El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son
Tito Livio

 

Los miedos en niños forman parte de un proceso evolutivo absolutamente normal. La clave para que se resuelvan sin problemas, está en huir de nuestra lógica racional adulta, para meternos en la de un niño.

 

Evolución de los miedos infantiles

0 – 1 año

Los miedos más normales son antes sonidos muy fuertes u objetos raros que pueden ser percibidos como amenazantes.
Otro miedo común es la ansiedad por separación del adulto de referencia, que puede ser su madre, su padre o la persona que le cuida.
Todavía no dominan la permanencia y para ellos lo que no se ve, no existe. Conviene hablarles cuando no te ven.

 

De 1 a 3 años

Un miedo común de esta franja es el del abandono y el de las personas ajenas a su círculo habitual.
No es bueno forzarle a estar cerca de esas personas que le dan miedo, es mejor que tú te comportas de manera normal con esa persona, para que él vea que es de confianza.

 

De 3 a 6 años

Es muy frecuente el miedo a la oscuridad y a quedarse solo. Es la etapa de los seres imaginarios fantásticos, que pueden complicar la hora de ir a la cama.

 

De 6 a 11 años

Los miedos empiezan a ser más realistas y menos imaginarios, como caerse, hacerse daño…
Empiezan a asomar los miedos sociales

 

De 11 a 13 años

El miedo al rechazo de sus iguales se incrementa y hay cambios corporales que deben ser asimilados.

 

Cómo tratar los miedos en niños

Algunos psicólogos intervienen directamente con niños. Desde la Terapia Breve Estratégica, aunque también existe un programa muy específico para trabajar con los niños directamente, el desarrollado por Liliana Velarde, normalmente se opta por no trabajar directamente con los menores de 12 – 13 años, para hacerlo a través de los padres.

Los motivos principales son dos:

  1. Llevar a un niño a la consulta del psicólogo, hace que adquieran más conciencia de problema, porque le llevas a donde un señor que no conoce de nada y que le hace preguntas.
  2. Por el otro, si el psicólogo le ayuda se va a convertir en su referente, algo que puede ser contraproducente a largo plazo porque, una de las cosas que más puede ayudar a un niño, es tener dos figuras de referencia potentes en las que confíe, y si el psicólogo se convierte en la figura de referencia, la de los padres pasaría un segundo plano.

 

Miedos nocturnos en niños

Lo primero y más importante, como he dicho, es meterse en su lógica. Aquí te voy a dar una idea para tratar el común miedo a los monstruos, que te puede dar una idea de cómo tratar otros.

Un monstruo no tiene porque ser eso que sale en la tele, puede que ni le ponga rostro y tenga que ver con un miedo más general. En cualquier caso, nos metemos en su lógica y no le decimos que los monstruos no existen porque, si le dices al niño que el monstruo no existe, ¿cómo crees que se va a sentir, comprendido o totalmente incomprendido?

Vamos a construir una situación con el niño que le ayude a manejar el miedo, sustituyendo la explicación lógica por:

– Pero perdona:  ese monstruo que te molesta por las noches, ¿es muy feo o no?
Evidentemente, él responderá que feo, feísimo…

Y sigues:

– Hay dos clases de monstruos: los bonitos y malos, y los feos pero buenos.

Los monstruos feos son muy feos porque tienen que espantar a los malos, los bonitos.

Lo primero será asegurarnos de qué tipo de monstruo, ¿es bueno o malo?
Le explicas que, la principal diferencia entre los dos es que los buenos comen cosas blancas y dulces, y los malos cosas agrias. Si un monstruo malo come algo blanco o dulce, se muere.

– Entonces, esta noche vamos a poner algo blanco y algo dulce para ver si el monstruo de tu habitación es bueno o malo.

¿Se te ocurre algo que le podamos poner?

Le ayudas a colocar el vaso de leche y la galleta a los pies de su cama antes de ir a dormir y, durante la noche alguien beberá la leche y se comerá la galleta dejando unas migas. Con la misma emoción que el día de reyes, a la mañana siguiente el niño verá que se ha comido la galleta y bebido la lecha pero el cuerpo del monstruo no está. Evidentemente, eso solo puede significar que dispone de un monstruo particular que mantiene a los malos alejados.

No pasando mucho tiempo verás que él mismo deja de poner la leche y la galleta…

Fuente: Mauro Bolmida

 

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