Seleccionar página

 

“Necesitamos una nueva forma de pensar para resolver los problemas causados por el viejo modo de pensar”

Albert Einstein

 

 

El funcionamiento básico del dolor es exactamente igual al del miedo: un mecanismo de defensa activado ante una percepción de amenaza. Se diferencian únicamente en el tipo de respuesta que ponen en marcha: uno te hace saber que algo va mal; el otro busca que estés alejado de los peligros.

La clave está en que tu organismo, a la hora de decidir qué va mal o qué es peligroso, puede cometer errores. Dolor y miedo pueden ser fruto de una percepción fundada, en base a un peligro real; o infundada, sin un peligro tal.

El tratamiento del dolor crónico sin lesión debería tener el mismo fin que el tratamiento del miedo patológico: cambiar una percepción errónea.

 

 

Miedo fundado

Vas caminando por la acera y de repente te encuentras un cocodrilo de 8 metros buscando algo para desayunar. A ti, que nunca has sido demasiado de reptiles, el bicho te da un miedo atroz.

 

Pero ese “te da miedo no quiere decir que el cocodrilo te mande un miedo que tu organismo procesa para percibirlo.

Lo que el cocodrilo te está mandando es información, que tu organismo va a procesar para dar la respuesta que evalúe conveniente. En este caso correr como si no hubiera un mañana parece la mejor opción. Miedo fundado.

 

Dolor fundado

Vas caminando por la acera, en un descuido te caes justo cuando pasa la máquina de la limpieza y te parte la pierna. Esa rotura te provoca un dolor atroz.

Pero ese “te provoca” no quiere decir que los huesos, tejidos, vasos… te manden dolor. No.

El dolor no se puede percibir, igual que el miedo. Los tejidos, músculos, vísceras… no tienen la capacidad de provocarlo. Lo que hacen es mandar información del estropicio a través de las neuronas implicadas en los procesos de dolor, los nociceptores. Información que tu organismo va a procesar para dar la respuesta que evalúe conveniente. No muevas esa pierna rota. Dolor fundado.

 

Miedo infundado

Vas caminando por la acera y te topas con una paloma. Tan inofensiva que corre de ti. Un animalito que debería pasar al olvido tan pronto dejes de verla. Pero resulta que tu organismo ha procesado esa información como si del cocodrilo de 8 metros se tratase. La paloma no te da miedo, lo que te provoca el miedo es la interpretación que ha hecho tu organismo de esa paloma. Activa la amígdala, a correr se ha dicho. Tu organismo se ha equivocado. No necesita un peligro real y objetivo para provocar la respuesta de miedo. Fobia a las palomas, miedo infundado.

 

Dolor infundado

De nuevo vas caminando por la acera, hoy con una niebla tremenda. Si pensabas tomar el sol es una noticia bien relevante, por lo demás no tanto. Pero tu organismo, en un alarde de creatividad, procesa la información de manera tal que provocar dolor de cabeza es la mejor opción. Hoy toca migraña. La niebla no te provoca migraña, es tan inofensiva como la paloma. Lo que te provoca migraña es la interpretación que ha hecho tu organismo de la niebla. Tu organismo se ha equivocado. No necesita un daño real y objetivo para provocar dolor. Dolor infundado.

 

Organismo equivocado Vs. organismo enfermo

Tu organismo se equivoca continuamente, es su deporte favorito. Enfermedades autoinmunes, fobias, sesgos de todo tipo o parafilias son sólo algunos ejemplos.

Es tal el nivel que tu organismo no necesita estímulos reales para equivocarse. No necesita un peligro real para provocar miedo; tampoco tejido dañado para provocar dolor. No existe una escala sobre qué provoca miedo y qué no, tampoco sobre qué duele y qué no. Dependerá de cada persona, de la evaluación que haga tu organismo.

Dolor y miedo son dos sensaciones imperceptibles; proyecciones a la conciencia del individuo, sólo allí cobran entidad. En el caso del dolor, una proyección que te va a generar un terrible sufrimiento, fruto de una valoración de tu organismo. De una opinión, como dice Ramachandran. Más o menos acertada, añadiría yo.

 

Agorafobia y fibromialgia

En la agorafobia hay un miedo general y desmedido a salir de casa. Pero no hay ningún peligro objetivo que lo justifique. En el barrio de un agorafóbico no hay francotiradores en las azoteas o tigres de Bengala sueltos que justifiquen ese miedo. Es un miedo infundado en un barrio normal, una valoración errónea. El problema no está en su barrio, de nada valdría poner un policía en cada esquina para generar seguridad. El problema es una percepción equivocada.

En la fibromialgia hay un dolor general desmedido por todo el cuerpo. Pero no hay ninguna lesión que lo justifique. Los músculos, articulaciones, huesos, vísceras… han pasado por todo tipo de pruebas y están sanos, sin lesiones. Es un dolor infundado en un tejido normal, otra valoración errónea. El problema no está en sus tejidos, que podemos considerar razonablemente sanos si ninguna prueba a dado con lesión alguna. El problema está en la valoración que ha hecho su organismo. De nada vale tratar estructuras corporales sanas. El problema es una percepción equivocada.

 

Se trata de cambiar una percepción errónea. De nada vale centrarse en las estructuras dolientes, de poco hacerlo en las áreas cerebrales activadas en los procesos de dolor; aunque es importante conocerlas no son la causa, siguen siendo una consecuencia. Haya o no haya tejido dañado, la causa última del dolor SIEMPRE es una percepción. A veces fundada; a veces infundada.

 

¿Hacerse un piercing puede acabar con la migraña? Claro que puede, de hecho hay personas a las que les ha funcionado. De la misma manera que tu organismo puede generar una migraña por un día de niebla, por comer queso, tomar vino… que te hagas un piercing, tomar un fármaco nuevo, pincharte con agujas, darte corrientes, hacer dietas o ejercicio, relajación, controlar la histamina… pueden derivar en un efecto analgésico, aquello que hace que tu organismo deje de dar la respuesta de dolor.

De la misma manera que un peligro infundado le llevó a mandar dolor, un tratamiento infundado le puede llevar a dejar de hacerlo. Ahora bien, las probabilidades que tienes son más bien pequeñas. Tu organismo vive alejado de la lógica, es instintivo.

 

El tratamiento del dolor crónico sin lesión desde la terapia breve estratégica, está enfocado a dar vuelta directamente a esa percepción errónea que pone en marcha los procesos físico – químicos que darán como resultado la sensación de dolor, a la causa última de todo dolor. Al igual que se hace con el miedo.

Si te han hecho pruebas para ver porqué te duele y no hay nada físico que justifique ese dolor no podemos hablar de un organismo enfermo. Pensar en un organismo equivocado te abre una gran puerta a la solución.