«Lo más importe a la hora de tratar un niño movido es hacerle una evaluación que nos confirme si padece TDAH para poder aplicar el tratamiento adecuado»

 

Cada vez tengo más demandas de padres y de colegios de Bilbao y alrededores, en busca de un psicólogo que diagnostique el comportamiento de niños movidos y/o despistados. Quieren saber si se trata de TDAH para poder aplicar un tratamiento.

 

Esta aparente lógica puede complicar aún más los problemas de los niños

 

El TDAH no existe como una entidad fija e inequívoca. No existe ningún biomarcador que permita diagnosticar el TDAH. No hay ninguna prueba que detecte eso que está funcionando mal en el organismo de tu hijo, ni genético ni fisiológico.

TAC, PET, RM, TC, EEG, ERP… puedes hacer todas las pruebas que no vas a encontrar nada que te permita hacer un diagnóstico diferencial que explique el comportamiento de tu hijo.

Y en el caso de encontrar alguna diferencia consistente en su cerebro, no explicaría su comportamiento. Las pruebas de neuroimagen tienen muchas limitaciones, no son fotos de un cerebro en acción, son más bien conjeturas de un cerebro en acción.

Además, en el caso de que las hubiera no podríamos achacar el comportamiento a ellas. ¿Esa anomalía es la que causa el comportamiento o el comportamiento causa la anomalía, como sucede con el hipocampo de los taxistas londinenses?

Por otra parte, los test comportamentales se basan en apreciaciones subjetivas del tipo: su hijo con frecuencia parece no escuchar, no muestra entusiasmo ante tareas que requieren esfuerzo mental… que difícilmente pueden discriminar un comportamiento patológico de uno normal.

Este estudio, hecho con más de 400.000 niños, concluye que los niños más jóvenes de la clase, que pueden llegar a tener prácticamente un año de diferencia con los más mayores, tienen una probabilidad significativamente mayor de recibir un diagnóstico de TDAH.

No porque los niños más jóvenes presenten más TDAH, sino porque su comportamiento encaja mejor con los criterios difusos del TDAH. Otros estudios señalan que el pequeño de la clase puede tener hasta un 27% más de probabilidad de ser diagnosticado de TDAH.

 

Diagnosticar en psicología tiene sus riesgos

 

Aplicamos una lógica heredada del modelo médico: primero se buscan las causas y después se aplica el tratamiento adecuado. Tengo dolor de estómago, nauseas y vómitos. Me hacen unas pruebas y descubren que tengo una bacteria. Tomo unos antibióticos que acaban con ella y se acabó el problema.

Los diagnósticos psicológicos, aunque no sean tan difusos como el de TDAH, no son entidades fijas como la bacteria. En psicología el diagnóstico describe pero también prescribe. El mero hecho de intervenir ya puede estar cambiando el problema. Diagnosticar es crear una realidad, poner un nombre al problema y darle un entidad.

Si tratas a tu hijo como un hiperactivo, vas a tener un hiperactivo, porque tu hijo va a tender a comportarse como un hiperactivo.

Si tratas a tu hijo como un niño normal que tiene unas dificultades, tu hijo va a tender a comportarse como un niño normal.

 

El tratamiento farmacológico no cura

 

La medicación que se usa en el TDAH no cura nada, no está pensada para corregir supuestos desequilibrios neuroquímicos que causan el problema. Son anfetaminas, una droga estimulante que aumenta la concentración y la atención.

Si la tomas tú también vas a notar esos efectos.

A largo plazo puede haber efectos no deseados. Por ejemplo, las anfetaminas provocan un aumento de la frecuencia cardiaca y de la presión sanguínea si se toman continuadamente, que podría aumentar el riesgo de problemas cardiovasculares en un futuro.

Algunos estudios muestran que a largo plazo la medicación no mejora los síntomas.

En algunos casos la medicación puede ser necesaria, pero como una muleta más, no como la base del tratamiento.

 

Qué hacer

Lo primero es distinguir entre un niño desafiante y otro hiperactivo. El primero se porta mal porque busca el desafío, el segundo quiere pero no puede controlar sus impulsos.

El trastorno desafiante se basa en una lógica contradictoria y el hiperactivo en una paradójica.

El hiperactivo trata de estar quieto y de concentrarse, algo que es de naturaleza espontánea, no voluntario. Cuanto más lo intenta menos lo consigue. No sirven de nada las explicaciones, los castigos, las peticiones…

 

3 estrategias

 

Connotación positiva

Le decimos que nos hemos dado cuenta al fin de que su comportamiento no es malo. Por ejemplo en clase, sus interrupciones pueden verse como una ayuda para que los demás tengan momentos de desconexión que les ayudan a rendir más y mejor. Que se quede con la sensación de que se está sacrificando por los demás.

Prescripción paradójica

Le pedimos que lleve a cabo ese comportamiento voluntariamente. Si hacemos aquello espontáneo obligatorio ya no le dará tanto placer y además, seremos nosotros los que tengamos el control pidiéndole cuándo queremos que haga:

«Cuando te haga una señal vas a empezar a moverte para que tus compañeros puedan descansar…»

Como si

Padres y profesores deben empezar a actuar como si el problema estuviera resuelto ya. Esa conducta que era el centro de atención pasa a ser algo sin importancia. El niño debe sentir que estás aburrido y no preocupado por su comportamiento.

 

No sabemos porqué se comporta así y tampoco es relevante a la hora de solucionar el problema. El niño tiene problemas en determinadas áreas y lo más efectivo es ayudarle a solucionarlos sin centrarse en porqué se comporta así. El difuso diagnóstico de TDAH puede llevarte a complicar aún más las cosas.