Vamos muy deprisa pero no sabemos adónde

Anónimo

 

La investigación sobre el dolor está desnortada, no sabe adónde va. La ciencia avanza cada vez más rápido, aparecen nuevas técnicas, nuevos fármacos, nuevas hipótesis, nuevos marcadores… pero los pacientes de dolor crónico (migraña, fibromialgia, dolores de espalda…) siguen exactamente en el mismo punto en el que estaban hace 70 años.

Las técnicas de neuroimangen permiten ver (con muchas más limitaciones de las que nos cuentan) al cerebro trajinando en tiempo real, los análisis cada vez son más exactos, los microscopios cada vez ven más, el conocimiento que tenemos de las complejas reacciones moleculares, enzimáticas, proteínicas o peptídicas que suceden en los tejidos aumenta, y con ello la sensación de que el día en que aparecerá la parte del organismo que causa el dolor improductivo y ese fármaco que lo arreglará, está cada vez más cerca.

Año tras año se publica la invención del fármaco definitivo para curar la migraña. Mes a mes se suceden los estudios que encuentran biomarcadores útiles para entender esos misteriosos mecanismos. Día a día se alimenta la voraz esperanza de unos pacientes desahuciados de sus propias vidas y desesperados por encontrar la salida que la medicina les debe.

 

Vamos muy rápido, y cada vez más, pero no sabemos adonde

 

Las unidades de dolor, los hospitales y las universidades actuales son como aquel entrañable borracho que buscaba sus llaves perdidas debajo de una farola. Al preguntarle dónde las había perdido respondió que unos metros más allá, pero las buscaba bajo la farola porque había más luz.

El despegue tecnológico que pone la ciencia a nuestra disposición da la sensación de aportar una inmensa luz al conocimiento de ese supuestamente improductivo dolor que tanto sufrimiento genera a buena parte de la sociedad. Y eso es debido a que indudablemente, en otras patologías aporta esa luz. Sin embargo, no está dando resultados positivos en lo que al dolor se refiere.

Ese enfoque biomédico cada vez más especializado y farmacocentrista tiene su aplicación en determinados trastornos, pero hace aguas en lo que a las enfermedades crónicas se refiere. Si queremos entender el dolor debemos abandonar esa especialización y abrazar la Teoría General de Sistemas (TGS, Ludwig Von Bertalanffy, 1968) y el constructivismo

El dolor es una emoción, y un enfoque como el biomédico, centrado en encontrar la parte del organismo que causa el dolor, siempre estará muy limitado para conseguir una visión global sobre lo que es el dolor.

 

El dolor es la forma que tiene tu organismo de inducirte a llevar a cabo una conducta (apartarte o estar quieto) ante un peligro percibido para tu integridad. No ante un peligro real u objetivo, sino ante un peligro percibido como tal

 

La clave del dolor no está en los órganos que duelen, tampoco en sistema nervioso; está en la relación que se establece entre la persona y el mundo.

Mientras no cambiemos de paradigma en la investigación del dolor, mientras sigamos corriendo y corriendo deslumbrados por las luces de colores de las técnicas de neuroimagen, seguiremos oyendo a ilustres médicos explicar que el dolor es un monstruo de 1000 cabezas, que es muy complejo, que se necesita investigar más, que es un problema genético… porque están buscando donde más luz tienen, no donde está la solución. Desde esa perspectiva, todo lo que concierne al dolor es un jeroglífico indescifrable.

Si padeces migraña, fibromialgia o sufres algún tipo de dolor para el que no encuentras remedio, te recomiendo que salgas de la perspectiva biomédica, que asumas la responsabilidad de sanarte (paciente empoderado), y que busques qué es verdaderamente el dolor.

Debes entender que todo dolor (haya o no haya lesión física) tiene un origen mental pero eso no significa que tu dolor sea psicológico, eso no existe. Solo una persona que no sabe qué es el dolor puede hablar de dolor psicológico.

También estaría bien que supieras que un tejido, por muy dañado que esté, no puede provocar dolor; y que el dolor nunca correlaciona con la gravedad «objetiva» de la lesión sino con la gravedad percibida por tu organismo.

Y no olvides que el dolor no se puede percibir, si oyes a un profesional de dolor hablando de percepción de dolor, ¡huye!

En definitiva, cambia tú paradigma si quieres salir del dolor. El modelo biomédico, ese modelo que tanta luz aparenta dar, no lo hará.

En Bilbao te ofrezco una perspectiva que no encontrarás en ninguna otra parte del mundo.

Déjame un comentario con lo que piensas al respecto. Estaré encantado de debatir contigo.