El TDAH es un trastorno que ha ido aumentando exponencialmente en los últimos años. Algunos investigadores dicen que es una enfermedad causada por una deficiencia cerebral; otros que es una invención.

Las primeras descripciones del TDAH empiezan hace mucho tiempo. A principios del S.XIX Alexander Crichton, considerado como uno de los padres de la psiquiatría, describía una agitación mental que impedía a los niños hacer bien las tareas.

Observó 3 características:

  1. Inatención
  2. Hiperactividad
  3. Falta de perseverancia en las tareas

Unos años más tarde, Heinrich Hoffmann, un psiquiatra alemán, nos describe en una colección de cuentos titulada Pedro el Melenas, las peripecias de Felipe el nervioso para aguantar sentado en una silla ante la inquisitorial mirada de sus padres.

En 1902, George Still, un pediatra inglés, hace una descripción más científica y detallada de un grupo de 43 niños en los que observa conductas como:

  • Falta de atención
  • Dificultad para perseverar en el esfuerzo
  • Falta de conciencia de las consecuencias de los actos
  • Afirma que estos síntomas no tienen nada que ver con la forma de educarlos

Tras la primera guerra mundial la epidemia de encefalitis letárgica causó estragos en muchas partes del mundo. La observación de conductas parecidas en algunos niños afectados, llevo a pensar que una lesión cerebral mínima, porque no se observaba en todos, podía ser la causa.

En los años 40 el neurólogo Charles Bradley obtuvo los primeros resultados positivos usando fármacos para controlar las conductas hiperactivas e inatentas.

Es en 1955 cuando la FDA (la administración de drogas y alimentos de los Estados Unidos) aprueba el uso del Metilfenidato para el tratamiento del TDAH; que más de medio siglo después sigue siendo el más usado.

Aclarar que, aunque en muchas ocasiones el Metilfenidato es de gran ayuda, no cura nada. En el TDAH no se ha encontrado ese fallo cerebral que origina los síntomas. El Metilfenidato ayuda a que la persona esté más tranquila pero no porque cure eso que supuestamente funciona mal; si lo toma una persona no diagnosticada de TDAH también estará más tranquila.

Es un medicamento que ayuda a sobrellevar los síntomas hiperactividad o inatención, pero no actúa sobre nada especifico.

El DSM-III (Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mental de la asociación Americana de Psiquiatría) lo incluyó en 1980 con el nombre de Trastorno con Déficit de Atención con o sin Hiperactividad, y hasta el DSM-5 (última actualización) en que se le conoce como Trastorno por déficit de Atención e Hiperactividad, ha variado poco en sus criterios.

En resumen:

  • No se sabe la causa del TDAH
  • Hay una medicación muy controvertida que es básicamente anfetamina
  • Tenemos una persona que tiene problemas a la que tenemos que ayudar

Sea cual sea la causa del trastorno, un niño diagnosticado de TDAH tiene dificultades, y debemos usar todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance.

¿Cómo le puede ayudar un psicólogo?

 

Es fundamental combinar una psicoterapia para aprender a manejar los problemas que sufre el niñ@ o adolescente con la medicación

 

En mi opinión es un error basar el tratamiento del TDAH en la medicación. El metilfenidato no cura, sólo apacigua. El mejor enfoque es ayudar a la persona a trabajar aquellas áreas en las que tiene dificultades usando los fármacos como un recurso más, no basándose sólo en ellos.

Es importante no confundir un niño desafiante con uno hiperactivo; mientras el primero busca enfrentarse con los adultos, el hiperactivo trata de controlarse sin conseguirlo: quiere pero no puede.

Las dificultades del TDAH pueden ser muy distintas, ciñéndose a determinados contextos como el escolar que requiere más concentración, o generalizándose a otros ámbitos como el social, el hogar…

Los síntomas más comunes:

  • No para quieto
  • Se distrae
  • Es impulsivo
  • No espera su turno
  • No acaba lo que empieza
  • Habla demasiado cuando no debe
  • Parece que no escucha
  • Pierde sus cosas
  • No piensa en las consecuencias

Las soluciones que se ponen en marcha suelen ser del tipo:

  • Pedirle que deje de hacer eso que molesta
  • Explicarle porqué no debe de hacer tal o cuál
  • Castigarle
  • Prestarle más atención
  • No hacerle caso

Soluciones que, si partimos de que el niño quiere pero no puede, paradójicamente hacen aún más difícil su autocontrol a la hora de estar quieto o concentrarse. Es el control que lleva al descontrol.

Las soluciones que se pongan marcha deberían ser del tipo paradójico, por ejemplo:

El TDAH se da tanto en adolescentes como en una edad más infantil. En un colegio de Bilbao había un niño de 8 años al que le resultaba muy difícil estar tranquilo y quieto en su mesa durante las clases. Cuanto más le pedían que estuviera quieto, más se complicaba el asunto: el niño no podía controlarse, las demandas de los profesores eran cada vez más insistentes, el niño se volvía más desafiante…

Se hizo una reestructuración paradójica diciéndole al niño que a la clase le venía bien una distracción cada cierto tiempo. A la profesora se le dio la indicación de mandarle moverse cada cierto tiempo.

El síntoma perdió toda su fuerza al hacerlo obligatorio y al niño le fue más fácil controlarse sin aquel intento de control que lo descontrolaba aún más.

El tratamiento se fue enfocado en aquellas parcelas en las que el niño tenía problemas, haciendo más fácil su adaptación.

Esto es sólo un ejemplo que habrá que adaptar al niño o adolescente, a la familia, a las situaciones… pero podemos decir que la solución intentada de base en estos casos es pedirle que se comporte como queremos, algo que no funciona.

 

La estrategia fundamental ha de ser de tipo paradójico: sigue haciendo eso que molesta. Tan contraintuitivo como eficaz

 

El metilfenidato es una herramienta más de las que tenemos, pero no conviene basar el tratamiento sólo en eso. El niño o adolescente debe ir aprendiendo con ayuda de padres y profesores a trabajar sus dificultades.

Como consecuencia aprende a manejar la ansiedad, su autoestima mejora y se va adaptando a todos los contextos.

 

Fuentes: