La ansiedad tiene dos caras: una buena y otra no tan buena. Una que te activa y te ayuda a hacer frente a peligros; otra que te bloquea y te limita a la hora de dar una respuesta adecuada.

Todos somos un poco ansiosos, es más, un nivel de ansiedad es necesario en muchas ocasiones, es lo que te permite hacerle frente a determinadas situaciones. El problema aparece cuando esa ansiedad te limita en vez de ayudar.

 

La ansiedad es patológica cuando la respuesta es desproporcionada respecto al peligro real

 

¿Es normal preocuparse por la higiene, la salud o los posibles peligros?

Claro que es normal. Lo malo es que esas preocupaciones acaparen tu vida y te impidan vivir:

  • Estás en tensión continua
  • No puedes concertarte
  • No duermes bien
  • Tu libido ha caído
  • Te sientes angustiado

Esa ansiedad puede tomar diferentes formas. Tenemos cuatro categorías:

  • Ansiedad generalizada
  • Fobias específicas
  • Trastorno obsesivo compulsivo
  • Pánico

 

Dentro de las fobias específicas, aquellas en las que la persona tiene miedo a algo concreto, tenemos la fobia a volar. Una fobia que puede permitir a la persona llevar una vida totalmente normal, pero que puede convertirse en un gran impedimento, si a la persona le gustaría hacer grandes viajes o si su trabajo le exige tomar aviones con frecuencia.

Markel es un ingeniero de 29 años. Pide consulta a través del servicio de PSICOTERAPIA ONLINE diciendo que tiene una fobia que le urge superar sin especificar cuál. Se presenta en la consulta risueño pero nervioso y con ganas de ir al grano. Apenas se sienta me hace un escueto resumen de su problema.

Tras pasar por dos trabajos que no le gustaban, ha encontrado uno que le encanta en una multinacional con sede en Bilbao. Su trabajo consiste en visitar las diferentes factorías repartidas por el mundo para mejorar los sistemas de producción. Problema: va a viajar constantemente y tiene fobia a volar.

Busca un psicólogo que le ayude a superar esa fobia urgentemente porque lleva una semana y en cualquier momento surgirá un viaje de trabajo.

Tiene un recuerdo terrorífico de un viaje en avión a Ibiza cuando tenía 13 años. Desde entonces no ha vuelto a montarse en un avión.

Le pregunto por lo que ha hecho hasta ahora para superar su fobia y me responde que nada; desde los 13 años ha evitado acercarse a un aeropuerto. Ha pensado en usar psicofármacos, pero ha decidido primero intentar superarlo por esta vía reservándolos por si no funcionara.

Como muestra una buena disposición le pregunto a ver si estaría dispuesto a empezar con un vuelo corto para ir superando su miedo. Se lo piensa un segundo y dice que si, pero le da mucho miedo.

Le explico que al ser una prueba para aprender tendremos que hacerlo de una forma especial. Pensamos cuál podría ser el destino y llegamos a la conclusión de que Madrid es una buena opción: es un vuelo corto y tiene amigos a los que visitar.

Desde esa misma tarde hasta el día del vuelo, debe dedicar todos los días media hora a exacerbar sus miedos. Puede parecer ilógico pero:

 

miedo evitado, miedo agrandado

 

Sin embargo acercarse a aquello que te da miedo, va quitándole fuerza. Cuando ves una película de miedo por primera vez, te da cosa. Cuando la ves dos, un poco menos; y cuando la has visto 17 veces da más risa que miedo.

Además, hablamos de que en el fondo todas las personas sienten desasosiego ante la idea de subir a un avión aunque no sea evidente. Su labor el el día del vuelo será llevar una libreta en la que irá apuntando todas y cada una de las reacciones de miedo que vea en sus compañeros de viaje.

Ésto desvía la atención para que no esté centrado en el vuelo ni en sus sensaciones.

A pesar de los miedos iniciales, esto le permitió tener una primera toma de contacto muy positiva con el avión, para seguir volando y perdiendo todo el miedo.