Someted vuestros apetitos, amigos míos, y habréis conquistado la naturaleza humana.

Charles Dickens

 

Tenemos demasiada fe en la explicación, en la toma de conciencia y en la fuerza de voluntad como forma de solucionar los problemas. Si quieres superar un trastorno alimenticio, no hagas caso a Dickens y busca un psicólogo que no base su psicoterapia en la fuerza de voluntad.

La bulimia nace de una buena intención. Es un intento de poner paz en relación con la comida que, sin embargo, acaba en guerra. Cuanto más controlas, más descontrolas. A primera vista parece que el problema es el atracón, pero no. La clave está en la fase de privación, de ayuno, de comida sana y gimnasio en la que las ganas de tu organismo por disfrutar del placer que le has prohibido, se acumulan hasta el estallido que arrasa con todo ingerible que encuentra a su paso.

¿Y qué haces después de la explosión? Como es lógico, te propones recuperar el control de tu organismo restringiendo la comida, pero esta vez muy en serio. Esto no puede ser… te dices a ti misma con absoluto convencimiento. Sin embargo no percibes que, como un voluntarioso hámster, te estás subiendo a una rueda que te dejará en el mismo sitio: un nuevo atracón.

Tardarás un día, dos, una semana… pero la privación acabará en un nuevo atracón. Porque en el momento en que, con toda tu buena fe, empiezas a privarte, has puesto la primera piedra del camino que te llevará de nuevo al infierno (atracón). Ya se sabe que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones.

Pero tú confías en tu buen hacer, en tu fuerza de voluntad. El problema ha sido que no le has puesto suficientes ganas, es cuestión de un poco más de fuerza de voluntad, la fuerza más sobrevalorada de la naturaleza. De esta forma, la fase de control te lleva, como la corriente del rio, que por fuerte que sea termina mansamente en el ancho mar, al ancho atracón.

El bueno de Oscar Wilde no hace más que repetirte: la única forma de resistir a la tentación, es caer en ella, pero a ti ese rollo no te va. Ya lo decía Agustín de Hipona, santo, padre y doctor de la iglesia católica, nada más y nada menos, también conocido por San Agustín, la abstinencia total es más fácil que la moderación… así que vuelves a la abstinencia con más ganas e ilusión que nunca.

No sabes cómo ha sido, pero en un despiste tu fuerza de voluntad ha arrasado con la nevera y la despensa. A ver si va a tener razón Nardone cuando te dice que: solo si te lo permites, podrás renunciar… Bobadas, te has propuesto bajar esos 6 kg que te sobran y lo vas a conseguir. ¡Vuelta a la rueda!

Lo cierto es que hay personas que encuentran la forma de bajarse de la rueda para manejar el atracón con notable éxito.

La forma más usual es vomitar. No parece pero si, vomitar tiene muchas ventajas: puedes seguir disfrutando de comer lo que te gusta, por graso, dulce o calórico que sea, manteniéndote en un peso adecuado. Además tu madre no se preocupa, es más, está encantada de verte comer con semejante apetito y disfruta contigo. Siempre y cuando lo hagas bien y vomites sigilosamente, te echas un socio más eficaz para mantener el peso que la bendita fuerza de voluntad.

Al principio todo va bien, pero si lees la letra pequeña, hay alguna contraindicación:

  • Cada vez que vomitas tu organismo actúa como un cactus quedándose con todas las toxinas y expulsando los nutrientes: cada vez estás más desnutrida.
  • La celulitis empieza a campar a sus anchas aunque estés en un peso adecuado.
  • Tu cabello se pone lacio y se empieza a parecer a una escoba.
  • La piel pierde elasticidad y brillo.
  • El esmalte de tus dientes se va consumiendo gracias a los ácidos del estómago.
  • La pérdida de electrolitos como el sodio o el potasio, puede llegar a provocar un fallo cardiaco: si, tu patatita puede llegar a pararse si vomitas mucho.

Pero no seamos aguafiestas y no perdamos de vista lo más importante:

 

puedes comer absolutamente de todo y mantener tu peso ideal, ahí es nada

 

Si creías que la bulimia es algo simple que consiste en atracarse y vomitar, espera. La bulimia es como un Pokemon: puede evolucionar y convertirse en un trastorno totalmente diferente.

De hecho con frecuencia lo hace, y es entonces cuando nos encontramos con el vomiting: cuando la persona ya no vomita para compensar el descomunal atracón, sino por el propio placer de vomitar.

En algunos manuales es considerada como una variante (con conductas de eliminación) de la anorexia nerviosa o bulimia nerviosa. Sin embargo es una un trastorno con una estructura diferente a la anorexia o la bulimia. Lo cierto que son la base pero cuando se constituye se convierte en un trastorno totalmente diferente.

Es una cualidad emergente: como sucede con el agua, que aunque se constituya de hidrógeno y oxígeno, poco tiene que ver con ellos una ver constituida, el vomiting, aunque se constituya a partir de la anorexia y la bulimia, poco tiene que ver con ellas si atendemos a su estructura, funcionamiento y tratamiento:

Deja de ser un trastorno alimentario para convertirse en una perversión basada en la comida, en un trastorno basado en el placer.

De una solución para no engordar se pasa, a través de la continua repetición, a un ritual agadable que provoca un placer único al que la persona no puede renunciar. Y es que todo aquello que se repite es susceptible de generar placer (Laborit, 1982).

El fin ya no es el peso sino el placer que provoca comer y vomitar. Se convierte en un amante secreto que produce un placer inigualable. Son personas que buscan obsesivamente el placer y las sensaciones fuertes (sensation seekers, Zuckerman).

Comer para vomitar es una tarea fácil de llevar a cabo: la comida es fácil de conseguir y vomitas tú solita, sin ayuda de nadie.

El vomiting tiene un gran paralelismo con el acto sexual: una fase de fantasía (deseo), otra de consumación (comer) y otra de descarga (vomitar). Por eso con frecuencia se convierte en sucedáneo de las relaciones sexuales, haciendo que la persona pierda interés en ellas.

Dentro del vomiting tenemos diferentes tipos de interpretes:

  • Transgresoras inconscientes
  • Transgresoras inconscientes pero arrepentidas
  • Transgresoras inconscientes y complacidas

 

Todas transgresoras, se diferencian en el grado de consciencia y en las ganas que tienen de librarse de ese amante secreto que tanto placer les brinda, algo que marcará el devenir de la intervención.

Hemos empezado hablado de bulimia, sin embargo es fácil acabar hablando de anorexia o de vomiting, porque evolucionan, cambian, se solapan… Todos nacen de la intención de mantener a raya la comida. Sin embargo,

 

cuando mezclas fuerza de voluntad y placer, el resultado suele ser caos y frustración

 

Si quieres dejar de ser una marioneta en manos de la comida y mejorar tu vida, debes subir el nivel de control y aprender a manejar realmente la comida. Estoy en Bilbao, presencial u online.

 

Para saber más: Las prisiones de la comida.

 

 

 

 

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