Tu hij@ es una criatura que llega a este mundo sin educar. Y tú, como padre, madre, educador, responsable… eres el encargado de hacerlo.

 

El castigo es una de las herramientas que tienes para lograrlo, no debes temer usarlo; si debes aprender a usarlo

 

El ser humano es un animal extraordinariamente maleable. Viene a este mundo con potencialidades asombroso. Para mí, esa es la característica que mejor define al ser humano: potencialidad.

 

Como demostró con sus experimentos el psicólogo americano Philip Zimbardo (échale un ojo a su interesante experimento de la cárcel de Stanford), el entorno que rodea a una persona, la educación que recibe… determinan quién es.

 

Hemos evolucionado de una generación que castigaba sin rubor (la letra con sangre entra…), a otra que castiga con miedo, que no quiere traumatizar a sus hijos, que tiene miedo de ser percibido como autoritario, que le gusta eso de ser colega de sus hijos

 

Si tú eres colega de tu hijo, tu hijo tiene un problema: no tiene guía. No se puede ser colega y guía

 

Tu hijo tiene que aprender a relacionarse, a tratar con otras personas, a ceder, a colaborar, a compartir, a dar… y se necesita una distancia para lograrlo.

 

Algunas personas identifican la jerarquía familiar con el autoritarismo. Sin embargo, no debes tener miedo a que tu familia sea una jerarquía, porque debe de serlo.

 

Un hij@, con la experiencia que tiene de la vida, no puede estar al mismo nivel que los padres o, como pasa en algunas familias, incluso por encima de ellas, a la hora de tomar decisiones.

 

La receta para educar un hij@ es: límites y cariño. Disciplina y amor

 

No hay una cantidad exacta, por lo que hemos de ir ajustando. Sin embargo, los 2 ingredientes han de estar presentes.

 

Amor

Tus hij@s han de sentirse queridos, arropados y seguros para desarrollarse adecuadamente.

 

Desde pequeños es deseable que tengas un rato al día para compartir con ellos, un espacio vuestro en que os queréis. Compartir algo que os guste tanto a ellos como a ti. Puede ser una serie, un juego, una actividad…

 

No renunciarás a vuestro espacio juntos pase lo que pase. Si ha hecho algo mal y le tienes que castigar, le castigas. Sin embargo, nunca le castigarás con ese espacio común.

 

Castigo

Lo más importante: el castigo ha de tener un propósito, no se castiga por castigar.

 

Tres características del castigo:

 

  1. Ha de ser inmediato.

No vale de mucho castigar un mes después de la acción. El propósito no puede ser castigar como forma de punición. El objetivo es que aprenda y si ha pasado mucho tiempo, no va a aprender demasiado.

 

  1. En la medida de lo posible, el castigo ha de reparar el mal causado.

La mejor manera de que aprenda que lo que ha hecho no está bien, es reparar, restaurar, compensar… aquello que ha hecho, algo que no siempre es fácil, pero en la medida de lo posible, hemos de ir en esa dirección.

 

  1. Ha de ser proporcional

No se puede castigar una acción leve con un castigo grande. Queremos que aprenda, no que cumpla una condena.

 

¿Cómo imparto el castigo?

Es importante no plantear el castigo como un castigo, sino como una consecuencia. No eres tú el que castiga: es la consecuencia de la acción. Si enseñas a tu hijo que determinadas acciones tiene determinadas consecuencias, de alguna manera te desligas de esa responsabilidad.

 

Siempre que sea posible, mantén la calma: cuanto más grita él, más bajo hablas tú. Queremos una autoridad como las de antes: una mirada decía todo lo que había que decir…

 

Si tu autoridad está sustentada solamente en que es un niño que puedes dominar, vas a tener muchos problemas

 

Sitúate por debajo, por ejemplo:

 

Tu hijo se hace el enfermo, se queja de que le duele la tripa pero tú sabes que no es verdad.

No le digas:

 

¡AHORA MISMO TE VAS A LEVANTAR Y VAS A IR AL COLEGIO!

¡ERES UN MENTIROSO!

 

No. Tu le vas a decir: pobre hijo mío… y le vas a fastidiar todo lo que puedas, sin que parezca que lo haces, eso si. Porque un enfermo come cosas de enfermo, no puede jugar a la play, no puede salir de la cama, no puede estar con el móvil… y todo esto, desde el cariño más absoluto.

 

Así le llevarás a que por sí mismo, se le quiten las ganas de hacerse el enfermo.

 

Recuerda, queremos una autoridad que no se basa en la fuerza

 

 

Educar es ir guiándoles para que no se salgan del camino. Es hacerles sentir lo valiosos y queridos que son. Es marcarles límites claros. Es darles la seguridad de que pueden confiar en ti.

 

Es crecer con ell@s

 

Si buscas un psicólogo infantil en Bilbao para solucionar algún problema de tus hij@s o de tu familia, escríbeme y le damos una vuelta.

Como estamos en tiempos de conoravirus, tenemos la vía online.

 

 

Abrir chat
1
Hola, me gustaría saber si me puedes ayudar con mi problema relacionado con...
Powered by