responsabilidad. Ha de confiar menos en vosotros, porque si tiene unos superpadres competentes que se ocupan de todo, tiende a soltar el volante de su propia vida. Por el contrario, si no siente esa confianza, estará más atento. Cometer pequeños errores que le hagan dudar de vuestra capacidad, es una buena forma de empezar.

 

Por ejemplo:

– Ama, necesito un cuaderno para mañana, ¿me lo compras esta tarde?

– Claro que si hijo.

 

Pero después, por avatares del destino, se te olvida…

Y no le dices: hazte cargo tú que ya eres mayor. No. Le pides perdón y le dices que mañana sin falta, se lo compras. Sin embargo mañana se te volverá a olvidar.

 

Conviene no empezar este trasvase de responsabilidad con temas importantes. No pasa nada porque vaya a clase sin el cuaderno y está aprendiendo que debe responsabilizarse.

 

 

No más sermones

Se acabaron las explicaciones y los sermones, no es cuestión de entender. Tu hijo no tiene una duda que, una vez aclarada, hará que se comportará de otra manera. Los padres tienden a abusar de explicaciones pensando que si lo entiende, lo hará.

Por el contrario el hijo aprende algo muy distinto: si estoy de acuerdo en lo que me explicas, lo hago; si no, no.

La familia es un sistema jerárquico en el que el hijo ha de hacer cosas aunque no las entienda, es más, lo normal es que no entienda la mayor parte. Sois vosotros los que marcáis los criterios, si los marca vuestro hijo la cosa no puede salir bien.

 

Muy importante: no sois sus amigos por mucho que a veces juguéis y disfrutéis con él. Vosotros sois sus entrenadores para la vida. Lo primero es ganaros el respeto de vuestro hijo, porque si no os respeta no os va a obedecer. El respeto es algo que se gana, y vosotros os lo tienes que ganar actuando con firmeza cuando tenéis que hacerlo.

 

 

Tú eliges, ¿prefieres ir en pijama o en ropa de calle?

Como cada mañana le despertáis y le decís que se vaya preparando, una vez. Obedecer es hacerlo a la primera, no en otro momento. Si repetís la orden 20 veces, con hacerlo en cualquiera de ellas ya estaría obedeciendo. Además aprende que si se hace el tonto quizá no tenga que hacer lo que le habéis mandado, o a hacerlo solo cuando el tono de voz sube peligrosamente.

 

Lo dicho, se lo mandáis una vez y seguís con vuestras cosas. Si a la hora de salir de casa no está preparado, coges su ropa y la metes en una bolsa. Le sacas en pijama y, si quiere, que se vista en el coche. Es mejor que lo haga el padre, porque impone más físicamente, pero lo puede hacer la madre también.

 

La vida es como una obra de teatro: al principio los padres están con los niños en el escenario y, poco a poco, se van apartando para quedarse entre bambalinas, dejando hacer al protagonista e interviniendo cada vez menos. Si os quedáis con él en el escenario, no sale una buena obra…

 

Los niños más responsables que he conocido, son aquellos que vienen de familias desestructuradas en las que se ven obligados a madurar precozmente. No queremos eso, pero si que adquiera unas competencias y responsabilidades acordes a su edad. Para ello es necesario que los padres dejen hacer.

 

 

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