De cuando en cuando aparece. Aparece la esperanzadora noticia del hallazgo de lo que sería, ya por fin, ese proceso o estructura que provoca la fibromialgia. Lo cuál permitirá a desarrollar el fármaco definitivo (como si fuera fácil diseñar un fármaco diana que revierta un proceso concreto) que acabe con la condena que sufren miles de personas a causa del dolor.

Vivimos en la era del modelo biomedico, donde cada enfermedad tiene una causa orgánica. Da igual si no hay evidencia alguna del proceso o estructura causantes de ese malestar, se clasifica como enfermedad y ya aparecerá la causa orgánica. Los investigadores pueden seguir haciendo su trabajo, que no tendría sentido fuera de la hipótesis organicista; los pacientes pueden seguir soñando con esa pastilla que les librará del dolor. Suponen que si la fibromialgia es reconocida como enfermedad tendrán más posibilidades de curarse, cuando es justamente lo contrario: centrarse en los correlatos orgánicos del dolor ha desnortado la investigación.

Tanto los investigadores como los pacientes siguen sin entender nada. Siguen sin saber qué es el dolor. Por ejemplo, ahora mismo puedes entrar en cientos de páginas de clínicas, hospitales, unidades de dolor o universidades donde se investiga, se forman profesionales o se tratan pacientes, hablando de percepción de dolor.

Sin embargo, el dolor no es una entidad perceptible. En los procesos de dolor no se genera ninguna variación de energía o molécula detectable que el organismo pueda transducir en un impulso neuronal que llegue al cerebro para ser percibido. El dolor solo existe en la conciencia de la persona, no hay forma de verlo o detectarlo. Es la respuesta del organismo a la imagen que se construye de la realidad; a lo sumo lo podemos inferir de la conducta de la persona.

 

El dolor no puede ser generado por una molécula, aminoacido, peptido o encima; ni siquiera por un tejido.

 

El dolor tampoco puede ser fruto de una determinada configuración neuronal; el sistema nervioso es garante de la sensación, no causante. Una guitarra te permite hacer música, no la genera ella sola.

El dolor es una emoción: un mecanismo que nos ayuda a lidiar con la realidad. Se habla de un componente subjetivo o psicológico sin saber de qué se habla.

 

El dolor es psicofisiológico: una valoración mental más una respuesta fisiológica

 

Centrarse en los cambios neuronales o en los correlatos fisiológicos (moléculas, encimas…), no es más que centrarse en las consecuencias tomándolas por causa.

El dolor funciona exactamente igual que otras emociones, por ejemplo el miedo: el organismo hace una valoración de peligro y responde consecuentemente. La causa del miedo es una percepción, una valoración de peligro. A nadie se le ha ocurrido buscar el biomarcador que podría ser útil para diagnosticar una fobia. Sin embargo, ahí siguen enfrascados con el dolor.

Como se sigue sin entender qué es el dolor, se siguen haciendo ridículas preguntas, como si la fibromialgia es real o no, como si la ausencia de lesión significara la invención del padecimiento, como si la presencia de marcadores biológicos descartase lo psicológico, como si el miedo no tuviera marcadores biológicos, como si no se entendiera absolutamente nada de lo que se está hablando.

El dolor es una emoción que surge entre la persona y el mundo, de la relación que tiene con ella misma, los demás y el mundo. Este tipo de estudios no hacen más que alentar la fantasía de la pastilla mágica que exime a la persona de cambiar su forma de estar en el mundo para superar el dolor. Flaco favor.

No tardará mucho en aparecer otro rimbombante estudio que no aportará más que confusión a la comprensión de estos síndromes (que no enfermedades), para cronificar aún más lo que es esencialmente una percepción disfuncional que genera un terrible sufrimiento.

Seguiremos informando.