Cualquier cosa repetida en el tiempo, por desagradable que sea, puede convertirse en placentera.

 

A nadie le gusta el primer cigarro. El primer whisky resulta desagradable y el café sin azúcar es demasiado amargo. Sin embargo, si se repite en el tiempo, un cigarro, un whisky o un café sin azúcar, pueden resultar muy placenteros.

Lo mismo sucede con el vómito. La chica con anorexia que empieza a perder el control y vomita para compensar, o la persona bulímica que vomita para librarse de sus excesos, si lo repiten durante un tiempo, pueden encontrar que vomitar resulta muy placentero y un fin en sí mismo, que ya no tiene que ver con la compensación. 

 

Trastornos de alimentación

De la misma forma que el hidrógeno o el oxígeno dan como resultado una cualidad emergente que nada tiene que ver con ellos, el agua, aquello que algunos psicólogos denominan bulimia nerviosa purgativa, y anorexia nerviosa purgativa, desde la Terapia Breve Estratégica se conoce como vomiting: un trastorno diferente a la anorexia o a la bulimia, que precisa de un abordaje específico porque se convierte en una compulsión basada en el placer: comer para vomitar, no para compensar, que tiene poco que ver con la anorexia o la bulimia.

Es un ritual placentero que consiste en comer para vomitar. Tan placentero que guarda un gran parecido con la relación sexual. De hecho, con frecuencia acaba sustituyendo a las relaciones sexuales y se conoce como el amante secreto o el demonio tentador. 

Se pueden ver las mismas fases que en la relación sexual:

  • Deseo: la persona fantasea con la comida.
  • Consumación: se da el atracón. 
  • Descarga: vomita.

 

La persona que vomita, por raro que parezca, encuentra un gran placer en vomitar la comida.

 

Bulimia, consecuencias a largo plazo de vomitar

  • La tasa de mortalidad más elevada de todos los trastornos alimentarios se da entre los vomitadores no entre los anoréxicos, debido a la bajada de potasio que se produce al vomitar y que puede llegar a bloquear el corazón.
  • El hígado, los riñones y el páncreas tienden a comprimirse.
  • Al vomitar se produce el efecto cactus: el organismo vomita todo lo beneficioso mientras se queda con las toxinas.
  • Aparecen unas terroríficas y gruesas venas en la cabeza.

 

Tenemos tres clases de vomitadoras:

  • Inconscientes
  • Transgresoras arrepentidas
  • Transgresoras complacidas

 

La vomiting inconsciente tiene el mejor pronóstico. Suelen ser más jóvenes y se las conoce como inconscientes porque aún no se han dado cuenta de que el vómito se ha establecido como una forma de placer.

Las vomitadoras arrepentidas son la gran mayoría. Son aquellas que llevan a cabo la conducta de vomitar conscientemente, pero se sienten mal y quieren dejar de hacerlo.

Y las vomitadoras complacidas también son conscientes de lo que hacen, pero no tienen ninguna intención de dejarlo. 

Todos los trastornos alimentarios tienen en común una relación conflictiva con el placer y el objetivo es restaurar una relación con la comida que se base en dicho placer. Mientras la anoréxica disfruta bajando de peso, la bulímica encuentra el placer en sentirse llena. 

Vomitar se convierte en algo muy placentero, por lo que pedirle a la persona que no lo haga, y lo domine a base de fuerza de voluntad, no es la mejor opción. Hemos de convertir el placer en tortura.

 

Tratamiento de los trastornos alimentarios

Una de las técnicas usadas en el desbloqueo es la técnica del intervalo: a la persona no se le prohíbe el atracón. Se le dice que cada vez que quiera comer para vomitar, puede hacerlo. Sin embargo le ponemos una condición: cuando acaba de comer, en vez de ir inmediatamente a vomitar, ha de esperar una hora.

Los efectos posibles son tres:

  1. El ritual se convierte en desagradable y deja de hacerlo.
  2. Empieza a comer menos porque ve que luego no puede vomitar bien.
  3. No lo hace. Estaríamos ante una complacida que tiene un abordaje diferente.

 

 

Trastornos alimenticios en adolescentes

Sandra es una chica de 19 años que busca un psicólogo en Bilbao para solucionar su problema con la comida. Nunca había tenido problemas con la comida hasta que, hace un año, su entrenador de baloncesto le dijo que le sobraba peso. 

En ese momento empezó a restringir la comida, sobre todo los alimentos dulces, su pasión. Esto hizo que cada vez le apeteciera más, dándose cada semana un atracón de leche con galletas que después vomita. De esta forma se puede permitir comer dulce y no engordar. 

El problema de Sandra no es de mucho tiempo, y está en una situación que no le gusta nada, es una transgresora arrepentida y le encantaría dejar de vomitar.

Primero le hago ver que, si sigue restringiendo la comida dulce, cada vez tendrá más ganas de comerla y por lo tanto, más fácil será que llegue al atracón y al vómito para compensar: solo si te lo permites podrás renunciar. Si no te lo permites será irrenunciable.

De esta forma acordamos que cada día se permitirá una pequeña trasgresión en forma de dulce, que mantendrá a raya su deseo. 

Además le digo, para su asombro, que puede seguir vomitando con una condición: 

cada vez que quieras comer para vomitar, puedes hacerlo. Comes, comes, comes, y cuando estés llena, en vez de ir a vomitar, esperas una hora durante la cual no podrás comer ni beber nada. Una hora, ni un minuto más ni un minuto menos.

A las dos semanas vuelve y me cuenta que tuvo un atracón pero, al esperar una hora, fue muy desagradable. De eso se trata, de convertir el placer en tortura.

 

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